Alimento Diario - 6 de Marzo, 2018

  

Marzo 6

Leer Marcos 11:12-25

LA HIGUERA ESTÉRIL

Al ver de lejos una higuera con hojas, fue a ver si hallaba en ella algún higo; pero al llegar no encontró en ella más que hojas, pues no era el tiempo de los higos. (Marcos 11:13)

Este es uno de los milagros extraños del Nuevo Testamento. ¿Por qué estaría Jesús buscando frutos, si no era la época? Y cuando no encontró ninguno, ¿por qué le echó la culpa al árbol y lo maldijo? ¿Habrá tenido algo así como una ‘rabieta santa’?

En realidad, no. Las higueras comunes producen al menos dos cosechas de higos. La cosecha “breva” aparece en la primavera, junto con las primeras hojas. Podríamos decir que no es la cosecha verdadera; los higos breva no son muy ricos. Muchos ni se molestan en juntarlos, mientras que otros los arrancan para que los higos verdaderos puedan desarrollarse mejor. La cosecha principal llega más tarde y sabe mucho mejor.

Pero Jesús tenía hambre, por lo que fue en busca de higos breva, que ya deberían haber estado allí si ya había hojas, ¡y no encontró nada!

Eso fue una mala señal. Una higuera común que no produce brevas para la Pascua no va a producir higos más adelante. La falla temprana es señal de una falla futura mucho más grande. Y Jesús lo sabía. Las palabras que dijo confirmaron el desastre que se avecinaba: “¡Que nadie vuelva a comer fruto de ti!” Y en un día, la higuera estuvo muerta.

En nuestra vida también tenemos cosas como las brevas. Vivimos cada día en Jesús, creciendo en la fe y recibiendo sus dones a través de la Palabra y los Sacramentos. Pero de vez en cuando aparece el desafío: ¿estamos produciendo los frutos que muestran que Cristo vive en nosotros? ¿Tenemos higos, o sólo hojas?

Obviamente, la mayoría de los frutos que producimos son como las brevas: pequeños, casi sin gusto, de baja calidad. ¡Jesús tiene que estar muy hambriento para querer nuestros frutos! Y, sin embargo, los quiere. Y se alegra cuando encuentra un higo, aunque sea una breva, porque es una señal que el Espíritu Santo está viviendo en nosotros y haciendo la obra de Dios a través de nosotros, y muestra que pertenecemos a Jesús y que un día, cuando llegue el momento de la cosecha real, nos vamos a regocijar junto con él.

Oración: Padre, que tu Espíritu Santo me ayude a dar muchos frutos para tu gloria y bendición de quienes me rodean. Amén.

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