Susurros Nocturnos - 28 de Septiembre, 2016

Sep 28 Consigna para guerreros

VICTORIA

Josué 1:18 

“Cualquiera que se rebele contra tus palabras o que no obedezca lo que tú ordenes, será condenado a muerte. Pero tú, ¡sé fuerte y valiente!”

Consigna para guerreros

Fue Russell Crowe en el papel del General Maximus, en la película Gladiador de Ridley Scott, el que acuñó la frase “fortaleza y honor.” Una consigna para los guerreros, eso es seguro, apelando tanto a hombres como a mujeres, convocando a los sentidos y deseos para ambos, sin importar el costo. “Fortaleza y honor.” Me gusta eso.

Sin embargo, las victorias y la gloria de Maximus se tornan insignificantes cuando son comparadas con aquellas del General Josué. En nuestro versículo de hoy, de labios de los líderes de las dos y media tribus ya asentadas en el lado Este del Jordán mirando hacia el sol naciente, encontramos referencias de lo que yo diría son las consignas de los guerreros de Dios: “Fortaleza y valor.”

Pablo, como un preámbulo al tiempo que ‘vestía’ a los cristianos con la armadura de Dios, comienza por animarnos a “ser fuertes.” Ser cristiano no es cosa fácil. En este lado del cielo, no es un llamado a flojear, no es un llamado a la comodidad, no es un llamado al descanso, es un llamado a una batalla cruenta y con gran derrame de sangre. Es un llamado al más violento de los conflictos, es un llamado al choque de armas, es un llamado a la conquista. Un llamado como ese enfrentará resistencia, y con suma ferocidad, también será atacado. Con razón Pablo comienza los preparativos de su batalla con un “¡sean fuertes!” Resistan, esfuércense, soporten, logren, energicen sus cuerpos, sean inamovibles, “¡sean fuertes!” Recuéstense en el huracán si es necesario, rechinen sus dientes y gruñan, pero hagan lo que hagan, no retrocedan, no corran, “¡sean fuertes!” Debemos considerar esta exhortación, porque amigos les digo, en verdad estamos en una batalla de grandes proporciones donde los riesgos son mucho más altos de lo que podamos jamás concebir. Para permanecer de pie ante tal ataque necesitarán ser fuertes y además, necesitarán mucho valor.

La palabra inglesa para “valor” tiene sus raíces en la vieja palabra francesa “coeur”, que es “corazón”. El valor es un asunto del corazón. Si han de permanecer de pie y ser fuertes frente al rostro de la ferocidad, entonces deben tener valor, firmeza interior, fortaleza arraigada, determinación apremiante, tenacidad terrible, una resistencia estridente que le brame al enemigo y se atreva a mantener sus propios dientes en terrible exposición.

Yo creo, firmemente, que llegará el día en que levantemos nuestras mangas y mostremos nuestras cicatrices y digamos, “esta me la hice cuando...” o “esta sucedió mientras...” o quizá, “esta es para recordarme que...” Porque me pregunto si aquellos que aspiran a ser verdaderos generales de Dios, tal como Su supremo comandante, el Salvador Bendito Jesucristo el Señor, Rey de Reyes, Príncipe de la Paz y Dios sobre todo, ¡caminarán con Él en las calles del cielo llevando insignias de valor, e incluso todas las marcas de sus propias participaciones en conquistas, batallas y victorias!

Oh Cristiano, el Espíritu Santo está diciéndote hoy, “¡Prepárate! Porque en tres días atravesarás este Jordán. ¡Sólo sé fuerte y muy valiente!”

Reflexiona: “Así que tú, hijo mío, fortalécete por la gracia que tenemos en Cristo Jesús... Comparte nuestros sufrimientos, como buen soldado de Cristo Jesús. Ningún soldado que quiera agradar a su superior se enreda en cuestiones civiles...Así que todo lo soporto por el bien de los elegidos, para que también ellos alcancen la gloriosa y eterna salvación que tenemos en Cristo Jesús. Este mensaje es digno de crédito: Si morimos con él, también viviremos con él; si resistimos, también reinaremos con él.” 2 Timoteo 2:1-12 

Ora: Señor, oro porque me des un corazón recto como el de la Reina Ester; que me libres de la falta de determinación y me dés una como la del rey Joás; que me bendigas con un brazo como el de Elías, con la fuerza ciega de Sansón, la astucia de Jael, la sabiduría de Josué, la visión de Moisés, la boca de Pedro; con los amorosos brazos de Juan, el valor de ‘los treinta’ y la dedicación de ‘los tres’. Oh Dios, ¡ruego que al final yo sea muy pero muy fiel a Ti! Amén.

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