Devocional para Parejas - La semana del 4 de Mayo

Empezando desde Casa

Pero ahora, ¿Qué diremos, oh Dios nuestro, después de esto? Porque nosotros hemos dejado Tus mandamientos. Esdras 9:10

Hace años en un día de primavera, me paré delante de un pequeño grupo de hombres en nuestra oficina de FamilyLife en Little Rock. Los había invitado a discutir conmigo el concepto de Reforma de la Familia en los Estados Unidos, algo que necesitábamos desesperadamente y nos sentimos llamados a iniciar en una escala mayor.

Yo escribí esas dos palabras: "Reforma de la Familia" en la pizarra. Hablamos largo y tendido sobre lo que significaban esas palabras y lo que requeriría de nosotros como campeones para el hogar y la familia. Dios sabe que nuestra nación y el mundo están llenos de fracaso en esta área. Muchos, muchos pecados e intenciones están en guerra contra la familia.

Pero después de una hora de discusión, el tono de la reunión cambió dramáticamente. Mirando esas palabras otra vez, cada uno de nosotros, uno por uno, se quedó en silencio. En lugar de imaginar todas las cosas que necesitaban ocurrir "allá afuera" en la cultura para que se produzca la Reforma de la Familia, una tarea mucho más ardua comenzó a agarrar nuestros corazones: Señor, ¿qué tiene que cambiar en mi vidapara que la Reforma de la Familia se produzca. . . en micasa?

La junta se cerró temprano ese día, no porque habíamos llegado a las grandes conclusiones, sino simplemente porque nos dimos cuenta de que todo de importancia espiritual siempre debe comenzar en un solo lugar, en el arrepentimiento individual, personal. Se determinó que reformar una familia espiritualmente es una obra que Dios tiene que hacer en cada uno de nuestros corazones y hogares.

Todavía creo que necesitamos una Reforma de Familia. He visto que esto sucede en un lugar tras otro, en un matrimonio y otro matrimonio, en una casa y otra casa. He visto a Dios resucitar matrimonios muertos, restaurando "los corazones de los padres a los hijos y los corazones de los hijos hacia los padres" (Malaquías 4:6).

¿El costo? Arrepentirnos de nuestros pecados y egoísmos. Antes de que Dios restaure, antes de que Él reconstruya y renueve, Él nos llama a arrepentirnos.

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