Susurros Nocturnos - 25 de Enero, 2016

 

Jan 25 La hiperfagia de los cazadores de Habacuc

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La hiperfagia de los cazadores de Habacuc

Habacuc 1:8

Sus caballos son más veloces que leopardos, más feroces que lobos nocturnos. Su caballería se lanza a todo galope; sus jinetes vienen de muy lejos. ¡Caen como buitres sobre su presa! NVI  

Hay tres aspectos a destacar sobre estos lobos leoninos:

Primero, que esta caballería está por todos lados (sus caballos de batalla avanzan todo el tiempo), es decir, lo abarcan todo y presionan orgullosamente, lanzándose a toda prisa sobre la presa. No existe ángulo por el que no vengan, no hay lugar en el compás desde el que no ataquen. ¡Están por todos lados!

Segundo, que jamás se cansan. Sí, puede ser que la distancia a recorrer hasta la ciudad de Judá sea mucha, aun hasta Jerusalén, la capital, pero esto no importa, son incansables, inquietos, imparables y siempre voraces en su intento despiadado. Así se les ve sobre su presa: Atacado una y otra y otra vez. Al final del round tú podrás estar exhausto y sentarte en el banquillo de tu esquina, tragando agua y siendo abanicado por tu asistente, mientras tu entrenador te da instrucciones, pero tu oponente implacable seguirá en pie, saltando de un lado a otro y mirándote de manera amenazadora, boxeando solo y esperando que la campana suene una vez más, al igual que estos caldeos que están tan frescos como las florecitas de la mañana y tan hermosos y llenos de energía como la Venus Atrapamoscas.

Tercero, son voraces. No vienen a pelear, vienen a devorar. Vienen a satisfacer su extremo y excesivo apetito. Verán, el resultado de la batalla no es lo que está en discusión, ¡es la hora de comer la que está en discusión!

Así que, a estos arqueros montados, a estos lanceros cargadores de flechas, se les permitió caer sobre la nación del pacto porque el pueblo de Dios había roto el pacto y ahora, todas las maldiciones con las que sus padres habían estado de acuerdo, estaban a punto de ser arrojadas sobre sus altaneros corazones y sobre sus mega-orgullosas cabezas. Había pecado en toda la nación de Israel, y ese pecado acarreó juicio a toda la nación. 

Puede suceder que nos sintamos seguros en nuestras islas, incluso en nuestro continente separado del resto del mundo por vastas extensiones de agua. Quizá nos sintamos seguros con nuestra tecnología, sí, nuestros cohetes pueden formar un domo de hierro sobre nosotros, nuestros misiles una pared de metal delante de nosotros y nuestro armamento, como si fuera un mazo, está listo para aplastar la cabeza de cualquier insensato que intente tomar nuestro lugar o asumir el control. No importa, de verdad ¡no importa! Porque cuando Dios se aparta de una nación, ese gran muro invisible de protección en forma de océano es removido y, rápidamente, y al igual que la marea alta en un mar iracundo, al igual que un tsunami que hace colapsar al concreto, un volcán que se encuentre en el Oriente ¡puede devastar y acabar con todas las tierra interiores del Occidente! 

No somos Israel. Sin embargo, somos una nación alguna vez bendecida por Dios, alguna vez sometida a los principios de Dios, alguna vez orgullosa de llamar SEÑOR a nuestro Dios. Ahora bien, no somos Israel; pero ellos son una nación que olvidó a Dios y también lo hemos hecho nosotros. ¡Vean lo que les ha sucedido a ellos!

El temor por el juicio no ha hecho que nuestras naciones se vuelvan hacia el Señor. Tampoco lo han hecho los desastres financieros, o las masacres por el terrorismo; las enfermedades y los terribles desmembramientos de nuestros soldados volando en pedazos en campos de batalla extranjeros no han hecho que nuestras naciones se vuelvan hacia Dios. El colapso de todas las cosas que considerábamos preciosas: el matrimonio, la familia, los bebés, no han hecho que nuestras naciones se vuelvan hacia Dios; tampoco lo han hecho el aumento de las monstruosidades sociales. ¡No! ¡Y lo peor es que en vista de todas estas cosas, la iglesia del Dios vivo continúa entonando cantos de amor mientras reparte bolsas de papel a los borrachos el sábado por la noche! Nuestra nación no se ha vuelto hacia Dios y al parecer no tiene ninguna intención de hacerlo.

En mis sueños, escucho el sonido de cascos de caballo, y durante el día, percibo los golpes en la tierra. El juicio se aproxima. ¿Estás listo? 

Reflexiona:- »El SEÑOR levantará contra ti una nación muy lejana, cuyo idioma no podrás entender; vendrá de los confines de la tierra, veloz como un águila. Esta nación tendrá un aspecto feroz y no respetará a los viejos ni se compadecerá de los jóvenes. Devorará las crías de tu ganado y las cosechas de tu tierra, hasta aniquilarte. No te dejará trigo, ni mosto ni aceite, ni terneras en las manadas, ni corderos en los rebaños. ¡Te dejará completamente arruinado! Deuteronomio 28:49-51 NVI 

Ora: - Padre, cueste lo que cueste, vuelve nuestros corazones hacia Ti una vez más. Amén y que así sea.

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