Susurros Nocturnos - 3 de Mayo, 2016

May 3 ¡ENCONTRAMOS a la fuente eterna de chocolate!

ADORA

¡ENCONTRAMOS a la fuente eterna de chocolate!

Juan 1:14

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. 

Les digo esto: Acérquense a mí y, aunque yo sea un hijo de Dios, encontrarán un campo borrascoso lleno de tumbas y olor a muerte. Dios el Padre tiene muchos hijos adoptivos pero solamente un Hijo Unigénito, Jesucristo, el Señor. Este mismo Jesús es el destello que aparece en los ojos de Su Padre quien, por la luz que emana de Sus brillantes ojos, ilumina los más oscuros rincones del mundo. El versículo de hoy, este conjunto de palabras, cual ganadoras de un campeonato deportivo, levantan el trofeo de platino de esta gloria especial de la que habla Juan aquí y lo llevan sobre los hombros victoriosos por medio de dos manos excepcionalmente táctiles, llamadas ‘gracia’ y ‘verdad’. Y son táctiles hasta el punto de que Juan dice que por estas dos agarraderas ellos pudieron contemplar a Jesús; así es, por ellas pudieron mirarlo detenidamente, observarlo en contemplación intrigante, examinarlo con expectativa creciente y tocarlo para así comprobar si era real y consistente, si era tan vibrante como la vida misma ¡si había poder y bondad en Él! Y luego, cuando vieron la pureza del dorado brillo del ‘Shekiná’ burbujeando desde Jesús en invitante y cálida delicia, al igual que niños que juegan a ‘morder la manzana’, sumergieron completamente sus cabezas en el dorado manjar que vino desde lo Alto y absorbieron el néctar refrescante, y luego, mientras secaban con su manga sus caras chorreadas y satisfechas, se miraron unos a otros y dijeron: “¡Guau, esto es vigorizante! ¡Esto es verdaderamente una delicia! ¡Esto es alimento fortificado compañeros, empacado y rebosante de rico chocolate de gracia y de verdad!”. Y les digo esto mis amigos, jamás una copa dorada y con chocolate tuvo tan buen sabor. 

También nosotros, cuando nos acerquemos a Jesús, contemplaremos la Gloria del Padre, incluso esos acres de manjares eternos rebosando de gracia y de verdad. 

Jesús es la respuesta a la oración que Moisés hizo hace ya mil cuatrocientos años cuando dijo: “Muéstrame tu gloria…” (Éxodo 33:18) y estoy seguro que la oración de Moisés fue respondida en el Monte de la Transfiguración (Mateo 17:1,2). Sin embargo, fue en la estancia diaria del Hijo de Dios entre los hombres y mujeres pecadores donde Jesús se mostró a Sí Mismo como la verdadera encarnación de la misericordia y fidelidad del Antiguo Testamento, esto es, la inagotable y viviente fuente de chocolate colmada de favores, bendiciones, bienestar y bondad amorosa para con los hombres. No solamente nos mostró nuestro pecado, ¡también lo perdonó! En comparación, las sombras de misericordia y fidelidad del Antiguo Testamento dejaron de ser fantasmas ante los ojos de Juan y en su lugar asumieron la forma completa e íntegra de la ‘gracia’ y la ‘verdad’ en Jesús. Y estas son las dos cosas que la humanidad más necesita y las que conformaron el testimonio de aquellos que estaban con Él. Vale la pena leerlo nuevamente, ¿no lo creen? 

Reflexiona:- Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan 1:14 NVI 

Ora: -  Jesús, nos aferramos a Ti. Nos tomamos de Tu gracia y Tu verdad y bebemos de Tu bondad. Cúbrenos por siempre con las dulces gotas de Tu amor para que las probemos, y para que nos encuentres aceptos delante de Ti. Amén y amén.

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