Susurros Nocturnos - 24 de Agosto, 2016

Aug 24 Desinteresados, desligados y en última instancia, inefectivos

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Tito 3:1-2 

Recuérdales a todos que deben mostrarse obedientes y sumisos ante los gobernantes y las autoridades. Siempre deben estar dispuestos a hacer lo bueno: a no hablar mal de nadie, sino a buscar la paz y ser respetuosos, demostrando plena humildad en su trato con todo el mundo.

Desinteresados, desligados y en última instancia, inefectivos

En nuestro versículo de hoy “hablar mal de” es una traducción de la palabra griega “Blasfeemein”. ¡Exacto, blasfemar! Es posible maldecir, decir palabrotas, y usar un lenguaje grosero y desagradable contra otras personas. Es posible blasfemar de otras personas, ¡principalmente si son políticos! Creo que ese es el contexto de la advertencia relacionada con este “hablar mal de”. El texto de hoy parece estar diciendo: “Obedezcan a sus gobernantes, a las autoridades, a sus políticos, y no los blasfemen”. ¡Entonces aquí tenemos un desafío! ¡En verdad es un desafío! Particularmente dentro de la sociedades libres y democráticas. Especialmente cuando todos ellos han estado metidos en algún fraude. Bueno, casi todos. 

En mi país de origen, nuestra forma de debate político a través de los años ha sido siempre de confrontación. En Inglaterra, el piso de la Cámara de los Comunes tiene dos espadas desenvainadas que se enfrentan. El gobierno y la oposición, sentados en bancos opuestos, a menudo van más allá de investigar y analizar para caer en ataques verbales y hacer pedazos y ridiculizar a los otros miembros. Por supuesto, siempre de la forma más cortés al hablar. De hecho, coloque delante de cualquier planteamiento la frase “El honorable miembro...” y usted puede proceder a destripar amablemente a cualquiera con el que usted no esté de acuerdo. Este tipo de ambiente verbal violento es la esencia de la política actual; si no lo cree, pregúntenle a cualquier locutor de radio de esos que hacen programas en vivo. 

Además de esto, algunos Presidentes y Primeros Ministros han garantizado con su doble juego, sus vidas sucias y sus acciones groseras y repulsivas, atraer maldiciones sobre ellos y sobre los países que representan. Es difícil no hablar mal de tales personas, ¿no es cierto? Pero vamos más allá. ¿Qué me dicen de no hablar mal de líderes como Hitler, Nicolae Ceausescu, Stalin, Idi Amínn, Pohl Pot, o Saddam Hussein? La lista sigue, pero permítanme preguntarles, ¿estuvo bien hablar mal de ellos? 

La iglesia y sus miembros deben ser los baluartes de toda comunidad, reconociendo la soberanía de Dios y Su administración de proteger el bien y castigar el mal. Sin embargo, también estamos llamados a discernir cuando los gobiernos protegen el mal y castigan el bien. Cuando esto ocurre, o sea cuando se recompensa el mal y se castiga el bien, nuestra respuesta como individuos, comunidades y naciones ante una calamidad tal será difícil, desconcertante y un tanto divisiva, principalmente dentro de nuestras propias comunidades de fe. ¡Al menos la historia nos ha enseñado esto! Sin embargo, si frente a tal enfermedad del orden social, nosotros como Cristianos vamos a adoptar simplemente una actitud de esconder la cabeza en un hueco, mostrando un desdén espiritual por este mundo, daremos la impresión de estar tan desinteresados que los oponentes de la verdad y de Dios ¡con seguridad nos pasarán por arriba! También daremos la impresión de estar totalmente desligados del mundo real y por lo tanto, ante nuestros vecinos, estaremos impotentes, privados de nuestros derechos y en consecuencia absolutamente inefectivos para llevar a cabo cualquier buen trabajo. 

Toda comisión, consejo comunitario, partido político o plan vecinal de cualquier índole necesita la participación de Cristianos fuertes y amables, honorables y humildes, que hablen la verdad y trabajen bien, pues podemos estar seguros de que si no lo hacemos “el mal triunfará cuando los hombres de bien no hacen nada”. Con verdad, bondad y honor involucrémonos plenamente en la esfera política de la comunidad, y también a niveles locales y nacionales. 

Reflexiona: “De Isacar: doscientos jefes y todos sus parientes bajo sus órdenes. Eran hombres expertos en el conocimiento de los tiempos, que sabían lo que Israel tenía que hacer. De Zabulón: cincuenta mil hombres listos para tomar las armas, preparados para usar cualquier clase de armamento y dispuestos a luchar sin cuartel en favor de David.” 1ª Crónicas 12:32-33 

Ora: Señor, en todas las áreas de nuestras vidas, desde las comunidades locales hasta la política nacional e internacional, pedimos a gritos el surgimiento y revelación de los hombres de Isacar; los ungidos que entienden los muchos tipos de huracanes y tornados que el fin de los días traerá sobre nosotros. Señor, ayúdanos a tomar parte en el poder profético. Amén. 

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