Susurros Nocturnos - 5 de Julio, 2016

Jul 5 El amor verdadero construye un cielo

AMOR

1 Corintios 13:4-7

El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

El amor verdadero construye un cielo

Necesitamos reconocernos, conocernos y amarnos correctamente. Creo que esto es bueno y bíblicamente correcto, y el reto que tenemos para lograrlo consiste en superar la gran paradoja, es decir la de que “el propósito del yo, ¡son los otros!”. Sin embargo, debe darnos miedo porque sabremos cuándo nos hemos amado de manera equivocada, egoísta y deshonrosa, y esto es, cuando palabras como “yo”, “mi” y “mío” aparecen pesadamente en nuestros labios. Presta atención a la manera en la que hables sobre ti mismo hoy. ¿Quién está en el centro? Amigos, recuerden: “El amor no busca lo suyo”. Es imperativo amarse a sí mismo pero no buscar lo suyo. ¿Cierto? ¿Amarte a ti mismo pero no buscar lo tuyo? ¡Ahora intenta hacer eso!

William Blake en su poema “El terrón y el guijarro”, comienza diciendo:

El amor no anhela complacerse a sí mismo
ni por sí mismo se inquieta,
en cambio al otro da sosiego,
y construye un Cielo en la desolación del Infierno.

Si en este punto tu espíritu grita en tu interior: “Ah, eso es todo muy altruista, todo muy bueno para algún filántropo adinerado, algún monje chiflado en un monasterio, alguna monja abnegada trabajando en un suburbio; pero para la mayoría de nosotros, especialmente para mí, bueno, no es realista ni alcanzable”. De hecho, si dices: “Necesito ocuparme de mí mismo, antes de poder ocuparme de los demás; después de todo, la caridad comienza en casa”, quizás es que no te estás amando de la manera correcta, sino que más bien estás paralizado por algún amor propio psicopático, servil y egoísta; porque el amor egoísta siempre es amor enfermizo.

Amigos, he visto a un gobierno paralizado por una extraordinaria dama de hierro, poner en práctica pública este amor egoísta. Durante décadas, comunidades enteras han sido aniquiladas y mutiladas por culpa de este amor egoísta, psicopático y servil. Creo que es posible que aquellas comunidades tocadas por semejante veneno nunca se recuperen de ese “amor” propio egoísta y enfermizo.

Para nosotros el día de hoy, el último verso de “El terrón y el guijarro”, de Blake, resume acertadamente los resultados de ese amor propio aislado y egoísta:

El amor sólo busca darse el gusto,
y encadenar al otro a su deleite,
se regocija con el desconsuelo ajeno,
y construye un Infierno a expensas del Cielo.

Tengan la seguridad el día de hoy de que la manera en la que se amen construirá o un cielo o un infierno en las vidas de las otras personas. Entonces, ¿a quién querrán complacer el día de hoy? ¿A ustedes mismos o a los otros? ¡Sí! Ámense a sí mismos. ¡Sí! Pero escojan con cuidado, amigos, escojan con abnegación no complacerse a sí mismos cuando se amen. ¿Lo entendieron? No se complazcan a sí mismos cuando se amen. Ahora, vayan y llévenlo a cabo en sus vidas hoy.

Reflexiona: “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará.” Mateo 16:25

Ora: Jesús, en este día ayúdame a construir el cielo en las vidas de las otras personas, amando desinteresadamente. Ayúdame a confiar en Ti, y a entregarme por completo a Ti, para poder encontrarme en Ti. Amén, Señor, y Amén.

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