Susurros Nocturnos - 23 de Julio, 2016

Jul 23 Cuando los marcianos invadieron Nueva Jersey

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Lucas 19:41-43

Cuando se acercaba a Jerusalén, Jesús vio la ciudad y lloró por ella. Dijo: ¡Cómo quisiera que hoy supieras lo que te puede traer paz! Pero eso ahora está oculto a tus ojos. Te sobrevendrán días en que tus enemigos levantarán un muro y te rodearán, y te encerrarán por todos lados.

Cuando los marcianos invadieron Nueva Jersey

En la víspera del Día de los Muertos de 1938, Orson Wells transmitió la obra de HG Wells, La guerra de los mundos, en formato tipo noticiero. Muchas personas que estaban escuchando su radio, realmente creyeron que los marcianos habían aterrizado y que gran parte de la Costa Este había sido destruida. Más de un millón de personas tomaron las calles, presas del pánico, e inundaron las líneas telefónicas de todas las organizaciones de apoyo, desde las de los bomberos hasta las del gobierno, con llamadas frenéticas en las que pedían consejo y ayuda. ¡Soprendente, ¿no?! 

¿Por qué tanta gente creyó que los marcianos estaban invadiendo? La producción e interpretación radial de la obra fueron evidentemente muy contemporáneas y realistas; sin embargo, el realismo de la obra no fue el problema. Después de todo, si sabes que es una obra, pues puedes disfrutar del drama y sentir un poco de temor al mismo tiempo, ¿no? Quiero decir, ¡incluso la cantidad justa de adrenalina, así sea pequeña, ya es una experiencia vigorizante! No, la raíz del problema fue simple. Muchas, muchas personas se habían perdido los créditos iniciales y habían sintonizado la radio cuando la obra ya iba a medio camino. ¡Eso es todo! Sencillamente se habían perdido los créditos iniciales. 

Jesús se dirige a Jerusalén. Jesús se acerca. Jesús llora al ver anticipadamente a Tito llegando con sus legiones romanas en el año 70 d. C., tan sólo 40 años después de su propia crucifixión. Jesús llora al ver más de un millón de judíos asesinados brutalmente, al ver la gran ciudad desolada y en ruinas, con su templo destruido. Jesús se dirige a Jerusalén. Jesús se acerca. Jesús llora. 

Los judíos habían olvidado, los judíos habían malinterpretado, los judíos habían cambiado, los judíos habían rechazado los créditos iniciales de la Palabra de Dios, claramente vistos y oídos en el Nuevo Testamento en persona, en el Nuevo Pacto que caminaba con sus dos piernas delante de ellos. Sí... aunque durante tres años completos el drama Divino se desarrollaría con toda su gloria delante de ellos y llenaría las ondas sonoras de Israel para que todos conocieran de Jesús, ¡aun así no entenderían! ¿Por qué? Bueno, porque habían rechazado los créditos iniciales de la llegada del Hijo de Dios. Sí... aunque semejante emisión de palabras de poder limpiaría al leproso, restablecería al pródigo, amaría al cojo, liberaría al cautivo, daría la vista al ciego y sacudiría el vino viejo con tanta fuerza que los oídos destapados harían que las bocas de los hombres reventaran en alabanzas al Dios Altísimo; aunque estos créditos encarnados ocultarían el sol, oscurecerían los cielos, harían sollozar y suspirar al tiempo al amante, ese desperdicio o rechazo de los créditos que se referían al Salvador, harían que el drama llegara pero no acertara a sus corazones de piedra ni a sus oídos llenos de mugre. Los judíos no entendieron la historia. Por eso Jesús llora y dice: “Si al menos hubieses conocido en este tu día, lo que te traería paz”. Sí... me pregunto si Jesús hoy en día se acerca con la misma pasión y el mismo amor desesperado a muchos de ustedes, y llora delante de sus puertas con estas mismas palabras inolvidables: “Si al menos hubieses conocido en este tu día, lo que te traería paz”. 

Entonces les aconsejo el día de hoy que le pidan a Dios que les cuente Su historia, la historia que Él tiene para ustedes. Y que le pidan directamente a Él que los conduzca hacia Sus créditos iniciales, los que hablan de ustedes y de Él, de Su plan y propósito para sus vidas, y tal vez más importante, de Su deleite en ustedes, de modo que puedan conocer y abrazar al Salvador cuando se acerque a su Jerusalén. En la quietud de su corazón, tal vez el sollozo que escuchen sea el de Jesús... No tengan miedo ni salgan corriendo: los marcianos no han venido. Pero Dios sí. Piensen en ello. 

Reflexiona: “Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes. ¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Ustedes los inconstantes, purifiquen su corazón! Reconozcan sus miserias, lloren y laméntense. Que su risa se convierta en llanto, y su alegría en tristeza. Humíllense delante del Señor, y él los exaltará.” Santiago 4:8-10 

Ora: Cuéntame Tu historia, oh Hijo de Dios. Cuéntame Tu historia, oh Hijo del hombre. Amén y amén. 

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