Alimento Diario - 28 de Marzo, 2018

  

Marzo 28

Leer Juan 19:31-37

¿ESTÁS SEGURO QUE ESTÁ MUERTO?

… uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante le brotó sangre y agua. (Juan 19:34)

Querían estar seguros que estuviera muerto. Así que uno de los soldados tomó una lanza y se la clavó a Jesús en el costado, de donde brotó sangre y agua. Eso era una buena prueba de que estaba muerto, porque la sangre no se separa en glóbulos rojos y plasma claro hasta que el cuerpo no deja de vivir. Los soldados estaban satisfechos y Pilato dejó que bajaran el cuerpo de Jesús.

En realidad, se esforzaron mucho para asegurarse que Jesús estuviera muerto y para mantenerlo muerto (por decirlo de alguna manera). Primero, la crucifixión pública. Luego, la lanza en el costado, que Juan presenció. Finalmente, el oficial sellando la tumba para asegurarse que nadie pudiera robar el cuerpo y luego decir que estaba vivo otra vez. Y, como si eso fuera poco, un soldado haciendo guardia permanente ante la entrada de la misma.

Sin embargo, ni siquiera todo eso fue efectivo. Nada fue suficiente para mantener a Jesús en la tumba. ¿Los clavos en las manos y la lanza en el costado? Jesús usó sus marcas como prueba de su identidad cuando se encontró con sus asustados discípulos luego de su resurrección. ¿El sello en la tumba? No necesitó sacar la piedra que la cerraba para poder salir, por lo que el sello bien pudo haber estado intacto todo el tiempo, al menos hasta el terremoto, cuando el ángel la movió y se sentó sobre ella.

Es que es imposible evitar que Jesús haga lo que debe hacer, incluso todavía hoy. Un par de clavos y una lanza no lo lograron. Una tumba sellada y vigilada no pudo mantenerlo dentro de ella. Tampoco puede hacerlo ni tu pecado ni el mío.

Cristo no está muerto, ni nunca más volverá a estarlo. Él viene y va según le place, perdonando y dando vida nueva a todos quienes creen en él. Tu pecado no le va a impedir amarte. Con su propia vida pagó el precio exigido para que seas perdonado. Confía en él.

Oración: Querido Dios, qué bueno es saber que nada ni nadie puede controlarte. Guárdame siempre en la seguridad de tu amparo. Amén.

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