Susurros Nocturnos - 5 de Octubre, 2016

Oct 5 La pata de mono

ORA 

Mateo 20:22

“No saben lo que están pidiendo —les replicó Jesús—. ¿Pueden acaso beber el trago amargo de la copa que yo voy a beber y ser bautizados con el bautismo con el que yo soy bautizado?”

La pata de mono

William era de Wapping, Londres. Nacido un 8 de Septiembre de 1863, William Wymark Jacobs fue un reconocido escritor de historias humorísticas de principios del siglo XX. Sin embargo, probablemente sea más conocido por una clásica historia de terror, llamada “La Pata de Mono”, (“Monkey’s Paw”) un relato sobre las consecuencias de tentar al destino. La conclusión de la historia es esta: “¡Tengan cuidado con lo que piden!”

La historia cuenta sobre un Sargento Mayor, Morris, quien visita a la familia White luego de haber servido 20 años en la India. Mientras es el centro de atención con sus exóticos relatos sobre el país, se las arregla para venderles una pata de mono momificada, la cual se dice ha sido hechizada por un hombre santo. Esta pata le concederá a su dueño tres deseos. A pesar de que Morris les advierte que, bajo ninguna circunstancia, debían pedir los deseos, ellos lo hacen y con horribles consecuencias. La primera vez que vi esta obra tenía 11 años; y me ha perseguido desde entonces. ¡Quizá realmente deba uno tener cuidado con lo que desea!

Esto me ha puesto a pensar si debemos tener cuidado también con las cosas que pedimos a Dios. ¡Pudiera ser que nuestras peticiones, ya concedidas, nos traigan consecuencias horribles! ¿Por qué no? Después de todo, si pedimos humildad ¡tal vez Dios nos envíe a un lugar de humillación extrema! ¡Quizá esto acarree grandes pérdidas! Pérdidas en los negocios, pérdidas en la familia, pérdidas en la salud. Si pedimos por fortaleza ¡tal vez Dios nos sitúe en una tierra de gigantes donde nos veamos forzados a pelear y, así, volvernos más fuertes! Si pedimos por la capacidad de ser misericordiosos ¡tal vez Dios permita el colapso, la contradicción y las consecuencias del pecado en nuestra vida, tan terribles, que nos veamos forzados a sentarnos, a la vista de todos, empapados en vergüenza antes de ser rescatados por Su amoroso bote salvavidas! Quizá entonces, podamos ser capaces de ser misericordiosos hacia los otros. ¡Quizá no debiéramos haber pedido por esas cosas! ¡Quizá haya sido una plegaria de pata de mono! Terrorífico, ¿no?

Fue la madre de los hijos de Zebedeo quién se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y arrodillándose le pidió algo a Él. Compasivamente, Jesús fue al punto rápidamente y sin rodeos, diciendo, “¿Qué es lo que deseas?” Ella contesta, “Concédeme que estos dos hijos míos puedan sentarse en Tu reino, uno a Tu derecha y el otro a Tu izquierda”. Jesús replica, “¡Debes estar bromeando! ¿Tienes idea de lo que estás pidiendo? ¿Acaso son capaces de pasar por lo que Yo debo pasar?” Ahora, esto me gusta. Aparentemente, Jesús pone fin a esta petición improvisada y dice, “¡Oh ¿en verdad? ¿Están seguros? ¿Son capaces?” Cuidado, oh ilusa esposa e hijos insensatos de Zebedeo. Mucho cuidado. La respuesta de ellos a la pregunta de Jesús, ciertamente, ¡es de una ignorancia suprema! Entonces dijeron a Jesús “Somos capaces”. Y nosotros decimos “¡Sí, como no!” No obstante, Jesús les contesta y dice “Está bien, que así sea. En verdad, ustedes beberán de mi copa y serán bautizados con mi bautismo”. Oh queridos amigos. ¡Ahora sí que están en problemas! Suena como una plegaria de pata de mono para mí. ¡Gulp!

He notado que mi Jesús ha veces hace ‘trampa”. Porque en muchas ocasiones yo le he dicho, “Si yo hubiese sabido esto, entonces Señor, de ninguna manera...” y muchas veces Él me ha respondido, “¡y es por eso que nunca te lo dije!” El futuro, en su mayor parte, está oculto para nosotros, y yo creo que eso es porque si supiéramos lo que realmente nos espera a la vuelta de la esquina, tal vez nunca nos atreveríamos a salir de debajo de las cobijas de nuestras cálidas camitas. Recuerden eso.

Si orar a nuestro Padre es como frotar la pata de mono y es, por lo tanto, exponer nuestros deseos y anhelos ante un hacedor malvado, entonces, en verdad habitaremos una casa del horror. Porque ¿quién sabe realmente qué pedir? Sin embargo, si la oración son los deseos del Espíritu liberados desde lo más profundo de nuestros corazones, que se atreven a quebrar la superficie de nuestras vidas atribuladas y a formarse en nuestros labios, entonces sí, puede ser que nos encontremos con algunas sorpresas, sí, puede ser que no sepamos bien qué es lo que pedimos, pero todo estará bien al final. Nunca debemos abarcar más de lo que podemos apretar.

Por la gracia de Dios tenemos nuestro siguiente respiro y nuestra fortaleza para el día que se avecina, sea lo que sea que traiga. Junto a nosotros tenemos a un buen Dios que quiere hacernos bien. Estamos llamados a una fe activamente creyente. Una fe que ora sobre el horizonte, fe que cree desde los manantiales más oscuros, fe que se atreve a pedir, a buscar y a llamar. Así que, ¡adelante! ¡oren hoy a nuestro buen Dios! Oh esposa e hijos de Zebedeo, oren hoy por algo escandaloso. ¡Los desafío! No se nos ha dado una pata de mono de un hombre profano la cual producirá oraciones malditas, sino más bien, TODO se nos ha dado en Cristo, ¡de parte de un Padre benévolo y maravilloso! ¡No lo olviden!

Reflexiona: “Así que yo les digo: Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. ¿Quién de ustedes que sea padre, si su hijo le pide un pescado, le dará en cambio una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!” - Lucas 11:9-13

Ora: Señor, en todas y cada una de mis oraciones, sé que Tú serás bueno conmigo. Ayúdame pues a aventurarme en fe y a pedirte cosas grandes para Tu gloria, cuando ore a tí. Amén.

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