Encuentro con Jesús - 29/30 de Enero, 2011

Enero 29/30, 2011 SALMO 5.11, 12 El otro día, mientras caminaba por una tienda, estornudé y un caballero que estaba cerca ofreció la respuesta típica que se dice en los Estados Unidos: "Que Dios le bendiga". Esto me hizo pensar en lo que significa en realidad esta expresión común y corriente —una petición de favor divino—, y en las diferentes maneras como podemos bendecir a los demás.

Primero, podemos bendecir a las personas orando por ellas, y debemos ser específicos al traer tales peticiones al Señor. Las peticiones generales como: "bendícelo, por favor", puede convertirse en rutinaria y carente de significado. Además, las súplicas con mayores detalles pueden aportar respuestas más reconocibles. E imagine cómo serán alentados los demás cuando vean que nos preocupamos lo suficiente como para orar reflexivamente, y que a Dios le importó lo suficiente para conceder la petición.

Segundo, podemos pedir el favor de Dios en circunstancias y situaciones. Por supuesto, Él responderá únicamente si éstas tienen su aprobación. Por ejemplo, es correcto orar por la presencia del Señor en un servicio de la iglesia, y pedirle que toque a los presentes.

Tercero, podemos bendecir a Dios. Hacemos esto al expresar nuestra alabanza y acción de gracias por su carácter y por lo que Él ha hecho (Sal 104.1). Lo bendecimos también por medio de nuestra obediencia, servicio y deseo de agradarle. Cuando le damos el primer lugar en nuestras vidas, Él es honrado.

Al desear las bendiciones divinas, ¿por qué no aplicar la regla de oro como una motivación para bendecir a otros —incluyendo a Dios mismo— por medio de la oración y el servicio? Primero, podemos bendecir a las personas orando por ellas.  

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