Devocional para Parejas - La semana del de 15 Abril

El Poder de la Palabra

No dejen que ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino solo aquella palabra que sea buena para la edificación. Efesios 4:29

Hoy día los niños aprenden a “teclear” antes que a mecanografiar, pero cuando yo era joven, aprendíamos a mecanografiar en máquinas de escribir auténticas. En la secundaria me esforzaba en mi clase de mecanografía, pero hice un magnífico descubrimiento: Si podía digitar 60 palabras en un minuto, incluso con 15 errores, obtendría una calificación A en velocidad y una calificación F en precisión. Si se promediaban las dos, eso me daría una calificación C para la clase. Yo podría subsistir con eso.

Pero a la Sra. Whittington, mi profesora de mecanografía que ya pintaba canas, no le gustaba mi lógica. Ni mi conducta. Y un día enfrente de toda la clase—exasperada conmigo por algo que yo había hecho—me señaló con su dedo extremadamente huesudo y me dijo, “Dennis Rainey, tú nunca llegarás a nada”.

Estoy seguro de que antes de terminar el día, ella había olvidado su comentario. Pero yo nunca lo olvidé. Y cuando me gradué de la universidad, fui en carro a su casa y toqué el timbre de su puerta. Cuando salió a la puerta, le dije (de modo bondadoso), “Hola, Sra. Whittington, soy Dennis Rainey. Quería que supiese que me acabo de graduar de la universidad y me estoy preparando para ingresar en el ministerio cristiano a tiempo completo”.

En otras palabras, “Voy a llegar a ser algo, a pesar de lo que usted dijo”. ¡Estoy seguro de que se preguntaba por qué motivo había ido a su casa a decirle aquello!

Ahora, ¿debía yo haber hecho aquello? Probablemente no. Pero las palabras pueden lastimar. Penetran y dejan una profunda huella, para bien o para mal.

Por ese motivo Pablo nos instruyó para utilizar nuestras palabras para la edificación—para construir, para fortalecer, para aligerar la carga de los demás, para dar a alguien valor de acuerdo a la necesidad del momento. Él no estaba hablando de adulación, o falsa alabanza, sino sobre expresar palabras de apoyo y aliento.

Porque cuando no nos estamos edificando los unos a los otros, probablemente nos estamos derribando mutuamente.

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