Susurros Nocturnos - 27 de Septiembre, 2015

 

Sep 27 Labios ‘gordos’

ARREPIÉNTETE

Mateo 11:19 

Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: Éste es un glotón y un borracho, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores.

Labios ‘gordos’

Las Escrituras no parecen decirnos qué significa tener sobrepeso. Incluso el libro de Levítico no tiene medidas, no tiene la proporción de altura y peso para que nosotros podamos calcular esto, o incluso y quizá especialmente, para arrepentirnos de este pecado. Ya está, lo hice. He hecho la conexión entre estar gordo y pecar. Ahora, en este momento se están sintiendo realmente mal, tal vez incluso enojados, pero por favor, permítanme continuar ya que deseo terminar esta tontería y luego aclararla correctamente.

En el Antiguo Testamento, ser gordo y la gordura o grosura eran signos de bendiciones evidentes. El pueblo de Dios podía comer de la grosura de la tierra, ¡inclusive para que ellos mismos se deleitaran en la gordura! Escuchen a Isaac pronunciando la bendición: “Dios pues, te dé del rocío del cielo y de las grosuras de la tierra...” Génesis 27:28. Entonces, coincidimos en que un poco de grasa nunca lastimó a nadie ¡y además sabe tan rica!

Yo me alimento bien. Como azúcar, sal y grasas cada día. Yo disfruto de la comida. ¡Me deleito comiendo! En mi opinión, la vida es algo más que la comida, pero sin el placer que ésta brinda, ¡estaría bastante disminuida! Yo como, en realidad, cinco o seis veces por día. En verdad, eso fuerza a mi metabolismo a trabajar y quemo más calorías. Sí, la mayoría de esas comidas son altas en proteínas, pero algunas de ellas son sólo mermelada empacada en carbohidratos. Yo no puedo funcionar sin esos carbohidratos... simplemente, ¡los adoro!

Yo no tengo sobrepeso amigos. Bueno, ¡no demasiado! Bueno ¡tal vez un poquito! La verdad es que he llegado, por observación e investigación, a conocer mi cuerpo. Yo sé cómo reacciono, en términos de energía y peso, a la comida que estoy ingiriendo en relación con la labor que estoy haciendo. Es una rutina muy simple: Primero, me peso todas las mañanas y tomo lo que para mí son algunas medidas clave alrededor de mi abdomen. Luego me alimento con cualquier cosa, asegurándome de que la combinación entre lo que quiero y lo que necesito esté bien. A mi entender, si yo subo de peso y mi cintura no se expande mucho, entonces estoy incrementando mi masa muscular. (¡Puedes seguir comiendo muchacho!) En cambio, si subo de peso y mi cintura también aumenta, entonces necesito modificar el tipo de nutrición que estoy ingiriendo. Comer menos, tal vez, pero sobre todo, comer diferente. Realmente simple ¿no lo creen así? Pruébenlo, y prueben el tratar de conocerse a ustedes mismos.

Ya en serio, en realidad, no es tan simple. Deben comenzar por amarse, respetarse y honrarse a ustedes mismos, antes de que puedan tomarse el tiempo para conocerse. Si ustedes no se aman u honran, entonces tal vez ese es el pecado. Como muchos de ustedes, yo tengo una terrible imagen de mi cuerpo. Sin embargo, elijo honrarme a mí mismo. Ustedes deben hacer lo mismo, empezando hoy. Arrepiéntanse de este pecado de desatención personal y comiencen a amarse y a respetarse a ustedes mismos. ¿Que cómo comienzan a hacer esto con la comida? Bueno, en el Reino Unido, “la barras grandes de chocolate están a punto de ser guillotinadas” porque la Federación de Alimentos y Bebidas quiere enviar un mensaje a los consumidores para que coman con moderación. Ahí lo tienen. ¡Por qué no comenzar a honrarse a ustedes mismos con un poco de moderación! Lo opuesto de moderación es, por supuesto, glotonería; y la glotonería no es sólo una pequeña palabra que se pega, es un pecado grande y gordo. En verdad, la glotonería en cualquier cosa, es cualquier acción desenfrenada o excesiva. El excesivo desenfreno de cualquier cosa, y especialmente el consumo excesivo y desenfrenado de alimentos, es un pecado.

Ahora, antes de que salgan a toda velocidad en la dirección incorrecta, recordemos a Jesús. En verdad, por Su disfrute de la vida y Su asociación con aquellos que vivían en un exceso irrestricto, Él Mismo cayó bajo las acusaciones de los puritanos, de los “relajados de Sión”, o si prefieren, los de los labios ‘gordos’ o arrogantes, quienes comentaron sobre Su estilo de vida diciendo, “El Hijo del Hombre vino comiendo y bebiendo” y continuaban, “Miren, un glotón y un borracho, ¡un amigo de los cobradores de impuestos y pecadores!” ¡Mmm! Parece que a quienes debiéramos llamar verdaderamente ‘gordos’ son a los que tienen bocas terriblemente arrogantes!

Ahora recuerden estos tres pecados:

Primero: Mientras disfrutas completamente de la vida y te deleitas en los dones del Dios Altísimo, si no te amas y te honras a ti mismo, estás pecando.

Segundo: Si hay algo que estás haciendo en forma excesiva o desenfrenada, entonces estás cometiendo el pecado de glotonería, y ello requiere arrepentimiento.

Tercero: Finalmente, y lo más perturbador, puedo decir que si estás cómodamente sentado en tu éxito egoísta, del tipo que este sea, juzgando a los pequeños y los que son menos, entonces yo me pregunto, sin importar cuán flaco o guapo seas, si no serás tú uno de los hombres ‘gordos’ de las Escrituras; de esos, los verdaderos pecadores, cuyos corazones arrogantes son los maliciosos portavoces de los gordos bocas-grandes.

¡Ustedes, los de corazones engrosados... ahora tienen un pecado del cual arrepentirse!

Reflexiona: “Han cerrado su insensible corazón, y profieren insolencias con su boca.” Salmos 17:10

Ora: Señor, perdona mi boca arrogante y mi insolente corazón egocéntrico. Ayúdame a traer amor, honor y salud a éste, Tu templo del Espíritu Santo. En el nombre de Jesús. Amén.

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