Susurros Nocturnos - 30 de Julio, 2016

Jul 30 Reflujología

ABRAZAR

Lucas 15:28

 Indignado, el hermano mayor se negó a entrar. Así que su padre salió a suplicarle que lo hiciera

Reflujología

Es una afección desagradable y el efecto en el esófago puede ser profundo. El ácido que sale burbujeante del estómago hacia el esófago puede ocasionar quemaduras en los tejidos. Para un predicador, uno de los aspectos más perturbadores de la enfermedad del reflujo, es su tendencia a llegar hasta las cuerdas vocales y destruirlas. Durante la noche, muchas personas se sacan sus dientes y los colocan en agua; para aquellas personas que tienen reflujo, sin embargo, el solo hecho de comer la comida equivocada en el momento equivocado, es como meter las cuerdas vocales en ácido durante toda la noche. Después de un rato, hablar se torna doloroso, y tu poder de proyección virtualmente desaparece; en muchas ocasiones, incluso tu capacidad para mantener un discurso sonoro y saludable, también se arruina. El reflujo es desagradable. 

Para mí es obvio que hay un paralelo, e incluso, sugiero yo, una conexión entre el reflujo físico y el reflujo espiritual. Tan sólo el otro día me percaté de cuán frecuentemente me daba cuenta de que mis pensamientos regurgitaban escenarios dolorosos de conflictos pasados. Las emociones asociadas con cada ‘visita’ a ellos, eran ácidas: No era sólo una clase de pensamientos malos sino todo un despliegue de cosas desagradables; ya saben: rabia, disgusto, estupefacción. El reflujo espiritual es como intentar sacar un solo gancho de un tazón lleno de ellos, ¡pero nunca podemos sacar uno solo sin levantar otros tantos! Esta masa regurgitada de emociones que gritan y patalean, tiene un efecto increíblemente debilitador en nosotros. Nos damos cuenta de que tenemos un bulto en la garganta, una dificultad para tragar lo que los otros puedan tener que decirnos, una falta de placer ante ciertas comidas de compañerismo, una evasión de temas, y lo peor de todo, una pérdida de poder en nuestra voz. La proyección de toda nuestra persona y toda nuestra integridad, sin lugar a dudas se ven disminuidas cuando sufrimos esta enfermedad del reflujo espiritual. 

Hay varias maneras de manejar el reflujo físico: comer los alimentos correctos a la hora correcta, levantar la cabecera de la cama de cuatro a seis pulgadas y, por supuesto, tomar un medicamento que neutralice el ácido, hasta que finalmente encontremos uno que lo detenga, y así recuperemos poco a poco, algo de salud. El reflujo espiritual se maneja de la misma manera, amigo mío. Lo que voy a decir ahora es buena teología y excelente reflujología... así que escucha. 

Mientras se lleva a cabo este proceso de sanidad de heridas del pasado, tal vez tengas que evitar algunos escenarios que agravan el asunto. Ciertamente necesitas ser consciente de que debes enfrentar las cosas en el momento apropiado y, por supuesto, ¡aprender a no meter tu mano en un tazón lleno de ganchos! Luego, a la vez que tomas medidas importantes respecto al perdón vocal e incluyes pensamientos positivos que reemplacen lo que hay en tu mente y corazón, puedes neutralizar el ácido de la amargura cada vez que aparezca la bilis. 

Ahora bien, todo esto funciona pero resulta agotador cuando tienes que hacerlo contínuamente. Así que necesitas encontrar una manera de detener la amargura y el mal genio, la regurgitación depresiva y mortal, ¡hoy mismo! Y entonces, ¿cómo detenemos el ácido? ¿Cómo detenemos la aparición de la bilis? Bueno, como sugerencia, puedo decir que la mejor medicina es tomar nuestro pecado, y luego abrazarnos a nuestro Salvador, enseguida, abrazar uy amar a otros. Sí, es mucho, lo sé. En otras palabras, una vez que tomas tu pecado, lo confiesas, y te arrepientes, debes entonces abrazarte fuertemente del Salvador. Sí, como un hombre sin piernas que se estuviera hundiendo apretaría contra sí cualquier objeto flotante, así también debemos completa y desesperadamente abrazar al Salvador. Me pregunto si sólo cuando empieces a abrazar a Jesús, tu Salvador, de esta manera agradecida, desesperada y portadora de vida, te darás cuenta de que Él te ha perdonado mucho... ¡muchísimo en realidad! Este abrazo apasionante es muy necesario porque sólo cuando eres consciente de lo mucho que se te ha perdonado, es que puedes empezar a perdonar y a amar a los demás, de la manera en que debieras. Sólo cuando percibes esa sensación de haber sido perdonado de esa manera, sólo entonces, puedes verdaderamente perdonar a aquellos que te han ofendido. Una vez que sientes eso, una vez que haces eso, entonces y sólo entonces, podrás neutralizar esa bilis amarga. 

La verdad es que algunos de ustedes tienen una terrible enfermedad de reflujo espiritual porque aún les falta darse cuenta de cuánto se les ha perdonado. ¿Se atreven a empezar a penetrar y aceptar la oscuridad que hay en ustedes hoy? Tal vez lo necesiten, porque estoy convencido de que sólo al hacerlo, tendrán la capacidad de amar en verdad, y de todo corazón, al Salvador; y luego, cuando lo hayan hecho, empezarán a amar verdaderamente a los demás. 

Reflexiona: “Luego se volvió hacia la mujer y le dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para los pies, pero ella me ha bañado los pies en lágrimas y me los ha secado con sus cabellos. Tú no me besaste, pero ella, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con aceite, pero ella me ungió los pies con perfume. Por esto te digo: si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama.” Lucas 7:44-47 

Ora: Señor, levanta mi cabeza. Mucho se me ha perdonado y, sin duda, mucho más de lo que sé o podría verdaderamente reconocer. Padre, ayúdame a tomar mi pecado y a abrazarme de mi Salvador de una forma tal, que pueda amar también a los demás. En el nombre de Jesús te lo pido. Amén. 

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