Susurros Nocturnos - 18 de Septiembre, 2016

Sep 18 Haciendo llover

FE 

Mateo 12:13

Entonces le dijo al hombre: Extiende la mano. Así que la extendió y le quedó restablecida, tan sana como la otra.

Haciendo llover

Oliver Sacks, en su libro El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, cuenta la historia clínica de “Madeleine J” una mujer ciega de el nacimiento y con parálisis cerebral congénita, cuya familia la había cuidado en su casa durante toda su vida. Sacks cuenta que, “Madeleine habló libre y elocuentemente, revelando ser una mujer altamente espiritual de excepcional inteligencia y conocimientos literarios.” Él asumió que esta mujer ciega había aprendido tanto, por haber utilizando el sistema Braille. En una indagación más profunda, su respuesta reveló que ella realizó la mayoría de sus lecturas a través de otras personas, esto es, mediante escuchar audios. Sus manos no podían sostener un libro o cambiar la página, eran, tal como ella lo dijo, “inútiles protuberancias de masa, olvidadas por Dios, que ni siquiera parecen ser parte de mí.” Sacks, aparentemente estaba sorprendido de escuchar esto, dado que la parálisis cerebral raramente afectaba las manos, y además de eso, los exámenes revelaron que su capacidad sensorial estaba completamente intacta. ¡Sin embargo, Madeleine J. no podía reconocer nada con sus manos!

La teoría de Sacks para esta severa incapacidad era simple: ella había sido tratada como bebé y protegida tanto, durante toda su vida, ¡que esto le había impedido desarrollar un par de manos normales! Madeleine J tenía sensaciones elementales perfectas en sus manos, pero era incapaz de integrar esas sensaciones con la percepción. Él se preguntaba si ahora que ella tenía 60 años de edad, este desarrollo normal podría aún ser estimulado.

Las instrucciones que dio a las asistentes de enfermería fueron que, sin ser crueles por supuesto, lograran que Madeleine J. sostuviese su propia comida. ¡Por supuesto, ella no podía hacerlo y entonces en muchas, muchísimas ocasiones, ella se quedó con hambre! Sin embargo un día, impaciente y hambrienta, ella finalmente extendió su mano y tomó un panecillo y comenzó a comer. En menos de un año, eso dije, menos de un año, sus ahora vivas y curiosas manos la convirtieron en la famosa “escultora ciega de San Benedicto”, nombre con el que la conocieron en toda la localidad. El aprendizaje tardío de esta mujer con discapacidad severa, reveló una sensibilidad artística asombrosa. Lo aletargado y lo malogrado ahora florecían fantásticamente.

En nuestro versículo de hoy, la mano del hombre sanado por el Señor, ¡fue instantánea y perfectamente curada! En un instante, este hombre desesperado ¡podía ahora apreciar completamente y tener el uso completo de su extremidad restaurada! ¡Maravilloso! ¡Simplemente maravilloso! En contraste, quisiera decir que millones de nosotros nos reunimos en el Sabbath ¡con las manos marchitas y en peores condiciones de las que las manos de este hombre jamás estuvieron! Como Pastor, una de mis principales observaciones es sobre nuestra severa incapacidad para extender la mano y asirnos de la bondad de Dios. Esto necesita sólo de una fe elemental, así y todo, el Cristiano promedio sufre de una desconexión masiva entre conocimiento, percepción y sensación, que la incapacidad de “descansar y poseer” una fe verdadera se marca en nosotros con manos marchitas y vacío de todo tipo. ¡Oh sí que lo hace!

Para nuestra gran consternación, Dios no nos tratará como bebés. Él nos tendrá completos y no discapacitados. En multitud de circunstancias difíciles y embarazosas Él viene a nosotros, los marchitos y los maltrechos, diciendo “¡Extiende tus manos!” Mientras hacemos esto, sentimos gran dolor, pero si Dios es bueno con nosotros, si Dios es bueno con nosotros amigos, Él hará las cosas, consistentemente tan difíciles para nosotros, que tendremos que continuar tendiendo las manos hasta que una santa integridad se manifieste en nuestras manos.

Amados de Dios, estoy convencido de que mientras nosotros, los lisiados, conectamos percepción con sensibilidad, los artistas, los escritores, los constructores, los guerreros, los cuidadores, los amorosos, los sanadores, los ayudantes y una multitud de maravillosamente íntegros y enérgicos cristianos serán liberados a su destino y afuera en el mundo de los necesitados. Por eso, en el nombre de Jesús, les digo a muchos de ustedes hoy, “¡Oigan lisiados, extiendan sus manos!”

Reflexiona: “Y la séptima vez el criado le informó: Desde el mar viene subiendo una nube. Es tan pequeña como una mano!” 1ª Reyes 18:44

Ora: Señor, cuando la efectiva y ferviente oración del justo Elías ganó altura en los cielos, fue la séptima vez. Fue una plegaria persistente en el alcance, fuerte y dilatada, la que formó la nube del tamaño de la mano de un hombre, que a su vez, inundó la tierra y la liberó de una sequía de 3 años. Así que, con nosotros Oh Señor, forma nuestras manos al tiempo que estiramos nuestros corazones hacia Ti; ven a descargar los húmedos cielos de Tú bendición sobre nosotros. En el poderoso nombre de Jesús l. pedimos, ¡Amén!

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