Susurros Nocturnos - 3 de Julio, 2016

Jul 3 Una carga para sedar

PREPARAR

Isaías 40:3

Una voz proclama en el desierto, “Preparen el camino para el Señor.

Una carga para sedar

Fue un comentario hecho de paso con respecto al estudio del contexto que había hecho un miembro de un grupo, en un estudio bíblico. Su preparación fue tan impresionante que el comentario en Kentucky fue: “Wow ¡Vino con toda una carga para sedar!”. Para los lectores británicos la traducción, alusión e implicación de una frase así sería: “Dios mío, estaba tan bien preparado que era como si hubiera cargado su rifle con municiones suficientes para llenar a un oso grizzly”. Y por supuesto ¡no era que el líder del estudio bíblico estuviera capturando rehenes...! 

El punto de este dicho maravilloso subraya la necesidad de preparación. El domingo en la mañana, los servicios de la iglesia resultan a menudo aburridos para muchas personas, tal vez para la mayoría de nosotros... Con frecuencia pareciéramos salir insatisfechos de nuestros encuentros y con críticas frente al mensaje o al hombre, a la adoración o a la Palabra, al coro o incluso a las sillas en las que nos hemos sentado. Y es que queríamos saber de Dios, estábamos desesperados por oír Su voz. “¡Dame algo Dios!”, decíamos desesperadamente, “¡di algo! ¡Enfurécete, muestra tu cólera, bésame o patéame, pero Dios, no te quedes callado otra semana!”. Sin embargo, a pesar de todos nuestros ruegos, salimos vacíos. 

Creo que la superficialidad personal de nuestra mañana dominical, se debe primordialmente a la falta de preparación. El sábado en la noche vemos una película, nos acostamos tarde, comemos demasiado y probablemente hablamos demasiado. Llega la mañana del domingo y literalmente nos levantamos en medio del caos de la noche previa. Entonces nos apresuramos a ponernos presentables por fuera, nos comemos cualquier desayuno malsano, que sin duda nos caerá pesado en el estómago y en la vejiga durante el servicio... de hecho, a medio sermón, llegar al baño sin pasar una vergüenza se convertirá en el enfoque principal de nuestra atención. Agreguémosle a esto niños chiflados o adolescentes rebeldes a quienes hemos sacado de la cama y hemos arrastrado a la iglesia, y para el momento en que lleguemos al sitio de reunión, ¡terminaremos sintiéndonos como si ya hubiéramos estado en tres ‘rounds’ con Mike Tyson y esperáramos que alguien nos arrojara la toalla! 

Estoy seguro de que ustedes bien podrían incluir otros tantos requisitos para esa mañana de domingo que yo no he colocado en la lista, desde la preparación del almuerzo hasta la escuelita dominical. Amigos, incluso la iglesia de hoy tendrá presiones en los años por venir, a pesar de lo “alivianado” y del modernismo que existe en el actual enfoque despreocupado y descuidado de las reuniones. Sólo esperen a que los chicos crezcan un poco más. ¡Ja! 

Mi punto es este: la falta de preparación aniquila toda expectativa. Nuestras reuniones exigen que las planeemos, ¡personalmente! Nuestros corazones, mentes y cuerpos necesitan ser cuidados de tal manera que se preparen adecuadamente tanto para entregar como para recibir del Señor. La espiritualidad requiere de esfuerzo, prioritización y planeación. Suena más bien como un asunto de logística, ¿no es cierto? Bueno... ¡pues lo es! Así que permíteme preguntarte, amigo, cuando te reúnes con el pueblo de Dios, vas tú con ‘una buena carga para sedar’? Y tú, predicador, ¿qué estás sirviendo en la mesa a tu rebaño expectante? ¿El mismo puré de papas instantáneo y viejo que compraste hace tres años y que sacas de una bolsita engrasada? ¿Quizás alguna tontería pre-empacada y ordenada por internet? ¿O tienes algún Oráculo del Señor actual, preparado amorosamente sobre tus rodillas, y obtenido a base de integridad y esfuerzo? Tanto el predicador como la congregación necesitan pensar en eso, y al aplicarlo, piensen cuán diferente serían sus dominguitos, tan a menudo tristes, si en realidad se prepararan para su encuentro con Dios y ¡llegaran cargados para sedar! “Prepárate para encontrarte con tu Dios”, otra vez te digo, “¡prepárate!”. 

Reflexiona: “Así que Esdras llegó a Jerusalén en el mes quinto del séptimo año del reinado de Artajerjes. Había salido de Babilonia el día primero del mes primero, y llegó a Jerusalén el día primero del mes quinto, porque la mano bondadosa de Dios estaba con él. Esdras se había dedicado por completo a estudiar la ley del Señor, a ponerla en práctica y a enseñar sus preceptos y normas a los israelitas.” Esdras 7:8-10

Ora: Señor, ayúdame a preparar mi aposento alto para que podamos comer y beber juntos. Oh Dios, te pido que me ayudes a prepararme para recibir lo que necesito. Amén.

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