Devocional para Parejas - La semana del 24 de Junio

El Pan Diario

¡Oh, cuánto amo tu ley! Ella es mi meditación todo el día. Salmo 119:97

Todos nosotros estamos familiarizados con los listados de elementos nutricionales en los envases de alimentos y bebidas. La mayoría de nosotros estamos interesados en el total de calorías por porción, especialmente las calorías que proceden de las grasas buenas o malas, así como las lecturas sobre carbohidratos, azúcares y sodio. Pero mientras que esas listas informativas reguladas por el gobierno funcionan bien para los alimentos que nuestro cuerpo físico requiere, ¿qué pasaría si estuviese disponible un tipo de lista similar para evaluar el contenido espiritual de los productos que consumimos?

¿Qué pasaría si todos los programas de TV, revistas, libros, DVDs o CDs revelasen la “cantidad diaria recomendada” de las necesidades espirituales que proveen—cosas como la santidad, verdad, perdón, perseverancia, gracia, justicia y arrepentimiento? ¿Cuántos de ellos, en vez de suministrar cualquier cosa que necesitamos, mostrarían que en realidad nos agotan, nos despojan de cualquier salud espiritual que ya tengamos?

Pero existe un producto—la Biblia—que garantiza que provee la perfecta combinación de nutrición espiritual a todos los miembros de su familia. Sea que esté empacado en papel barato o en cuero de alta calidad, la Biblia viene completa con “todo lo necesario para la vida y la piedad” (2 Pedro 1:3, HCSB).

Aunque la mayoría de los cristianos de hoy declaran su profundo cariño por las Escrituras, parece que no se deleitan en ellas. El notorio investigador George Barna informó que menos de 4 de cada 10 cristianos nacidos de nuevo han leído por sí mismos la Bibliasiquiera una sola vez en una semana normal. Una encuesta similar de Vida Familiar realizada en iglesias a lo largo de los Estados Unidos reveló que dos tercios de las parejas leían o conversaban de la Biblia juntos pero sólo ocasionalmente.

Si desea una familia espiritual sana, debe asegurarse de que cada miembro consuma una dieta sana de la Palabra eterna de Dios. Es la diferencia entre una vida espiritual sana y una carente de vitalidad.

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