Alimento Diario - 16 de Marzo, 2018

  

Marzo 16

Leer Marcos 15:16-20

DISFRAZADO

Lo vistieron de púrpura, le colocaron una corona tejida de espinas, y comenzaron a saludarlo: “¡Salve, Rey de los judíos!” (Marcos 15:17-18)

Probablemente, la mayoría de nosotros recordamos cuando, de niños, nos gustaba disfrazarnos con la ropa de nuestros padres: los zapatos o el vestido de mamá, la corbata o el sombrero de papá, el velo de novia de nuestra hermana mayor. A todos los niños les gusta disfrazarse, y a los padres les encanta sacarles fotos.

Pero ese día no se trataba de ningún juego de disfraces, sino de varios cientos de soldados romanos jugando un juego brutal de “rey” con Jesús. A pesar de que ya estaba medio muerto por los azotes recibidos, los soldados pensaron que sería muy divertido disfrazarlo con mantos reales: un manto de color púrpura que probablemente pertenecía a un soldado holgazán que no había guardado su equipo correctamente, una rama en vez de un cetro, ¿y por qué no una corona de espinas en vez de una corona de oro?

Y se burlaron y postraron delante de él, proclamándolo rey. Le quitaron de su mano el cetro falso y con él le golpearon en la cabeza. Ninguno de ellos se dio cuenta que tenían en sus manos al Rey verdadero: el Rey de los judíos, el Rey de los cielos y de la tierra. Ninguno de ellos se dio cuenta que, si él quería, tenía a su disposición huestes de ángeles. Ninguno de ellos se dio cuenta que el disfraz era real.

¡Por supuesto que lo era! Y tanto ellos como nosotros, estaremos delante del trono de Jesús cuando regrese en gloria. Entonces la adoración no será una burla, sino real. Será hecha con amor y no con odio, con alegría y no con terror. Porque ese Rey a quien los seres humanos disfrazamos y abusamos ese día es, ciertamente, nuestro salvador Jesús, el mismo Dios que vino a reclamarnos del poder del diablo.

Jesús tomó nuestro lugar en la muerte y en la tumba, para que podamos recibir su perdón y ocupar el lugar que él nos ofrece como hijos suyos. Y ahora que se ha levantado de los muertos, nos viste con sus propias ropas santas y dignas de un rey, como hijos del Señor.

Oración: Rey y salvador mío, gracias por todo lo que has hecho por mí. Ayúdame a comprenderlo y recordarlo cada momento de mi vida. Amén.

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