Susurros Nocturnos - 28 de Febrero, 2016

Feb 28 ¿Son las jorobas difíciles de abrazar y cuánto importa el tamaño?

DELEITE

¿Son las jorobas difíciles de abrazar y cuánto importa el tamaño?

Apocalipsis 4:11

“Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder, porque Tú creaste todas las cosas; por Tu voluntad existen y fueron creadas.” NVI 

Cuanto más viejo me vuelvo y a medida que adquiero más experiencia sobre el cristianismo, más atractivos me resultan esa botella de vino y ese libro de poesía en la ribera del mar. No es que lo apruebe, sin embargo, comprendo por qué cada vez más personas dejan de asistir a la iglesia en su expresión moderna. Hoy me encuentro nuevamente preguntando a Dios “¿Qué impulsa a todas las maquinaciones de grandiosidad y cuál es la razón para toda esta locura?” Recuerdo las palabras de un cristiano famoso del Reino Unido: ¿Qué es un hombre sin influencia?”

La influencia de un hombre en el cristianismo se mide por el tamaño: El tamaño de su cuenta bancaria, el de la cuenta de los medios de comunicación y el de su iglesia. Estas son pruebas aceptadas de la bendición y de la presencia de Dios. Dicho tamaño no solo significa poder, sino también conexiones deseosas de participar en la bendición y una multitud de asociaciones que te rascarán la espalda. Todo esto implica que el hombre con influencia tiene acceso a una multitud de corrientes de comunicación influyentes (Libros, DVDs, Radio, Televisión, Revistas, Periódicos, etc., etc.) y a su vez, que tanto el hombre como su mensaje serán vistos y escuchados por las masas. 

En comparación con la amplia mayoría de los cristianos en todo el mundo, estas ‘brillantes estrellas de influencia’ son tan pocos que se cuentan con los dedos de una mano y, sin embargo, la mayoría de los ministerios y ministros desean ardientemente poseer semejante ‘influencia’ y, como si siguieran a cualquier otro gurú de los negocios, comparan sus métodos y a ellos mismos a ese éxito comprobado, pues se han formulado la pregunta “¿Qué es un hombre sin influencia?”, y la respuesta que recibieron del cristianismo volvió a ellos fuerte y clara: “Nada”.

Ese deseo de influencia es un cáncer en la iglesia y cuando lo utilizamos para medir nuestro éxito cristiano, nos empequeñecemos. Sin embargo, el propósito de nuestro ser es, esencialmente, agradar a Dios. Escucha esto: Existen criaturas que se arrastran en las profundidades del mar y danzan en lo profundo vistiendo una luz química y centelleante. Quizá suceda que en el corazón de una selva tropical, en su rincón más oscuro, se encuentre una flor maravillosa floreciendo en esplendor y majestad ocultos al ojo humano. Nadie las ha visto, sin embargo, todas ellas cumplen su propósito porque agradan al Dios que las creó, y Él las ve. Así es, su existencia oculta a los ojos del hombre no ha disminuido su propósito principal de agradar a Dios. Jock McKinley tiene 66 años. Nunca se casó, básicamente por su escoliosis (¡las jorobas son difíciles de abrazar!). Fue tímido toda su vida y sus únicos tres placeres han sido un amigo con el que jugaba ajedrez algunos jueves por la noche, comer pescado con papas fritas con su papá algunos viernes y, dos veces los domingos, una gran camaradería con los maduros integrantes de su pequeña iglesia bautista a punto de desaparecer, nada más una docena de cabezas grises, todos ellos raspando la barrera de sus ochentas. El año pasado el papá de Jock sufrió una embolia y quedó paralizado del cuello hacia abajo. Jock, el jorobado, lo ha alimentado, bañado, vestido; le ha leído a diario y casi no ha dejado su lado desde entonces. Cada noche duerme en una cama inflable en el cuarto de su padre. Éste ha de partir de este mundo en breve, y Jock lo seguirá, seguramente, abrumado por el dolor. Él no tiene “influencia”. Sin embargo, todos los días durante 66 años, este escocés jorobado y desconocido, aun dentro de su soledad, ha sido una flor hermosa en la selva de Dios, una criatura danzante que seguramente ha deleitado a Dios. Jock ha agradado a Dios.

La única pregunta que me formulo diariamente y por la cual vivo mi vida es la siguiente: ¿Obedezco a Dios e influyo en Su sonrisa? ¿Agrado a Dios? Nada más importa. ¡Nada! Pues el hombre que no genera efecto alguno en el rostro de Dios y Le trae satisfacción y deleite, no es nada, ni nadie; así es, no es más que una estrella fugaz pasando como un rayo a través de los cielos para desaparecer en un abrir y cerrar de ojos.

Por eso te pregunto esta noche: ¿Qué es un hombre si no agrada a Su padre? Te digo más, si tienes esta clase de influencia, estás cumpliendo tu propósito. Haz pues que este sea el impulso de tu ambición; sí, deja que la locura momentánea de la iglesia actual pase a tu lado y tú quédate en paz, tú gran hombre de Dios, pues tu Padre se deleita en las flores oculta de la selva oscura y sonríe ante las criaturas danzantes de lo profundo; así es, Dios abraza al jorobado y al hacer esto, endereza todo lo torcido.

El que tenga oídos para oír, que oiga. 

Reflexiona:- El que me envió está conmigo; [Mi Padre] no me ha dejado solo, porque siempre hago lo que le agrada. Juan 8:29 

Ora: - Padre, endereza todos mis lugares torcidos, y ayúdame a vivir para agradarte. Amén y que así sea.

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