Alimento Diario - 17 de Febrero, 2018

  

Febrero 17

Leer Juan 2:1-11

¿QUÉ HAY EN LAS TINAJAS?

En ese lugar había seis tinajas de piedra para agua, como las que usan los judíos para el rito de la purificación, cada una con capacidad de más de cincuenta litros. (Juan 2:6)

En la casa de Caná había varias tinajas con agua para lavarse. Eran bastante grandes, probablemente le llegaban a uno hasta la cintura, por lo que llenarlas de agua llevaba un tiempo. Pero una vez que estaban llenas, las necesidades de la casa quedaban satisfechas durante horas o días… aun cuando se celebrara un casamiento con muchos invitados. Tinajas como esas eran valiosas; humildes, pero muy útiles.

Y esa también es una buena descripción de nosotros, ¿no es cierto? Humildes, pero útiles. O al menos así lo deseamos. Sólo somos tinajas de piedra; no de oro o plata o decoradas con joyas, o siquiera de cobre o bronce. Sin embargo, llenas de agua (luego de mucho trabajo), útiles para tener en la casa.

No hay dudas que esas tinajas bien podrían haber servido toda su vida útil sin que nadie les prestara atención. Y así fue, al menos hasta que Jesús entró en escena.

“Llenen de agua esas tinajas”, dijo a los sirvientes. Y así lo hicieron. Hasta aquí, nada fuera de lo común. Pero luego les dice: “Ahora saquen lo que está allí, y llévenselo al catador”. ¿Qué? ¡Nadie bebe del agua para lavar! Pero obedecieron. Y ya sabemos cómo termina la historia: el agua para lavar se había convertido en el mejor vino.

¡Qué sorpresa para el novio, que sabía que en esas tinajas no debía haber vino! ¡Y qué sorpresa para nosotros cuando Jesús toma el agua aburrida de nuestra vida cotidiana, la convierte en el vino de la gracia y misericordia de Dios, y lo pasa a través nuestro a quienes lo necesitan! “¡No fuimos hechos para llevar eso!”, protestamos. “¡Eso es demasiado bueno para nosotros!” Y es cierto. Pero Jesús nos da el gran privilegio de ser los portadores de su amor a los demás.

En esta época de Cuaresma, derrama ese amor y misericordia a quienes te rodean: el amor y la misericordia que Jesús te ha mostrado, incluso desde la cruz.

Oración: Señor, lléname con tu Espíritu Santo y utilízame para que muchas personas más puedan ver tu gloria. Amén.

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