Dios Sabe...Cuando Mi Fe Está Tambaleante, Parte 1 - Aventuras en la Historia Sagrada - La Semana del 22 de Mayo

Dios Sabe...Cuando Mi Fe Está Tambaleante - Parte 1
Todos tenemos fe. Tenemos fe en la electricidad, la fuerza de la gravedad y en ciertas personas. ¿Tienes fe en Dios? En los tiempos de Jesús, algunos tenían una fe creciente; algunos tenían una mezcla de fe y duda.
 
En la ciudad de Capernaúm, un hombre escuchó que Jesús estaba en Cana. Últimamente, los días eran oscuros en su hogar, pues su hijo tenía una enfermedad incurable. Los doctores lo habían desahuciado. Pero había una esperanza. Se habían esparcido las buenas nuevas acerca de los milagros maravillosos de Jesús. Así que, con fe tambaleante el hombre viajó de Capernaúm a Cana. Allí, encontró a un hombre con vestimenta sencilla, desgastada y polvorienta rodeado de una multitud. El hombre dudó que esta persona de aspecto ordinario le pudiera ayudar. Pero tragándose su orgullo, se acercó a Jesús y le suplicó que fuera a sanar a su hijo moribundo.
 
Jesús sabía que el hombre tenía dudas. "Si no viereis señales y prodigios, no creeréis," dijo Jesús. Las palabras de Jesús se centraron en la verdadera necesidad del hombre. Era un hombre egoísta. Si recibía lo que quería, entonces creería en Jesús. Es como el niño que cuestiona el amor de sus padres: "Papá, mamá si no me hacen ___ o me dan ___ entonces no creeré que me aman.
 
La Fe Reemplaza la Duda
Ahora el hombre estaba realmente preocupado. ¿Que si sus dudas le costaban la vida de su hijo? Reconociendo su impotencia, estaba listo para poner su fe en Jesús completamente. Desesperadamente, exclamó, "¡Señor desciende antes de que mi hijo muera!"
 
Jesús le dijo, "Ve, tu hijo vive." Al escuchar las palabras de Jesús, la fe del hombre se fortaleció. Se fue en paz y con gozo, creyendo en que su hijo se pondría bien.
 
Temprano a la mañana siguiente, regresó a su hogar. Los siervos salieron a recibirlo, diciendo: "¡Tu hijo vive!" Pero él no estaba sorprendido con la noticia. Él preguntó a qué hora había mejorado su hijo. "Ayer, a la hora séptima," le contestaron. Ésa era la hora exacta cuando el Sanador amoroso le había asegurado, "tu hijo vive."
 
Felizmente, el hombre se apresuró a abrazar a su hijo y dio gracias a Dios. La familia entera creyó en Jesús y se convirtieron en sus seguidores. Con gozo, contaban a otros acerca de su fe.      
 
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