Aventuras en la Historia Sagrada - La Semana del 8 de Octubre

Dios Sabe...Cuando Me Han Dejado Fuera - Parte 1
¡Jesús se había aparecido a Cleofás y a su amigo! Ellos corrieron a Jerusalén a contar su experiencia a los discípulos. "Simplemente, no podemos creerlo," dijeron algunos que dudaban. De pronto, una persona conocida se puso de pie entre ellos y dijo, "La paz sea con ustedes." ¡Todos se asustaron!
 
Jesús entendió que los discípulos temían que Él fuera un fantasma, y les dijo, "He aquí mis manos y mis pies. Sientan y vean, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como yo." Para convencerlos aun más, Jesús les pidió algo de comer. Al verlo comer, ellos se llenaron de fe y gozo. ¡Estaban viendo a su Salvador resucitado!
 
Pero alguien se había quedado fuera. Por alguna razón, Tomás no estaba con los otros cuando Jesús se manifestó a los discípulos después de Su resurrección. Los demás le contaron emocionados que Jesús estaba vivo. "Lo hemos visto," le dijeron. ¡Habló con nosotros!"
 
Tomás se rehusó a creer la historia de los discípulos acerca de la resurrección de Jesús. "Al menos que yo vea en Sus manos las huellas de los clavos y ponga mi dedo en sus huellas, y mi mano en su costado," le dijo a los otros, "no creeré." Por una semana dudó la historia de los discípulos.
 
Una noche, Jesús llegó mientras Tomás y los otros discípulos estaban cenando. Sabiendo lo que Tomás estaba pensando, Jesús le habló: "Tomás, pon tu dedo aquí y mira Mis manos; pon tu mano en mi costado. Deja de dudar y cree." Tomás reconoció a Jesús. Finalmente, la prueba que necesitaba. Lleno de gozo exclamó, "¡Mi Señor y mi Dios!"
 
"Tu crees porque me has visto," dijo Jesús. "Benditos los que sin verme han creído."
 
El cielo tiene una bendición especial para los que extienden su mano hacia Jesús con fe. Si estamos dispuestos a aceptar que Jesús es nuestro Señor y Dios, encontraremos la feliz esperanza, fe y amor. Si vemos hacia la oscuridad, nuestras dudas crecerán. Nunca seremos obligados a creer en contra de nuestra voluntad. Dios nos dio libertad de escoger.
 
Cuando Tomás se sintió fuera y escéptico, pasó una semana miserable. ¡Cómo fue transformada su realidad al ver a Jesús! Mientras él se enfocaba en sí mismo, se sintió cada vez peor. Pero al voltear hacia Jesús, su Maestro y Dios, encontró el gozo de nuevo.
 
Aunque no podamos ver a Jesús en persona, podemos verlo con el ojo de la fe. Podemos acercarnos a Él estudiando su palabra y hablando con Él en oración. Y si hacemos esto, Jesús ha prometido que seremos felizmente bendecidos. 
 
 
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