Susurros Nocturnos - 5 de Septiembre, 2016

Sep 5 Mata al camello

DA

Mata al camello

1 Timoteo 6:10

Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores.

“Si quieres una buena atención de salud, transporte confiable, una cobertura de seguros inteligente, una pensión de retiro conservadora y un techo adecuado sobre tu cabeza, entonces gente, ustedes me necesitan a mí. Amigo, la verdad es, ¡Yo soy todo lo que verdaderamente necesitas!

En este mundo, el dinero se considera a sí mismo como todo poderoso y es, al mismo tiempo, elocuente y voluptuoso en su propósito mentiroso y en su presentación. El problema es que nosotros lo creemos, y nuestras acciones son evidencia clara de nuestra adhesión a esta vil mentira vestida de virtud, y nuestras abultadas barrigas y nuestras abultadas billeteras son testigos de nuestro abrazo adúltero de esta habladuría del dinero, ¡la que habla de grandes, grandes cosas! El dinero se ha convertido en nuestro deseo; se ha convertido en nuestra esperanza; el dinero se ha convertido en nuestro proveedor y en nuestra roca de refugio...El dinero ¡se ha convertido en nuestro Dios!

La perfumada flor del capitalismo triunfante es particularmente espinosa para los Cristianos en este nuevo siglo; sin embargo, la iglesia conservadora, parece haber ignorado a este mastodonte acaparador adornado con flores, el cual se sienta pomposamente en sus bancas. En verdad, los guardianes de muchos púlpitos, simplemente, se han convertido en ¡guardianes de zoológico de esta seducción antigua y de proporciones colosales! Cualquiera que sea tu creencia política, el pensamiento popular, correcta o incorrectamente ha retratado y personificado la acumulación de las posesiones personales y la prosperidad individual como “la avaricia montada en un camello cargado de oro” el cual, dicho sea de paso ¡sigue sin poder pasar a través del ojo de ninguna aguja! ¿Por qué, entonces, seguimos nosotros en la iglesia Occidental tratando de comprimirlo para que pase? ¿Cómo es que esta enorme y carcomedora enfermedad de la avaricia, aparentemente y sorprendentemente, se ha escondido entre la comunidad Occidental de los santos?

La respuesta es, presentándose como un signo de la bendición de Dios, de la prudencia Cristiana y la sabiduría amorosa que Él provee para los suyos. Todo muy Bíblico en apariencia. Sin embargo, me pregunto si nuestra presentación, sólo en parte Bíblica, no es, de hecho, ¿dos señales de un temor creciente a un fracaso financiero y un temor de una necesidad que nos carcome el alma? Si esto es así, luego esto es un padecimiento de falta de fe bien extendido y dicho padecimiento de falta de fe plantea a los practicantes médicos espirituales locales, a los verdaderos sanadores de las almas, a los pastores de antaño, tres síntomas que se filtran:

Primero, entre los adoradores del dinero, Dios es una necesidad real de poder. Esto es, la necesidad de poseer e influenciar; de impresionar, de hacer ostentación y de controlar; de dirigir y manipular con el propósito de auto protección y auto propagación. Cuídense de este síntoma insensato de poder.

Segundo, para los adoradores del dinero, Dios representa un temor: este es el temor impulsor que lleva a precaverse de desastres futuros. La necesidad de asegurar nuestros propios bastiones del olvido. Cuídense de este síntoma de la provisión futura desmedida.

Tercero, para los adoradores del dinero, Dios representa la necesidad de poseer, simplemente por poseer.

Cuídense del control por la vía del poder de las riquezas, cuídense de no darle más importancia a la provisión que a lo personal; cuídense de la acumulación de más y más juguetes y más y más baratijas para utilizarlos como distintivos de bendición. Cuando encuentres que estos tres síntomas se manifiestan en tu iglesia, luego una plaga habrá hecho irrupción entre ustedes. ¡Libérense de las cosas y se habrán liberado de la plaga!

En otros tiempos, se llamaba idolatría a tales síntomas y a la esclavización a los objetos, y aquellos que eran marcados con dicha calamidad eran colocados fuera del campamento y ¡se los llamaba “impuros”! Hoy, parecería que éstos visten finos e inteligentes pitos y flautas Armani y lideran en una danza de avaricia, golpeando los tambores de la abundancia hasta lo más profundo de las oscuras montañas del “tengo más”. Hoy idolatramos a los idólatras.

¿Sería muy extremista decir que la única forma para tratar con la avaricia es regalar todo lo que tenemos? Si disculpan mi mezcla de metáforas, puedo decir que ¡ha llegado el momento de mirar hacia abajo y descubrir si estamos sentados en camellos de oro o en elefantes marrones y gordos, y luego cambiar de caballos!

Reflexiona: “Jesús lo miró con amor y añadió: Una sola cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme. Al oír esto, el hombre se desanimó y se fue triste porque tenía muchas riquezas.” Marcos 10:21-22

Ora: Sólo dos cosas te pido, Señor, no me las niegues antes de que muera: Aleja de mí la falsedad y la mentira; no me des pobreza ni riquezas sino sólo el pan de cada día. Porque teniendo mucho, podría desconocerte y decir: ‘¿Y quién es el Señor?’ Y teniendo poco, podría llegar a robar y deshonrar así el nombre de mi Dios. Proverbios 30:7-9

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