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Alimento Diario - 9 de Marzo, 2018

  

Marzo 9

Leer Juan 13:1-17

JESÚS LAVA LOS PIES

Luego puso agua en un recipiente y comenzó a lavar los pies de los discípulos, para luego secárselos con la toalla que llevaba en la cintura. (Juan 13:5)

Debe haber sido tremendamente incómodo. Imagina por un momento: Jesucristo, tu Señor y Salvador, arrodillado delante tuyo con una vasija con agua dispuesto a lavarte los pies llenos de tierra y con olor a traspiración, luego de un largo día de caminar en sandalias. No es de extrañar que Pedro pusiera el grito en el cielo: “¡Jamás me lavarás los pies!” Y casi que podemos escuchar a los otros discípulos concordando.

Pero Jesús rápidamente lo frena: “Si no te los lavo, no tendrás parte conmigo”, le dice. Es como si le estuviera diciendo: “Si no me dejas hacerlo, no me perteneces; no estamos juntos”. Pedro se horroriza. “Entonces, Señor, lávame no solamente los pies, sino también las manos y la cabeza.”

Jesús debe haber sonreído al asegurarle a Pedro que con lavarle los pies ya era suficiente. Después de todo, quien se ha bañado ya está limpio, excepto por los pies que siempre están en contacto con la tierra del camino.

¿Cómo reaccionas tú cuando Jesús se te acerca con una vasija con agua? ¿Y yo? Dios sabe que necesito que mis pecados sean lavados. Lo necesito desesperadamente. ¿Pero tiene que ser Jesús quien lo haga, entrando en contacto con mis pecados malolientes, repugnantes y horribles? ¡Oh, no, no tú, Señor! Y una vez más él dice: “Si no me dejas hacerlo, no me perteneces”. Y al igual que Pedro, le respondo: “Está bien. Lávame totalmente”.

Y una vez más, Jesús nos dice: “El que está lavado, no necesita más que lavarse los pies, pues está todo limpio” (Juan 13:10). Quienes hemos sido bautizados pertenecemos a Jesús. Todo lo que necesitamos ahora es su perdón y limpieza diarios. Y luego agrega: “Ustedes me llaman Maestro, y Señor; y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros” (Juan 13:13-14).

Perdonemos, entonces, a quienes pecan contra nosotros, así como Dios nos ha perdonado a nosotros, por más difícil y maloliente que sea.

Oración: Querido Señor, nos resulta casi imposible perdonar a otros, así como tú nos has perdonado. Vive en nosotros y hazlo a través nuestro. Amén.

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