Susurros Nocturnos - 11 de Noviembre, 2016

Nov 11 Una llama ardiente

AMOR 

1 Corintios 13:3

… y si entregase mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me sirve. 

Una llama ardiente

En Inglaterra, bajo el reinado de la Reina Isabel I, varios Católicos Romanos sufrieron la muerte por motivos de traición. Previamente, bajo el reinado de María, Reina de Escocia, no menos de 288 personas fueron quemadas en la hoguera por motivos relacionados con su fe.

Cuando el apóstol Pablo escribió estas líneas es improbable que, hasta ese momento, algún Cristiano hubiera sufrido este destino ardiente; aunque el Emperador Nerón pronto iluminaría sus jardines con Cristianos ardiendo, impregnados en brea y prendidos fuego. A través de los siglos, decenas de miles entrarían en el cielo por esa misma ruta. No soy digno de comentar sobre ellos; la crueldad y brutalidad de tal destino mueven a mi mente a un silencio aturdidor.

Habiendo visto algunos de los hechos, veamos ahora el versículo. El apóstol Pablo no está usando aquí un truco literario para decir algo. Él está, ante la contemplación horrorosa y terminal de una muerte cruel, apuntando a lo primordial, a la necesidad de amar verdaderamente. Esta frase final desentraña ese elemento clave, el cual es la única verdadera fuerza conducente y vara final con la cual vamos a ser medidos todos: El amor.

El amor que es desinteresado, que se enfoca en otros, que anhela en su interior, tremendamente bondadoso, en oración pidiendo que los hombres se acerquen al Salvador. El amor, ese que no falla, que todo lo tolera, que todo lo cree y que es implacable en la esperanza de mejores cosas con respecto al objeto al cual se entrega. Amor que no busca venganza por la pérdida. Por la pérdida del prestigio, la pérdida de bienes, la pérdida del cónyuge, la pérdida de los hijos, la pérdida de la dignidad, la pérdida de la vida. Amor sereno, amor humilde; amor cuyos pensamientos e intenciones son siempre puros.

Dejemos de jugar juegos y lloremos ante estas llamas ardientes, añorando poseerlas, añorando que sean avivadas en nuestros corazones. ¡Imaginen cómo podrían ser cambiados una familia, una iglesia, una comunidad, una nación o el mundo, por un amor como el que se nos describe! Las cosas no serían lo mismo jamás, ¿no es así?

Amigos, sea lo que sea por lo que hoy están viviendo, o muriendo, asegúrense de poseer amor, y también de que el amor sea una realidad en ustedes.

Reflexiona: “De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros.” Juan 13:35

Ora: Señor, en conmoción y sobrecogimiento me poso ante el versículo de hoy, con temor de orar, con temor de pedir que me sea enseñado amar de esa manera, incapaz de, en mi viejo yo, vivir de tal manera. Así que Espíritu Santo, libera al hombre escondido en mi corazón y levanta al hombre nuevo, incorruptible, para que pueda experimentar hoy tu poder. Amén.

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