Susurros Nocturnos - 2 de Abril, 2016

Apr 2 La fundación única de las iglesias

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La fundación única de las iglesias

Juan 1:1-2

En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba con Dios en el principio. NVI 

Mateo comienza a relatar la historia de Dios hecho carne, enumerando Su larga genealogía terrenal. Marcos simplemente llama a Jesús: el Hijo de Dios, y su narración en el evangelio aparece como ‘el principio de las buenas nuevas proclamadas por los profetas de antaño’. El Dr. Lucas inicia su informe con los temas de la familia inmediata de Jesús y procede al desarrollo de aquellos temas consumados con anterioridad; la lectura de este informe me recuerda a una prescripción de farmacia donde no falta ningún ingrediente, todos están probados y son correctos, acompañado de la correspondiente información sobre la dosis. ¡Ah!, pero el querido Juan, cual musculoso clavadista de clase mundial que a nada teme, con un movimiento brusco hace a un lado su pulcra toalla de algodón y se para en la cima de las rocas de la eternidad y desde esas montañas sin edad, rápidamente se acerca al borde de la orilla del tiempo y con un vistazo rápido, retiene la respiración y se arroja hacia el vórtice del infinito, y al hacerlo dibuja un corte limpio sobre la superficie de las aguas expectantes del punto de inicio temporal de todas las cosas materiales. “En el principio…”

Previo a los filosos bordes de la eternidad que lastiman los pies y previo a la zambullida de cabeza, Juan nombra el objeto de su discurso amoroso: ‘El Verbo’. Aquí encontramos el título principal del Hijo de Dios: ‘El Verbo’. Esta es la declaración del Dios no visto; el eco que enmarca las inmensurables distancias del espacio vacío, frío y negro; el susurro tentador en las frías mañanas de todos nuestros Adullams; el espejo del Todopoderoso; el misterioso, refulgente y palpitante corazón de Dios, el Padre manifiesto desde antes de Su creación. ‘El Verbo’; El Logos; El que era antes del principio y era con Dios como presencia preeminente de la creación. ‘El Verbo’ era ‘con’ Dios antes de la creación; ‘de’ Dios, y más aún, ‘en relación cercana y directa con’ Dios; sí, el Verbo era Dios. 

La doctrina de la Trinidad es el centro de la revelación de Dios. El Cristianismo es Trinitario y sin esta doctrina, sin la revelación del Dios trino en uno solo, esa gran narración sobre la caída del hombre y su subsiguiente redención por la sangre derramada del Hijo de Dios, se convierte simplemente en el apagado sonido producido por el globo rojo de un niño pequeño al desinflarse cuando la fiesta de Navidad culmina, donde la gelatina está aguada, el helado derretido y Santa Clós tiene una cucaracha en su barba ¡además de que su aliento huele a que se la ha estado pasando de fiesta en fiesta! Si Jesús no es Dios, entonces, nada en el Cristianismo está bien. 

Este es el Verbo quien con el aliento de Su boca sopló estrellas hacia el espacio exterior. (Salmos 33:6) Este es el Verbo quien con el aliento de Su boca sopló sanidad hacia el espacio interior. (Salmos 107:20) Este es el Verbo quien firmó Su nombre en las patentes de un billón de soles diferentes. (Salmos 119:89) Este es el Verbo cuya voz guía y controla las poderosas y milenarias tormentas de los sistemas meteorológicos de nuestro gigante y rojo vecino, y luego estira el brazo y toca nuestras pequeñas narices mojadas y rosadas con la ternura fría y delicada de los copos de nieve que caen silenciosamente. (Salmos 147:15-18) Jesús no es simplemente el medio por el cual se expresa el Altísimo, ÉL ES EL ALTÍSIMO. “El Verbo… era Dios”.

Cristiano, la Trinidad es una verdad manifestada en los 66 Libros de la Santa Biblia y esta verdad sobre Jesús como el mismísimo Dios ha sido atacada encarnizadamente por dos mil años. Esta verdad será atacada una vez más y con vehemencia. Sin embargo, aun así, Jesús es Dios, ¡póstrate y adórale! 

Reflexiona:- ¡Señor mío y Dios mío! –exclamó Tomás. –Porque me has visto has creído, -le dijo Jesús-; dichosos los que no han visto y sin embargo creen. Jesús hizo muchas otras señales milagrosas en presencia de sus discípulos, las cuales no están registradas en este libro. Pero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer en su nombre tengan vida. Juan 20:28-31 NVI 

Ora: -  He aquí el que aquieta todas las tormentas, el que calma todos los mares. El Conquistador de las furiosas huestes de quien la oscuridad huye. Capitán, Maestro, Verbo de Dios, Luz de nuestros caminos lavados con Su sangre, con gran gozo cantaremos Tus alabanzas por toda la eternidad. Amén y amén.

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