Susurros Nocturnos - 13 de Octubre, 2015

 

Oct 13 Llenado, enmarcado y empacado

PERCIBIR

Proverbios 25:11

Como manzanas de oro con incrustaciones de plata, son las palabras dichas a tiempo.

Llenado, enmarcado y empacado

Por supuesto que hay muchos más, pero imaginen hoy a cuatro medios de comunicación. No solamente instrucción, no solamente descripción, sino comunicación. ¿Saben? Algo que está enmarcado y empacado de tal forma que cada mirada es una revelación desplegada; cada sonido, una invitación crispada y expectante; cada inhalación, un suspiro placentero y dispuesto; cada toque de la figura de aquello que está aún por ser revelado, una visión de un deseo secreto escondido detrás de papel, plástico, o algún tipo de caja brillante con forma rara.

¡Los mensajes pueden ser así de excitantes! El viernes, cuando salía con prisa de mi departamento la vi: Arrugada, junto a mis llaves, en un trozo de papel blanco rasgado, una nota de mi esposa, escrita con un bolígrafo que, obviamente, no funcionaba adecuadamente. “No te olvides de traer un poco de té. Te quiero.” Una nota apresurada de “¡aquella que debe ser obedecida!” Instructiva y cariñosa.

El sábado era una lista. Esta vez, escrita en una tarjeta blanca con un buen bolígrafo. Obviamente, esta segunda comunicación contenía información que precisaba ser comprendida: “Ve a la tienda de blancos. Sobre la US-1, toma a la izquierda en Sheridan, luego a la derecha en Oakwood Plaza, al lado de Home Depot, una tienda con un cartel rojo llamada Anna’s Linens; trae un par de cortinas, color dorado, ¡NO AMARILLO! de 1.93 x 1.16 metros, de las que están en oferta. No vuelvas a casa con nada distinto. Te amo. Besos.”

El lunes el mensaje venía en caja. Llegó de pasada en su camino a la iglesia: Una bandeja de chocolates para los dos. Ella no podía quedarse porque las obligaciones del día la impulsaban, como una fuerte corriente subterránea, de vuelta a la ajetreada autopista. Con todo y eso, se hizo un tiempo para venir y entregar el hermoso paquete. No había nota. ¡Esa era la nota! Chocolate de color negro intenso, con un sabor delicioso, empacado en una caja con forma de cofre de tesoro y envuelto con un lazo de un color brillante. Quitamos la tapa y olimos los aromas contenidos. Olvidando lo que ya estaba en el microondas, contemplamos los chocolates, todos con colores brillantes como vestidos para desfile, alineados en resplandeciente orden, esperando para ser comidos, y luego de (mmhhh, déjenme pensar, ¡debe haber sido una cuarta parte de fracción de segundo!), empezamos a arrancar el papel aluminio y ¡a devorarlos! Nos habíamos estado sintiendo un poco presionados, un poco olvidados, un poco inseguros sobre qué estaba pasando a esta altura del juego, cuando de repente nuestro Dios nos envía la más fina caja de chocolates, cuidadosamente seleccionados en el cielo, especialmente para nosotros. La caja decía, “Te amo”, decía, “No te he olvidado”, decía, “Siéntate, relájate un poco, sube tus pies, disfruta. Yo valoro tu vida y lo que tú haces”... ¡Me gusta esta tercer forma de comunicación!

El martes el mensaje fue enviado. Los chocolates sólo duran un tiempo, amigos, pero a través de ellos, mi ‘enamorado’ ya tenía mi atención. Hoy “mi verdadero amor” me dio una montaña de frutas exóticas. ¡Era enorme! La levanté y mis pequeños bíceps se hincharon por el peso. Un gran tazón de caoba y en su centro había una piña grande, de un verde extraño; su rígida melena, que más bien parecía una copa de árbol, estaba llena de fresas rojas, deliciosas, de esas que te hacen agua la boca, colgando delicadamente sobre un mar de manzanas, naranjas, preciosas peras y mangos maravillosos; toda la escultura viviente, estaba embellecida con uvas rebosantes y rodeada de una aureola de bananas doradas, cuidadosamente envuelta y revestida en papel celofán brillante y asegurada con un lazo, color amarillo que asemejaba a una colita, y que decía “no te he olvidado”. La bolsa de diseñador color rosa que lo acompañaba, estaba llena de comida, principalmente de carne de los más finos cortes...y mucha.

Nosotros plantamos iglesias. Somos gente misionera, insensata, preocupada y temerosa. Cuando caminamos por la sala esperando la llegada del nuevo bebé, la ansiedad nos colma. ¿Vivirá? ¿Será saludable? ¿Cómo será? ¿Seremos capaces de apoyarlo? ¿Qué vamos a hacer? ¿Dónde está el resto de la familia? ¿Dónde estás, Señor, en todo esto? Y mientras nosotros nos preocupamos y esperamos, trabajamos y nos preguntamos, Dios nos envía algunas palabras. No telegramas confusos. No instrucciones tediosas. Tampoco descripciones lastimosas, sino manzanas de oro, con ilustraciones de plata. Él nos dice, “Te amo. ¡Tranquilízate!” Nos dice, “¡Mucha fruta!” Nos dice, “¡Más de la que puedes cargar!” Y sigue, “¡Toda de diferentes variedades!” “¡Provisión, los mejores cortes, de sabor delicado... ¡Todo es para tí!” Y luego añade, “Disfrútalo” ...

Hoy, estoy predicándome a mí mismo, fortaleciéndome y dándome valor con estas palabras preciosas y alentadoras: ¡Estas ‘manzanas de oro’ con ilustraciones de plata!

Reflexiona: Y la palabra del SEÑOR vino a mí por segunda vez, y me dijo: ¿Qué es lo que ves?” Jeremías 1:13

Ora: Señor, ¡ayúdame a recibir y a entender Tus palabras de vida! Amén.

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