Susurros Nocturnos - 25 de Mayo, 2016

May 25 Bailando con la Desconfianza

CONFIANZA

Hebreos 13:5 

Porque Dios ha dicho: Nunca te dejaré, jamás te abandonaré.

Bailando con la Desconfianza

Amigos, a ella a menudo la pasan por alto en la historia. Sin embargo, en esta mañana me quiero concentrar en ella. Espero que hayan leído el clásico cristiano El Progreso del Peregrino, y conozcan de la pequeña excursión que Cristiano y Esperanza hicieron por la carretera del Rey, hasta los terrenos del Castillo de la Duda y el Gigante Desesperación. Aquí estos son encerrados en un calabozo y torturados por el gigante. En esta oscuridad, el gigante Desesperación les sugiere el suicidio como la única salida a la situación. Bunyan describe brillantemente la desesperanza y tormento que sienten los cristianos en situaciones semejantes. Afortunadamente, la palabra de la promesa es la llave que Cristiano descubre, que está aun en su corazón, y que ya tiene en su poder. Esta es la llave que lo saca, con gran dificultad y peligro, del calabozo, del castillo y los terrenos.

Es interesante amigos, que en la historia, el gigante Desesperación nunca actúa solo. De hecho, es animado y dirigido por su inadvertida esposa. Su nombre es Desconfianza. Ella es la que incita la tortura y dirige al gigante. Desconfianza es la titiritera del gigante Desesperación.

El diccionario Webster define desconfianza como “timidez, falta de confianza en sí mismo, indecisión. El encubrimiento del personaje es la única acción que corresponde con esta descripción. Sin embargo, las raíces de la palabra a través del inglés medio al latín, revela la esencia de la desconfianza y su verdadero significado que es suspicaz. Y ahí lo tenemos. Una palabra que cuando se pronuncia en voz alta, todavía posee el silbido de la serpiente. Sssssssussssspicazzzzz.

Amigos, no bailen con esta desconfianza. Ella siempre nos está dando palmaditas en el hombro, y susurrando sus escurridizas insinuaciones a nuestros corazones. “¿Verdad que Dios dijo?” “Mira, te volvió a abandonar” “No confíes en nadie, ni siquiera en Dios” “El se ocupa de los otros, ¿pero de ti?” “¡Ah! Es obvio que no te ama tanto. Líbrate de Él”. “Estás completamente solo ahora”. Y así continúa una y otra vez. Amigos, ¡no acepten las aparentemente amables y razonables invitaciones de la Señora Suspicaz! No, no bailen con la Desconfianza.

Reflexiona: “Así que podemos decir con toda confianza: El Señor es quien me ayuda; no temeré. ¿Qué me puede hacer un simple mortal?” Hebreos 13:6 

Ora: Entonces Señor, que la desconfianza muera en mí. Permite que la esperanza vuelva a vivir y que llegue al mismísimo cielo, y aun hasta Tu poderosa diestra. En el nombre de Jesús te lo pido. Amén.

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