Susurros Nocturnos - 8 de Octubre, 2015

 

Oct 8 Tiradores

JUSTO

Romanos 13:3-4 

Porque los gobernantes no están para infundir terror a los que hacen lo bueno sino a los que hacen lo malo. ¿Quieres librarte del miedo a la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás su aprobación, pues está al servicio de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, entonces debes tener miedo. No en vano lleva la espada, pues está al servicio de Dios para impartir justicia y castigar al malhechor. 

Tiradores

Esto no era “Backwoods, Tennessee,” esto era el Condado de Broward en Florida. Y aún así, el polígono de tiro al que un buen amigo me llevó (él pertenecía al departamento del Alguacil) estaba lleno de hombres con armas de grueso calibre, disparando. ¡Tan sólo el sonido de una de estas armas era suficiente para amedrentar a cualquier asaltante, no se diga el hecho de ver el daño que el impacto causaba! Ciertamente, algunos de estos tiradores tomaban lo que hacían muy seriamente: cada tiro era examinado exhaustivamente con un telescopio de alta potencia para ver con exactitud cuán a la izquierda del centro había impactado. ¡El hecho de que estos hombres fueran a regresar a los densamente poblados, (¡y bien armados!), suburbios del Sur de Florida en vez de a una aislada cabaña de madera en las Smokey Mountains, me hizo cuestionarme un poco sobre todo este metal pesado!

Los padres del Sargento Alvin C. York eran británicos. Sin embargo, él había nacido en los Estados Unidos y era en realidad un tirador verdaderamente muy preciso, originario de Backwoods, Tennessee; un Cristiano fundamentalista, nacido de nuevo, verdadero creyente en la Biblia, que honraba a Dios, ¡y quien en otro tiempo fue un pacifista ardiente! Sin duda, algunos de ustedes recordarán la vieja y excelente película de 1941 en la que Gary “Coop” Cooper representa el papel del Héroe Estadounidense de la vida real, el Sargento York. Por que esto es, en verdad, en lo que este hombre de Backwoods, Tennessee se iba a convertir: Un héroe.

Fue en un día como hoy pero de 1918, en el bosque de Argonne en Francia, donde el entonces Cabo York y otros 15 de una patrulla norteamericana se perdieron detrás de las líneas enemigas. Esta situación desafortunada llevó a que la mitad de la patrulla, incluyendo el sargento a cargo, fueran asesinados por las fuerzas alemanas, que eran superiores. Fue York, quien con su ojo de tirador derribó al enemigo y luego dirigió la carga de los 8 sobrevientes restantes sobre las trincheras y el nido de ametralladora enemigos. Allí mató a 25 y tomó a 132 como prisioneros. Por esta acción, se le otorgó la condecoración militar más alta de la nación: la Medalla de Honor del Congreso.

¿Saben?, el Sargento York no era como esos hombres de Hollywood que llevan armas y son bocones “vagos y gritones”. No señor, él era un hombre a la antigua, de principios, íntegro. Es verdad, en sus días de juventud él era conocido por ser un rebelde bueno para nada, pero la muerte de un amigo en una pelea de bar lo detuvo en su camino, lo hizo arrodillarse y lo llevó hacia el Salvador. Se convirtió en un maestro de escuela dominical fervoroso y en el Director de canto en su iglesia local; un opositor de principios, pensante, amable y consciente. ¿Cómo fue entonces que él se encontró en la división de Infantería 82° en esta posición tan desafortunada?

Erróneamente, la película lo muestra yendo a la carga del nido de ametralladora con una pistola Luger en su mano; en realidad era una Colt 45. Sin embargo, la película muestra con mucha precisión la piadosa meditación de York, su lucha y la decisión que toma con toda seriedad de luchar por una causa que él consideraba justa. Ahí lo tienen. ¡Hoy quiero desafiarlos a ustedes y a mí mismo, al tiempo que cada uno de nosotros decide, en oración, si la causa que hemos abrazado, individualmente, localmente y, especialmente, a nivel nacional, es justa! También, cada uno de nosotros debe decidir si es correcto tomar una vida o salvar una vida. Cada uno de nosotros debe decidir.

Si nuestra causa es justa, ¿quizá, entonces, deberíamos pelear? Si nuestra causa no lo es, entonces, ¿quizá deberíamos combatir esos malos regímenes que nos hacen pelear causas injustas? El Hermano York puede enseñarnos mucho sobre lo primero, pero el Pastor y poeta alemán, el Hermano Bonhoeffer, nos enseñará más sobre lo último. Aprendan de Bonhoeffer, les va a hacer bien.

Se avecinan días difíciles para el pueblo de Dios. No nos atrevamos a eludir nuestras responsabilidades, tanto civiles como espirituales, en estos temas. El curso que Su historia tome, depende de eso.

Reflexiona: “En segundo lugar estaba Eleazar hijo de Dodó el ajojita, que también era uno de los más famosos. Estuvo con David en Pasdamín, donde los filisteos se habían reunido para la batalla. Allí había un campo sembrado de cebada y, cuando el ejército huía ante los filisteos, los oficiales se plantaron en medio del campo y lo defendieron, matando a los filisteos. Así el SEÑOR los salvó y les dio una gran victoria.” 1 Crónicas 11:12-14

Ora: Oh bendita Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que forjaron la victoria en el campo de cebada del Gólgota, ayúdennos a ser personas de principios. Ayúdennos a hacer justicia, a amar la misericordia, y a caminar con humildad junto a Ti, nuestro amado Señor. En el nombre de Jesús te lo pedimos. Amén.

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