Susurros Nocturnos - 25 de Septiembre, 2016

Sep 25 Iglesias que despojan

PRESENCIA

Filipenses 4:19-20

Así que mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús. A nuestro Dios y Padre sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Iglesias que despojan

El vivir en los Estados Unidos lo expone a uno a los más grandes ministerios multi-medios, siendo la radio y la televisión los más caros en lo que respecta a costos. A pesar de que estoy agradecido de poder ver muchos ministerios relacionados con “la palabra y el espíritu” en televisión, los ministerios costosos tienen la tendencia a pedir tu dinero de manera recurrente, y cuando tienes que pedir la misma cosa de manera tan sistemática, tiendes a volverte innovador, y al volverte innovador te vuelves exagerado, y dicha exageración ha de ser justificada, y dicha justificación lleva a lo que tantos han llamado “Los Evangelios de la Salud y la Prosperidad”.

Involucrado en la apertura de iglesias, me doy cuenta de que en las primeras etapas te pones todos los sombreros imaginables. El de “recaudador de fondos” es el que más detesto. Me lleva muy lejos de mi zona de bienestar hasta una mezcla con un alto porcentaje de una peligrosa y extraña humildad rimbombante. ¿De qué otra forma puedo describir los sentimientos y las funciones de un misionero místico, un emprendedor visionario pero pobre, o en otras palabras, de un ladrón justo? Un ladrón, realmente, porque Pablo en 2ª Corintios 11:7-9, hiperbólicamente agrega este pecado a su lista de pecados y vicios, cuando al castigar a los Corintios dice, “¿Cometí acaso un pecado al humillarme yo para enaltecerlos a ustedes, porque les prediqué el evangelio de Dios gratuitamente? De hecho, despojé a otras iglesias al recibir de ellas ayuda para servirles a ustedes.”

¡Parecería, por lo que dicen las Escrituras, que no está bien robar a Dios, pero está bien robar a las iglesias! ¿Estoy siendo exagerado? Por el rabillo del ojo puedo ver centellear la luz roja de peligro.

Ahora, puede ser que haya relatado partes de la historia siguiente con anterioridad, pero permítanme desarrollarla un poco más. Verán, allí estaba yo, regresando de investigar un área para posiblemente establecer una nueva iglesia. Un hermano había colocado $ 140 dólares en mi bolsillo antes de mi partida, pero el Pastor al que visitaba había cuidado tan bien de mí que aún traía conmigo $ 100 dólares. Cuando llegué al mostrador para el check in, cansado y ansioso por llegar a casa, la señorita me miró enigmáticamente y me dijo, “lo siento señor, pero su vuelo es hasta la próxima semana”. No había error, allí estaba la fecha en mi boleto. Un error, ya sea humano o técnico, me había colocado en un vuelo de regreso dos semanas después de mi partida y no una semana, como había sido mi intención. “Escuche,” dijo ella, “puedo transferirlo al vuelo de hoy, pero eso tendrá un costo de $ 100 dólares.” Llevé mi mano al bolsillo, saqué los billetes doblados y los coloqué frente a ella: “¡Hagámoslo!”

En el pasado, he regresado a casa después de visitar iglesias opulentas y, literalmente, he tenido que recoger maíz del campo adyacente a mi casa, para alimentar a mi familia ese día. Me he levantado en la mañana y comido puré de manzana para el desayuno con mis hijos, porque eso era todo lo que había en la alacena. ¡Sin embargo, ese día tenía 100 dólares! Un pago listo para un viajero cansado. El viaje espiritual del viajero cristiano es también una extraña montaña rusa financiera. Por momentos, es insondable. Para la mayoría de nosotros, ¡es mejor que nos reconciliemos con el hecho de que este viaje espiritual nuestro contendrá mucha “rodilla” y, a veces, no mucha abundancia! Ahora, ¡ahí tienen un título para el sermón de hoy!

Reflexiona: “Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Filipenses 4:12-13

Ora: “Señor, yo sé que tener abundancia o tener necesidad no tienen que ver con signos de Tu bendición. Por eso te digo querido Padre, que si Tu presencia no está conmigo, que si no soy consciente de Tu fidelidad presente en todos los tiempos, entonces verdaderamente soy un mendigo entre los príncipes de este mundo. Señor, en todo lo que tengo, en todo lo que recibo, ¡ayúdame a reconocer siempre Tu presencia! En el nombre de Jesús. Amén.

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