Susurros Nocturnos - 25 de Marzo, 2014

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Mar | 25 | Vigilancia posmoderna y beneficiosa... ¿Será?

SANIDAD 

Mateo 6:12
Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. (Reina Valera 1960).

Vigilancia posmoderna y beneficiosa... ¿Será?

“Mi corazón brinca cuando contemplo
Un arcoiris en el cielo:
Así fue cuando mi vida comenzó;
Así es ahora que ya un hombre soy;
Así será cuando envejezca,
¡o cuando me deje morir!
El Niño es el padre del Hombre;
Y yo desearía que todos los días de mi vida
estuvieran unidos entre sí, por una piedad natural”
Wordsworth 


Compuesto el 26 de marzo de 1802. —Publicado en 1807

“El Niño es el padre del Hombre”, así dice la 7a línea de este poema de Wordsworth titulado “Mi corazón brinca”.

Con referencia a este poema, el poeta Coleridge ha dicho que es una expresión de esa verdad: “Que los hombres son malagradecidos hacia otros sólo cuando han dejado de mirar atrás con alegría y ternura a lo que fueron antes. Siguen existiendo sólo como fragmentos”. En otras palabras, a menos que miremos atrás con alegría y ternura y que vivamos para expresar quiénes somos y de dónde venimos con alguna medida de gratitud, no podremos ser más que hombres amargados y quebrantados, horriblemente fragmentados, fríos y hoscos. Sobre este comentario debo decir que, aunque no estoy seguro sobre lo que dice la psicología, estoy seguro sobre la observación de que somos, verdaderamente, personas fragmentadas. Al igual que los espejos rotos y convexos tenemos una visión distorsionada y resquebrajada de quiénes somos en realidad. Como las personas que se pavonean frente a los espejos cóncavos y convexos en la ‘Casa de la Risa’, hemos elegido mirarnos en estos espejos falsos, que en su mayoría, hemos construido nosotros mismos; y nos miramos y nos vestimos frente a ellos, y hasta les permitimos que nos juzguen. Generalmente, esto continúa hasta que nos cansamos tanto de vivir en la mentira, que la misma enfermedad nos obliga a capitular completamente ante nuestra propia falsa ilusión y a aceptar, con temor, esta verdad tan terrible: que no reconocemos al hombre o a la mujer que vemos ante el espejo, realmente no, y de hecho, no sabemos quiénes somos en realidad; la verdad es que estamos perdidos.

La introspección o el auto-examen es considerado por unos cuantos Cristianos conservadores como nada más que “un contemplarnos excesivamente sin razón”. El hecho es que muchos de los que realizaron este viaje de análisis de la introspección, parecieron batallar con lo que se considera los invisibles, auto-creados y en ocasiones irracionales monstruos de la mente y, para empeorar las cosas, al hacer esto emiten y exudan una alegría, con frecuencia, mórbida, macabra y melancólica hacia la multitud de escépticos conservadores que los observan, ¡y que, simplemente, califican sus esfuerzos de introspección como confusos o, en su mayor parte, lisa y llanamente raros! ¿Quién puede culparlos?

Los posmodernos, por otro lado, (y hablo en general, no en términos Cristianos) aparentemente abrazan dicha introspección como una vigilancia beneficiosa del ser interior. Tal vez Coleridge estaría especialmente contento en una sociedad del tipo Californiano, espiritualmente diversa, posmoderna, liberal y permisiva, donde ese viaje es esperado junto con todos sus consecuentes niveles de sanidad. ¿Será así en realidad?

Sin embargo, si la introspección del viaje espiritual posmoderno es verdaderamente beneficiosa, entonces amigo, debes tenerla en cuenta. Porque, si realmente el niño es el padre del hombre, entonces, ¿no sería mejor que abrazáramos nuevamente al niño herido, para estrecharlo, sanarlo y amarlo íntegramente? Algunos de ustedes ya están diciendo: “¡No puedes estar hablando en serio!” ¡Y quién podría culparlos, después de todo!, quiero decir, si suena tan afeminado y aniñado. ¿No es cierto?

A pesar de la aversión de ustedes a la observación y, cualquiera que sea su punto de vista personal en esos temas, la verdadera Santidad, queridos amigos, en el final, debe volverse verdadera plenitud en Jesús. La plenitud debe ser íntegra; la integridad debe significar defragmentación y la defragmentación debe denotar reacondicionamiento; y reacondicionar debe representar observar y observar debe evidenciar arrepentimiento; y el arrepentimiento debe llevar al perdón y el perdón al abrazo; y el abrazar debe simbolizar la sanidad y la sanidad debe ser un movimiento hacia la plenitud, o mejor dicho, hacia la verdadera santidad, completando así el círculo. ¡Quizá para muchos de ustedes, la plenitud que están buscando se encuentre en el amarse a ustedes mismos! ¡O posiblemente, comience al mirar atrás en el tiempo! ¡O tal vez, en realidad, se encuentre en el hombre abrazando al niño una vez más? ¡Quizá en la compañía de hombres, este es un valeroso viaje de introspección que cada vez más hombres y mujeres deban realizar!

Medita: Sin embargo, les daré salud y los curaré; los sanaré y haré que disfruten de abundante paz y seguridad.” Jeremías 33:6-7 

Ora: Oh Señor, ven a enderezar mis lugares torcidos y lima toda aspereza en mi vida. Sáname y llévame hacia la plenitud en Ti, mi amantísimo Señor Jesús. Amén.
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