Susurros Nocturnos - 23 de Abril, 2016

Apr 23 ¡Eleva tu mirada a los cielos!

¡Eleva tu mirada a los cielos!

Habacuc 3:3

De Temán viene Dios, del monte de Parán viene el Santo. Selah. Su gloria cubre el cielo y Su alabanza llena la tierra. NVI

En vista de la ira que se avecinaba y protegido el remanente por el paraguas de la misericordia de Dios, Habacuc invoca ahora el recuerdo de la manifestación del Altísimo durante el Éxodo, en una imagen poética y poderosa. Su deseo para ellos es que esta imagen de redención tan potente quede grabada en sus mentes, tanto la sinfonía como la canción coral, por causa de los desplazamientos y todo el andar errante que tendrían por delante. Él quiere que ellos vean la columna ardiente y cubierta de nubes llegando para marcar su tierra, seca como cuero de vaca, con Su sello personal de propiedad por todas las tribulaciones por venir. Hoy en día, cada remanente y cada tronco de árbol que sigue en pie deben recordar el glorioso y reinante poder de Dios, pues si esto faltase, el mediodía de la ira de Dios convertiría rápidamente toda hoja verde de esperanza y misericordia presente y todo retoño de bondad futura en una hoja otoñal, crujiente y muerta, que se vuelve polvo fácilmente bajo la bota babilónica. Entonces, amigo mío, al enfrentar tus tribulaciones presentes recuerda siempre las manifestaciones pasadas de la grandeza de Dios en tu vida. ¡Recuérdalas! 

En cada ciclo de veinticuatro horas, la luz del día embellece los oscuros cielos expectantes y cubiertos de estrellas en un andar triplemente maravilloso: un glorioso amanecer, un medio día alto como narcisos y un atardecer de seductoras y delicadas tonalidades rojizas, y esposas hogareñas y sonrientes aguardándonos con un delicioso manjar listo para nosotros. ¡Eleva tu mirada! ¡Pues Su gloria siempre cubre los cielos! Sin embargo, recuerda que cuando Dios vino de Temán, cuando el Santo vino a Su pueblo desde el Monte Parán, a sus pies la tierra crepitaba con las huellas calcinantes de Sus garras ardientes, y sobre Él, los cielos retumbaban con Su presencia y los cúmulos de nubes giraban sobre sí mismos con el reflejo de los colores metálicos del arcoiris inclinándose en perpetua reverencia ante la presencia del Dios de los cielos; sí, aun ensuciándose por la lluvia, mientras Su ‘magia’ líquida disparaba la fantasía de luz en un sorprendente brillo intermitente. Ese momento, ¿recuerdas ese momento en que tu corazón latía al unísono con el corazón de Dios? Haz memoria. ¡Haz memoria y recuerda!

En tu vida, ahora mismo ¡eleva tu mirada! La gloria de Dios aún está presente cada día. Pero no olvides aquellos otros días especiales del pasado; no, tráelos a tu mente y sorbe de ese tiempo pasado de asombro, cuando inesperadamente se veía a Dios en la sobria tienda de campaña y aparecía ante ti revelando solo una pequeña parte de Su gloria; así es, solo lo suficiente para dejarte sin aliento ante Él, anhelante por algo más y soñando en la deliciosa consumación de Su bondad y Su voluntad para ti. ¿Recuerdas? 

Amigo, durante tu vida y en medio de todos los estruendos provocados por los negros nubarrones que se encuentran arriba del ancho paraguas de Su misericordia, incluso bajo el frío y torrencial aguacero que cae a tu alrededor, acurrúcate y recuerda; sí, trae a tu mente las maravillas de Sus visitaciones pasadas, esos momentos especiales de tu pasado cuando Su gloria celestial tocó tus inesperados y olvidados días. ¡Recuerda! Incluso esta tormenta de ira pasará pronto, muy pronto. Y así, la tierra se llenará con el conocimiento de la gloria del SEÑOR mientras las aguas cubren los mares y sí… ¡tú estarás allí para verlo! 

¡Recuérdalo! 

Reflexiona:- “Espera un poco, Job, y escucha; ponte a pensar en las maravillas de Dios. ¿Sabes cómo controla Dios las nubes, y cómo hace que su relámpago deslumbre? ¿Sabes cómo las nubes, maravillas del conocimiento perfecto, se mantienen suspendidas? Tú, que te sofocas de calor entre tus ropas cuando la tierra dormita bajo el viento del sur, ¿puedes ayudarle a extender los cielos, sólidos como espejo de bronce bruñido? Haznos saber qué debemos responderle, pues debido a nuestra ignorancia no tenemos argumentos. ¿Le haré saber que estoy pidiendo la palabra? ¿Quién se atreve a hablar y ser destruido? No hay quien pueda mirar al sol brillante después de que el viento ha despejado los cielos. Un dorado resplandor viene del norte; ¡viene Dios, envuelto en terrible majestad!” Job 37:14-22 NVI 

Ora: -  Padre, ayúdame a recordar los días de Tu bondad, para que en mis angustias actuales, yo sea valiente. Padre, ayúdame a recordar las promesas siempre presentes de toda Tu bondad futura, para que en mis angustias actuales mi esperanza no muera. Hazme vivir y que mis ojos reflejen Tu gloria y mi semblante sea siempre imagen de Tu grandeza y de Tu magnificencia. Amén y que así sea.

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