Susurros Nocturnos - 29 de Enero, 2016

Jan 29 Orgullo efímero

CONFIANZA 

Orgullo efímero

Habacuc 1:12

¿No eres tú desde el principio, oh Jehová, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Jehová, para juicio lo pusiste; y tú, oh Roca, lo fundaste para castigar. (Reina Valera 1960)

Lo he dicho antes y lo repito una vez más: Tengo edad suficiente para recordar cuando apagaba el viejo televisor en blanco y negro y veía cómo la imagen colapsaba en un punto brillante en el centro de la pantalla antes de hacerse muy pequeña y desaparecer en la distancia infinita del tubo gris verdoso de rayos catódicos. La distancia tiene un punto donde desaparece para nuestros siempre escrutadores ojos.

Al pararnos en nuestro propio punto personal en la línea de tiempo y al observar hacia atrás en el pasado tanto como podamos o al adentrarnos en el futuro hasta donde nuestros sueños o pesadillas nos lo permitan, también podríamos decir que escudriñamos desde un ‘punto de desaparición al siguiente’, o como dirían los hebreos: desde la eternidad hasta la eternidad. 

Dios existe desde la eternidad. Como si fuera un gran compás, se estira desde un punto hasta otro punto, y está también presente en cada punto intermedio dentro de la línea; en todas partes, al mismo tiempo. Ciertamente, Él fue aun antes del punto que apareció en el Este y será después del que desaparecerá por el Oeste; sí, Dios lo llena todo y está en todo. 

Dios es desde antes del principio. Él es desde el Este. Él es la Luz inalterable y siempre cierta del día y ¡Jesús es Su brillante Lucero de la mañana! Lo que Dios ha decretado, pasará. Lo que Dios ha pactado, no se quebrantará. Lo que Dios ha declarado siempre se cumplirá. Por lo tanto, Habacuc basa su intercesión incrédula sobre la probada y evaluada, comprobada y suficiente revelación histórica de la persona del Mismo Dios: Jehová. A continuación, Habacuc inmediatamente atestigua sobre la naturaleza inquebrantable y santa de Jehová para luego sintetizar todo en el clamor asociativo de su propio corazón: “¿No eres tú desde el principio, oh Jehová, Dios MÍO, Santo MÍO?” Como insinúa Matthew Henry, Habacuc podría estar diciendo: “Somos un pueblo que ofende y Tú eres un Dios ofendido, pero somos TU pueblo que ofende y Tú aún eres NUESTRO Dios ofendido.” Me gusta eso. 

El Cristiano, pues, puede ofender a su Padre celestial, ¡pero Él seguirá siendo su Padre aunque lo ofenda! El hijo puede avergonzar a su Padre celestial, ¡pero seguirá siendo Su hijo celestial! ¿Comprenden? Así que, en cualquier punto, en toda situación y en cualquier lugar, el creyente comprado con sangre, sin importar en qué matiz de oscuridad se encuentre, siempre podrá decir: “¿No eres tú desde el principio, oh Jehová, Dios MÍO, Santo MÍO?” 

Sí, podemos y aún más, ahora Habacuc intercede con tres declaraciones fantásticas y certeras llenas de fe. Aquí están: 

No moriremos. 

Oh Señor, para juicio los has puesto. 

Oh Roca, los has establecido para ejecutar Tu castigo.

Habacuc ve la verdad de la situación. Dios guardará a un remanente. Israel no será borrada completamente de la faz de la tierra. Más aún, así como finalmente se dieron cuenta los Nazis, esos orgullosos juzgadores ¡también estaban destinados para el juicio! A diferencia de Israel, ¡aquellos sí han de desaparecer para siempre! Y si no lo creen, simplemente piensen en la Alemania de antaño, incluso la Suástica, ese emblema de un régimen conquistador, con el paso del tiempo se convirtió en la marca del desprecio internacional y esto llevó a que tanto los que antes la lucían, como aquellos que consideraban su uso aceptable, hayan sido removidos de la historia para siempre. Y así siempre tratará Dios a los pueblos y las gentes orgullosas de este planeta. 

Reflexiona:- Tu carácter soberbio te ha engañado. Como habitas en las hendiduras de los desfiladeros, en la altura de tu morada, te dices a ti mismo: ¿Quién podrá arrojarme a tierra? Pero aunque vueles a lo alto como águila, y tu nido esté puesto en las estrellas, de allí te arrojaré –afirma el SEÑOR-. Abdías 1:3-4 NVI 

Ora: -  Señor, antes de que trates conmigo en mi falta de humildad, yo mismo me humillo ante Ti, Oh Rey de todos los tiempos y Señor de todas las cosas. Padre, gracias por Tu fidelidad y porque a pesar de mi obstinación y mi rebeldía, Tu aún eres mi Padre y yo aún soy Tu hijo. Por ello, Señor, que desde cualquier comedero para cerdos siempre podamos decir: “Me levantaré e iré hacia mi Padre, y le diré, Padre…”

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