Susurros Nocturnos - 22 de Marzo, 2016

Mar 22 Poniendo la correa a Cástor y Pólux

VICTORIA 

Poniendo la correa a Cástor y Pólux

Hechos 28:1-6

Una vez a salvo, nos enteramos de que la isla se llamaba Malta. Los isleños nos trataron con toda clase de atenciones. Encendieron una fogata y nos invitaron a acercarnos, porque estaba lloviendo y hacía frío. Sucedió que Pablo recogió un montón de leña y la estaba echando al fuego, cuando una víbora que huía del calor se le prendió en la mano. Al ver la serpiente colgada de la mano de Pablo, los isleños se pusieron a comentar entre sí: “Sin duda este hombre es un asesino, pues aunque se salvó del mar, la justicia divina no va a consentir que siga con vida.” Pero Pablo sacudió la mano y la serpiente cayó en el fuego, y él no sufrió ningún daño. La gente esperaba que se hinchara o cayera muerto de repente, pero después de esperar un buen rato y ver que nada extraño le sucedía, cambiaron de parecer y decían que era un dios. NVI 

Pablo es prisionero y va camino a Roma. Su prisión acuática, ese barco zarandeado que hace las veces de prisión, ha enfrentado hace muy poco una terrible tempestad, y Pablo, que ha escapado a la muerte a bordo del casco regado de sal y cubierto de desperdicios, se ha estrellado junto con el barco en las negras rocas de las costas de Malta. El diablo ha estado trabajando aquí y aún no ha terminado. 

Justo cuando crees que el enemigo ha disparado su última bala, la mayoría de las veces sobreviene un terrible giro al final de la película que ya parecía tener un final feliz. Así es la vida y la vida del trabajador cristiano y obediente en particular. Si se me permite, también deseo decir que esta serpiente de fuego es también una imagen del mismísimo diablo mordiendo las manos del mensajero de Dios que viene en calidad de prisionero. Sí, viene empapado de una salvación presente, completamente despojado de los bienes de este mundo y en camino a su juicio. Estos mensajeros del Altísimo siempre serán atacados con maldad, repetidamente y desde todos los ángulos, y sus cuerpos al igual que su guardarropa, su vida familiar y su cuenta bancaria, mostrarán esas marcas del ataque. Desconfíen de los así llamados apóstoles elegantes y bien vestidos. Miren bajo los gorros de esas viejas recostadas en sus camas, esa vacas gordas de Basán, y seguramente encontrarán colmillos: “¡Para comerte mejor, querida!”

El diablo es implacable y también debemos serlo nosotros. En nuestro versículo hay cuatro grandes imágenes para nosotros:

Primero, el apóstol se sobresalta ante el ataque sorpresivo, mientras el diablo se aferra a eso que, seguramente, será utilizado para bendecir a tantos. ¡Qué les parece! Lo que el diablo teme, ataca. Se aferra a lo que traerá bendición y a la bendición misma para envenenarla y atrofiarla. No se sorprendan por un ataque con doble hilera de colmillos, ¡especialmente cuando ustedes comienzan a agitar las aguas! 

Segundo, vean la respuesta del apóstol. Él se la sacude. Igual que en Lucas 9:5 donde el mensajero rechazado se sacude el polvo de sus pies, se lo quita de manera vigorosa y lo devuelve a la tierra con movimientos irritados que persiguen una clara intención, también se sacude a la serpiente, no hacia la tierra donde podría atacarlo a él o a otros, no hacia el mar para que se ahogue pues esa sentencia no se repetirá, sino que se la sacude y la arroja al fuego, a donde la serpiente beligerante pertenece legítimamente. Y así cada mensajero de Dios lidiará con los serpentinos ataques del enemigo.

Tercero, vean ahora la bendición que llegó a través de esas manos hincadas por los colmillos. El Gran Jefe Publio, ardiendo en fiebre por una disentería sangrante, es sanado y junto con él, muchos otros de la isla quienes se acercaron para ser sanados. 

Cuarto, vean cómo todas esas cosas tan necesarias y que fueran perdidas en la tormenta les fueron restituidas por personas agradecidas y sanadas.

Y quinto, vean cómo Cástor y Pólux, los Gemelos del inframundo son amarrados como perros para arrastrar el trineo acuático de Pablo hacia su destino divino.

Hoy les digo mis queridos amigos: ¡SEAN IMPLACABLES! 

Reflexiona:- El padre de Publio estaba en cama, enfermo con fiebre y disentería. Pablo entró a verlo y, después de orar, le impuso las manos y lo sanó. Como consecuencia de esto, los demás enfermos de la isla también acudían y eran sanados. Nos colmaron de muchas atenciones y nos proveyeron de todo lo necesario para el viaje. Al cabo de tres meses en la isla, zarpamos en un barco que había invernado allí. Era una nave de Alejandría que tenía por insignia a los dioses Dióscuros (Castor y Pólux)… Cuando llegamos a Roma, a Pablo se le permitió tener su domicilio particular, con un soldado que lo custodiara. Hechos 28:8-12,16 NVI 

Ora: -  Padre, conviértenos a todos en agitadores y hombres de acción, en intrépidos hacedores de historia al término de estos días de fuego y relámpagos. Amén y amén. 

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