Alimento Diario - 14 de Marzo, 2018

  

Marzo 14

Leer Marcos 14:53-55

QUEMADO

Allí se quedó, sentado con los alguaciles y calentándose junto al fuego. (Marcos 14:54)

No debería ser tan difícil encontrar un lugar donde sentarse, ¿no es cierto? La vida de Jesús estaba siendo juzgada en la casa del sumo sacerdote y Pedro buscaba un lugar desde donde poder ver lo que le sucedería. Pero no se animaba a acercarse mucho por temor a que alguien lo reconociera como uno de sus discípulos y también lo arrestara.

Por lo que Pedro se quedó en el patio afuera del salón principal, donde estaba oscuro y hacía frío. Pedro estaba temblando. Los guardias que habían arrestado a Jesús también tenían frío, por lo que hicieron un fuego y se sentaron alrededor de él. Pedro se les unió para calentarse.

¡Ay, Pedro! ¿Tienes que sentarte entre los enemigos de Jesús sólo para calentarte? Estaba convencido que podía pasar desapercibido entre las sombras. Pero el fuego no sólo da calor, sino también luz. Y pronto, una joven sirvienta lo vio y lo acusó: “¡Éste es uno de ellos! Pedro volvió a negarlo. Pero poco después los que estaban allí volvieron a decirle: “La verdad es que eres uno de ellos, pues eres galileo.” (Marcos 14:69-70). 

Ya conocemos el resto de la historia. ¡Cuánto se debe haber arrepentido Pedro de haberse sentado con los enemigos de Jesús!

Pero nosotros hacemos lo mismo, ¿o no? Durante el almuerzo, cuando nos sentamos con compañeros de trabajo o de estudio que están hablando mal de alguien. O en una reunión, cuando alguien sugiere una forma de burlar el sistema y hacer más dinero. O durante una campaña política, cuando la multitud fanática aplaude políticas que dañan a “mis hermanos más pequeños” (ver Mateo 25:40).

Podríamos abrir la boca. Podríamos decir algo. Pero tenemos miedo. No queremos que nos crucifiquen. Y así nos ponemos a la misma altura de los enemigos de Jesús y negamos a nuestro Señor. ¿Será que tenemos alguna esperanza?

Sólo la misma esperanza que tuvo Pedro: que Jesús sufrió por nosotros y dio su vida tanto por amigos incrédulos, como por enemigos. Sabemos que él va a recibir nuestros pecados con su perdón y la muerte en nuestro corazón con vida nueva. Jesús puede hacerlo porque ya murió y resucitó por nosotros.

Oración: Señor, derrama tu luz en mi vida. Ayúdame a discernir las cosas, lugares y personas de los cuales debo apartarme para poder servirte y honrarte en todo momento. Amén.

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