Susurros Nocturnos - 21 de Noviembre, 2016

Nov 21 La verdad en ruinas

ETERNIDAD 

>Job 3:14

... entre reyes y consejeros de este mundo, que construyeron ruinas para sí mismos.

La verdad en ruinas

El antecedente de nuestro versículo de hoy es el juicio y prueba extremos de Job. En este punto de la narración, luego de permanecer sentado en sufrimiento silencioso y en lamento comunitario con sus buenos amigos durante siete días y siete noches enteras, Job finalmente abre su boca maldiciendo el día en que nació y deseando estar muerto. Él se encuentra completamente desanimado y sin esperanza. Muchos de ustedes dirán ahora, “¡he estado allí, he hecho eso, vi la película, compré la playera!”

He observado que a menudo, en nuestros fuertes estados de depresión y sufrimiento, hablamos con palabras extremas sobre nuestras observaciones y conclusiones. Son o aseveraciones certeras y precisas, que quizá una “esperanza y un deseo” vivientes habían vestido de posibilidad, o ¡son sólo mentiras autocompasivas! Esta observación específica de Job, sin embargo, no es ninguna de esas cosas.

Sus palabras concluyen con una declaración de apoyo acordado y universal. En otras palabras, esta verdad se sostiene por sí misma, nadie la refutará. No es sólo su depresión y su desánimo los que hablan, no, ¡es la verdad! Reyes y consejeros pueden construir para ellos reinos e imperios y adornarlos con centelleantes diamantes, en palacios de invierno o de verano, pero al final, sólo construyen ruinas para ellos mismos.

Como mínimo, esto debiera sacudirnos para motivarnos a reenfocar nuestra mirada. Mientras escribo hoy, recuerdo que las bibliotecas están llenas de miles y miles de libros olvidados. Como también los muertos son traídos de guerras y depositados en la tierra, recuerdo que incluso el Cementerio de Arlington fue, alguna vez, una casa para los vivos y que ahora cuenta más de un cuarto de millón de muertos y, sin lugar a dudas, su propiedad se expandirá aún más allá. Algunos de estos cuerpos olvidados aún hoy permanecen en sepulturas y tumbas sin nombre, pero no hay problema, pues en el final nadie recordará incluso a aquellos que, una vez amados y conocidos, aunque sí tienen su nombre en la tierra, todas sus propiedades mundanas dejadas atrás, vastas o minúsculas, serán poseídas por los sueños de alguien más y serán comidos por el progreso consumista de alguien más, hasta que ellos mismos se vuelvan en el final, como aquellos: ¡idos y nunca recordados! Debemos recordar que cada uno de nosotros que construya en este mundo, está construyendo ruinas para sí mismo. Es bastante deprimente ¿no es cierto?

Y así debe ser. Se requiere de incontables repeticiones para que podamos hacer entrar en nuestras duras cabezas que ¡esto no es todo! La materia es la ilusión más real que jamás encontrarán. Tomen un pedazo de madera y golpéense en la cabeza con él y ¡‘pum’! Lo sentirán real. Sin embargo, atrápenlo en una fotografía secuencial a través de los años y vean cómo se desintegra. Arrójenlo al fuego y vean cómo se quema, presénteselo a algunas termitas y vean cómo lo mastican y convierten en polvo. ¿Comprenden lo que les digo? Queridos amigos, ¿qué sacarán de estas cosas y de la verdad en ruinas que Job les deja hoy? ¿Cómo decidirán vivir, entonces? ¿Sobre qué y qué es lo que van a construir hoy?

Reflexiona: “Según la gracia que Dios me ha dado, yo, como maestro constructor, eché los cimientos, y otro construye sobre ellos. Pero cada uno tenga cuidado de cómo construye, porque nadie puede poner un fundamento diferente del que ya está puesto, que es Jesucristo. Si alguien construye sobre este fundamento, ya sea con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno y paja, su obra se mostrará tal cual es, pues el día del juicio la dejará al descubierto. El fuego la dará a conocer, y pondrá a prueba la calidad del trabajo de cada uno. Si lo que alguien ha construido permanece, recibirá su recompensa, pero si su obra es consumida por las llamas, él sufrirá pérdida. Será salvo, pero como quien pasa por el fuego.” 1ª Corintios 3:10-15

Ora: Señor, ayúdame a ‘construir’ obras duraderas en el cielo. Enséñame a buscar tesoros verdaderos porque no todo lo que veo relucir, es oro. Enséñame lo que es verdaderamente un precioso diamante ante Tus ojos, porque las cosas brillantes que yo codicio, ahora sé que no duran por siempre. Te lo pido en el nombre de Jesús. ¡Amén!

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