Susurros Nocturnos - 7 de Noviembre, 2016

Nov 7 De gritos y trompetas

CANTA

Josué 6:5

Cuando todos escuchen el toque de guerra, el pueblo deberá gritar a voz en cuello. Entonces los muros de la ciudad se derrumbarán.

De gritos y trompetas

Como antiguo operador de sonar de submarino a fines de la guerra fría, pasé largos períodos de tiempo escuchando e identificando el sonido de barcos y submarinos enemigos. Aún recuerdo el sonido distintivo e inconfundible de los buques de guerra Clase K Soviéticos: dos hélices, cuatro aspas y mucha resonancia. El diseño soviético de estos buques de guerra sólidos llevaba a una resonancia acústica de estructura específica, la cual producía, para el rango de frecuencia audible de los humanos, un sonido similar al del canto. La resonancia de las aspas ponía, a estas peligrosas y grandes bestias del pasado, una voz distintiva y fuerte parecida a un grito, y sin duda su detección en la guerra fría, ¡hizo que se recargaran muchos lanzatorpedos!

En un día como hoy, en 1940, el Puente Tacoma Narrows, en el Estado de Washington, colapsó y cayó en la rugiente espuma del Estrecho de Puget. El puente colgante de 700 metros de largo, en aquel momento el tercero más largo del mundo, a pesar de haber sido construido para soportar vientos de 193 kph, colapsó sólo cuatro meses después de ser terminado y con vientos moderados de tan sólo 67 kph. El Gertie Galopante, como se le apodó, ¡cayó al otro lado de la valla! Ahora, muchos ingenieros están de acuerdo en que lo que pasó, fue que el viento comenzó a resonar con la frecuencia natural de la estructura, causando un aumento constante en la amplitud, haciendo que finalmente el puente colapsara.

La resonancia es la propiedad que la mayoría de los objetos poseen, de vibrar más fuertemente cuando son expuestos a una fuerza externa que está a la vez vibrando con la frecuencia natural del objeto. Ustedes se preguntarán, ¿y qué con eso? Bien, en nuestro versículo de hoy, algunas personas han sugerido que los gritos finales, combinados con las trompetas del ejército que silenciosamente caminó durante siete días alrededor de Jericó, fueron un ejemplo del arma acústica de Dios, ¡resonando hasta derribar las imponentes murallas de Jericó!

Yo tengo tres puntos muy sencillos para el día de hoy:

Antes que nada amigos, averigüen qué es lo que hace que su corazón cante, que resuene en su frecuencia natural y también que lo amplifique un poco. Por ejemplo, yo sé que hay actividades particulares, personas, oraciones y programas, y un montón de cosas más que me energizan y me llenan de alegría ¡y necesito estar cerca de ellas! En este sentido, cada uno de nosotros mira a nuestra frecuencia particular y encuentra diversión (sí, esa es una palabra Cristiana), nosotros encontramos diversión al movernos y vivir en esa área de excitación. Necesitamos suficiente de esto para mantenernos vivos en nuestros corazones, pero no demasiado como para ver egoístamente sólo por nosotros mismos. Piensen en ello y sean sabios.

Segundo, es interesante que las Escrituras presenten sonidos que acompañan batallas, victorias o celebraciones y festividades. Cada sonido sumamente distintivo y cada uno, absolutamente necesario. Sin lugar a dudas, estos sonidos encerrados en imágenes poéticas llevan con ellos ciertos propósitos. Sin embargo ¡me pregunto si hacen más que sólo completar la prosa! Me refiero a que, ¿podrá haber algo más? Amigos, no estoy hablando aquí de una vibración cristalina engañosa como la música new age, sólo estoy reconociendo que los gritos y las canciones, los carruajes y las trompetas, todos tienen un efecto vital, comunicativo y resonante sobre nosotros y sobre el lugar sobre el que ‘hacemos la guerra’.

Así es que déjame preguntarte hoy amigo: ¿qué es lo que estás escuchando? Me refiero a ¿qué clase de canción está resonando en tu corazón y alentándolo, calmándolo, emocionándolo y preparándolo para la batalla? Dios ha puesto una frecuencia viviendo y resonando en tu corazón y será mejor que la encuentres amigo, y que vivas en ella. ¿Cuál es tu grito?

Por último, averigua qué ‘canciones’ y ‘sonidos’ te ha robado el enemigo. Sin dudas, éstas son aquellas que él más teme, dado que derribarán sus fortalezas. Aquél que tenga oídos para oír, que oiga.

Reflexiona: “El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre. Por lo tanto, anímense unos a otros con estas palabras.” 1 Tesalonicenses 4:16-18

Ora: Ven Fuente de toda bendición, y entona mi corazón para cantar de Tu gracia; Tus corrientes de misericordia, que nunca cesan, me hacen cantar. Enséñame a cantar, cantos como los que te cantan los ángeles. ¡Alabo tu monte santo! Yo estoy pegado a él, al monte de Tu amor redentor. Oh, Salvador que cantas, Dios que levantas Tu voz, dame cantos a la medianoche y gritos en el mediodía con sol. Amén.

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