Susurros Nocturnos - 12 de Octubre, 2016

Oct 12 Negociando con ‘Dicea’

JUSTICIA

Hechos 28:3-4 

Sucedió que Pablo recogió un montón de leña y la estaba echando al fuego, cuando una víbora que huía del calor se le prendió en la mano. Al ver la serpiente colgada de la mano de Pablo, los isleños se pusieron a comentar entre sí: Sin duda este hombre es un asesino, pues aunque se salvó del mar, la justicia divina no va a consentir que siga con vida.

Negociando con ‘Dicea’

En la zona Sur de mi tierra natal, el condado de Cornwall une su escarpada línea costera rocosa con el Canal de la Mancha y el océano Atlántico. No hace mucho tiempo, estas mismas costas accidentadas eran utilizadas por los “provocadores de naufragios”: Ladrones, truhanes y asesinos que, por medio de engaños y usando faroles de navegación, atraían a viejos barcos de madera (que llevaban grandes cargamentos de mercaderías importadas) hacia los acantilados. Los buques desintegrados, reducidos a astillas y aplastados por las olas, devolvían a los marineros sobrevivientes y medio ahogados, sólo para que fueran asesinados sin misericordia en las playas. La mercadería mojada y recuperada de entre las olas era agrupada por estas sabandijas, dividida con rapidez, acomodada y almacenada. Era un comercio macabro.

En el caso del apóstol Pablo, no fueron los ‘provocadores de naufragios’ los que lo arrastraron hacia las costas paganas, sino Dios. A menudo me pregunto ¿por qué Dios no tiene mejores formas de comunicación que ballenas que vomitan y barcos naufragados? Enfrentémoslo. ¡Las formas de Dios son realmente raras! Me pregunto si es solamente la neblina de la guerra espiritual y el rugir de los cañones estruendosos los que pueden dar cuenta de tales dificultades en la misión.

Dios ya le había prometido a Pablo que toda la tripulación sería rescatada de las olas y, milagrosamente, así fue. La multitud expectante y atónita, al tiempo que recuperaba lo que podía de la carga colisionada, miraba con incredulidad el milagro de estos sobrevivientes. Ninguno perdido en esta terrible tormenta. Ni uno solo. ¡Era increíble! ¡Era contrario a todas las probabilidades! ¡Aún así, miren! Uno de ellos no ha escapado a la Diosa de la justicia, “Dicea”, ella lo tiene ahora, aunque él ha escapado a las olas.

En la mitología griega, ‘Dicea’, una de las tres ‘Horas’, era conocida por velar por la administración de justicia, especialmente a los asesinos. La serpiente que colgaba de la mano de Pablo parecía indicar, para los griegos que observaban, su persecución de venganza. La palabra que hemos traducido como “Justicia” en nuestro versículo de hoy, es en realidad, el nombre de esta Diosa: Dicea.

Los espectadores, por supuesto, no habían comprendido lo que estaba sucediendo aquí. No obstante, es importante hacer notar que, al igual que nosotros, ellos sabían, buscaban y esperaban justicia en la tierra. No importa cuán lejos corras, no importa a dónde escapes, Dicea –justicia- tarde o temprano te atrapará. Más aún, hoy, hemos resumido esto en una frase muy moderna, “Todo lo que sube, tiene que bajar”. Es lo mismo. Esperamos la administración de justicia. Aún sobre nosotros mismos. En nuestras pesadillas, sabemos que el terrible trío de la venganza, la retribución y la justicia son los jinetes de la oscuridad que siguen los talones de todos nuestros crímenes. Con nuestra terminología moderna y nuestro entendimiento engañoso hemos diluido la tremenda fuerza de esta copa espumante. Y aún así, todos sabemos en nuestros corazones que, al final, la justicia será administrada. Ninguno escapará.

Amigos, puede haber un cierto consuelo en el hecho de que las personas que nos han hecho agravios indecibles no escaparán el juicio de Dios, pero debemos recordar lo siguiente: a menos que busquemos refugio en la roca, que es Cristo y en la ciudad de Dios, los cascos de los caballos de estos jinetes de la oscuridad, un día, nos arrollarán bajo sus pies galopantes. Así es que..¡busquémosle!

Reflexiona: “Mía es la venganza; yo pagaré. A su debido tiempo, su pie resbalará. Se apresura su desastre, y el día del juicio se avecina.” Deuteronomio 32:35

Ora: Yo sé oh Dios, que Tú te ocupas de todas las cosas. Jesús, Juez justo de toda la tierra, ten misericordia de mí hoy. Que sólo Tu sangre sea mi segura defensa contra las acusaciones del enemigo y oh Dios, que la misericordia y la gracia se hallen en cantidades abundantes en mi campamento. Amén.

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