Susurros Nocturnos - 4 de Enero, 2016

 

Jan 4 ¡Detengan el trabajo de los jóvenes!

REGRESA

¡Detengan el trabajo de los jóvenes!

Números 1:1-3

El SEÑOR le habló a Moisés en el desierto de Sinaí, en la Tienda de reunión, el día primero del mes segundo, en el segundo año después de que los israelitas salieron de Egipto. Le dijo: «Hagan un censo de toda la comunidad de Israel por clanes y por familias patriarcales, anotando uno por uno los nombres de todos los varones. Tú y Aarón reclutarán por escuadrones a todos los varones israelitas mayores de veinte años que sean aptos para el servicio militar. NVI.

A Dios le gusta la contabilidad. Lleva cuenta de las estrellas, de las criaturas que vuelan, e incluso del número de cabellos que tenemos en nuestras cabezas. Dios es un contador. Dios lleva el inventario. Lleva un balance de los libros y es el Logos de todas las cosas que tienen logística. Es interesante que cuando Dios cuenta a Su pueblo, aquellos que irían y pelearían por la tierra prometida, Él cuenta a los hombres y no a las mujeres y, en especial, cuenta a los hombres de más de veinte años quienes podían ir a la guerra, los aptos, en otras palabras. Ahora bien, ¿en qué momento dejas de ser apto para pelear? ¡Caleb y Josué todavía peleaban y tomaban montañas a sus ochenta años! Sin embargo, ellos son, les guste o no y por muchas razones, la excepción generacional a la norma de degeneración física. Una regla general puede ser ver la ‘edad de jubilación de los Levitas’. Era a los 50 años.

Por lo tanto, no sería desatinado suponer que Dios contaba la fortaleza de Sus ejércitos por el número de hombres aptos para luchar, en otras palabras, los que tuvieran entre 20 y 50 años de edad.

Echemos un vistazo a nuestras iglesias en Occidente y utilicemos el sistema contable de Dios, la logística de Dios en búsqueda de iglesias que pudieran ir a la batalla por Él. Veamos nuestras iglesias nacionales en su mayoría manejadas por mujeres, o por hombres que bien harían en vestir faldas. Consideremos el número de hombres en nuestras iglesias, me refiero a los espiritualmente aptos, de entre 20 y 50 años. Lean estas estadísticas, amigos, léanlas y lloren.

Es un hecho que la mayor parte de nuestros jóvenes abandona la iglesia alrededor de sus 20 años para nunca regresar. Sin embargo, colocamos nuestras esperanzas y nuestras finanzas en el trabajo con la Juventud. He observado los ‘Avisos de Trabajo para Cristianos’ durante los primeros años del siglo XXI, y puedo decirles que el porcentaje de vacantes para trabajos cristianos de tiempo completo es pequeño, sin embargo, dentro de ese pequeño número, las vacantes para jóvenes son muchas. Esto es así no sólo porque es más fácil pagar migajas a muchachos jóvenes y espinillentos que acaban de empezar a usar pantalones largos, sin experiencia y fáciles de controlar, sino también porque existe esa esperanza desesperada y errada de que si nos concentramos en la Juventud, - la esperanza de la iglesia para el futuro de nuestra tierra - (¡Dios nos ampare!) entonces quizá podamos sobrevivir. Hay muchas cosas erradas en concentrarse en el trabajo de esta Juventud endeble, pero la principal es ésta: Dios cuenta con que Sus ejércitos están llenos de hombres jóvenes, aptos y de entre 20 y 50 años de edad. ¿Cuál es la razón, entonces, para que no se realicen esfuerzos para convertir (y hablo como hombre aquí), sí, para convertir a los hombres de ese rango de edad? ¿Y luego, por qué no existe un plan para entrenar para la guerra espiritual a estos hombres convertidos? (a esto solíamos llamarlo discipulado bíblico). ¿Por qué no se concentran en acrecentar los ejércitos de Dios de acuerdo con Su contabilidad logística? ¿Cuál es la causa por la cual nuestras carteleras de anuncios de trabajo, en constante disminución, no están llenas de vacantes de ministerios para hombres? ¿Y cuál es la razón para que la mayor parte de nuestro dinero no se invierta en ministerios para hombres de cierta edad? Bueno, la respuesta a estas preguntas es simple: La Iglesia ha sido arrollada por el espíritu ‘políticamente correcto’ en boga hoy en día y esto es así hasta el punto de que los líderes masculinos que nos quedan, aun dentro del Evangelicalismo, no tienen esos dos importantes ‘atributos masculinos’ para abordar este tema, ni la voluntad para abrazar la clara expresión de las Escrituras sobre la autoridad masculina, tan contraria al pensamiento del mundo actual. Nos hemos vendido al mundo y hemos llevado su podredumbre a nuestros corazones no sólo adueñándonos de ella, sino también propagándola, y así, cuando la sociedad colapsa a nuestro derredor, también lo hacemos nosotros.

Las principales iglesias de la ciudad, importadas y reconocidas, no solamente enmascaran los problemas reales de la decadencia de las iglesias en nuestra tierra, sino que también lo perpetúan. Por esta razón, en el momento de escribir esto en el año 2013, ¿existe alguna esperanza para la Iglesia en Gran Bretaña y Europa? No, no la hay. Por eso ustedes, hermanas sin esposos ni hijos… sigan llorando. Ustedes, iglesias con cada vez menos cabezas grises con andar titubeante, que siempre están preguntándose a quién han de entregar las llaves… sigan llorando. Ustedes, ministros bien entrenados, quienes se encuentran sin sustento y sin un plan para el retiro… sigan llorando. Ustedes, organizaciones cristianas que ahora sobreviven gracias a los donativos de sus abuelos… sigan llorando. ¡Todos, sigan llorando! Pues ahora es el momento de llorar.

La aflicción verdadera y la conmoción que ésta produce o nos fortalecerá o nos destruirá, y si nos fortalece, entonces, esa aflicción verdadera de lágrimas perpetuas nos habrá traído una limpieza a nuestros ojos y una aterradora, pero refrescante, perspectiva de vida. La aflicción verdadera con arrepentimiento es la única cosa que trae consigo la esperanza verdadera; sí, la aflicción verdadera y la visión real unida al arrepentimiento trae consigo determinación y con ella, un cambio de dirección. Y, ¿saben? La aflicción verdadera con el temor de Dios trae consigo poder.

Hace ya mucho tiempo que debíamos habernos separado de todas las cosas que ha traído sobre nosotros esta ceguera consumidora de nuestros ojos y, para compensar la separación por tanto tiempo demorada, me pregunto si el día de hoy la iglesia debiera llamar a un tiempo de aflicción en vez de forzar eternamente la manifestación a la que yo llamo de ‘El perro Odie’, donde todos sacuden gozosamente su lengua ¡en lugar de afligirse por su condición!

Reflexiona:- ¡Pobre pueblo mío, oprimido por niños y gobernado por mujeres! ¡Pobre pueblo mío, extraviado por tus guías, que tuercen el curso de tu senda! Isaías 3:12 NVI

Ora: - Padre, Señor Dios de los tiempos, bendícenos una vez más y envíanos hombres. Jesús, Señor de la aflicción, envíanos bálsamo para nuestros ojos y ministros ungidos con aceite. Amén y amén.

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