Susurros Nocturnos - 22 de Diciembre, 2015

 

Dec 22 Cómo comerse a sus enemigos

TIEMBLA 

2 Reyes 6:28,29

¿Qué te pasa? Ella se quejó: —Esta mujer me propuso que le entregara mi hijo para que nos lo comiéramos hoy, y que mañana nos comeríamos el de ella. Pues bien, cocinamos a mi hijo y nos lo comimos, pero al día siguiente, cuando le pedí que entregara su hijo para que nos lo comiéramos, resulta que ya lo había escondido.

Cómo comerse a sus enemigos

El viejo chiste de la entrevista del comité de selección dice así: El comité le pregunta al pastor aspirante, “¿Le gustan los niños?” a lo que éste responde, “Me encantan, ¡pero nunca puedo comer más de uno a la vez!” Ahora, y antes de que cierren su meditación del día de hoy con un fuerte ‘bang’, de ofendido, vuelvan a mirar nuestro versículo y díganme ¡cómo se puede tratar semejante horror! Pues eso es lo que es, ¡un total horror!

Hay una interesante película de Roberto Benigni, La Vida es Bella, de 1997, que trata sobre el uso del buen humor por parte de un judío italiano para ayudar a su pequeño hijo a sobrevivir a los campos de exterminio Nazis. ¡Este uso del humor en un contexto de un horror palpable es lo más cercano que pude encontrar para tan grotesco despliegue de horror! Miren el versículo de hoy nuevamente. ¡Sólo miren el coctel de terror, la desesperación despreciable y diabólica que fue agitada de manera tan consistente y violenta, que las burbujas de supervivencia personal llevaron a dos madres mucho más allá del límite de la barbaridad! A menos que tomemos esto como un simple horror de la antigüedad, o hábitos alimenticios tribales de la selva, recordemos que fue en un día como hoy en 1972 que 14 ‘civilizados’ sobrevivientes de un accidente aéreo en los Andes argentinos deben el no haber perecido, al hecho de haber comido carne humana para sobrevivir. La Biblia es extremadamente directa. Y Dios es extremadamente directo. Permítanme, entonces, ¡ser extremadamente directo!

Ben Hadad rey de Samaria estaba utilizando un método muy usado y efectivo para la guerra contra el pueblo de Dios llamado ‘sitio’. Los resultados de esta forma de guerra se observan en nuestro versículo de hoy y estos son la destrucción de los muy finos hilos de la civilización, los cuales impiden que nos devoremos unos a otros. Es por esto que debemos ser muy cuidadosos y estar muy atentos a todas las múltiples consecuencias de la guerra antes de que nosotros, los que vivimos en las así llamadas naciones civilizadas, tomemos las armas. Winston Churchill estaba en lo correcto cuando dijo: “¡Hablar y hablar, fue siempre mejor que guerrear y guerrear!” Este versículo terrible puede aplicarse a nosotros de tres maneras hoy:

Primero, estemos al tanto de lo justo de nuestra causa antes de desenvainar nuestra espada, ya sea para protección o en retribución. Esto se aplica a nosotros de forma individual y también como nación. Hay un tiempo para la guerra, amigos, pero acerquémonos a este tiempo cautelosamente y con temor, pues sus consecuencias son manifiestamente terribles. Tengan cuidado hoy, antes de comenzar una discusión y sujeten a ese perro en particular, por sus orejillas insolentes. Tengan cuidado y estén preparados para las consecuencias.

Segundo, estemos advertidos de la terrible propensión que se encuentra aún en el corazón del hombre viejo, de la carne, de la naturaleza pecaminosa. Está todavía en la oscuridad y es todavía un monstruo, al cual la falta de ley debida a la guerra desesperada, con seguridad, dejará en libertad. Estemos advertidos con qué fuego diabólico estamos jugando aquí, cuando lo que llamamos civilización es removida de sólo uno de nosotros.

Tercero, trabajemos para hacer el bien. Sigamos el ejemplo de Eliseo al comienzo de este pasaje y el de Cristo en los Evangelios, cuando Él nos dice que alimentemos, demos vestido y bendigamos a nuestros enemigos.

“¿Amar a nuestros enemigos?” Esto es difícil en el mejor de los casos, y virtualmente imposible en el peor. Sigamos, no obstante, tales mandamientos de amar, sabiendo que cuando ese amor no es propicio al agresor, es entonces responsabilidad del gobierno el desenvainar su espada e iniciar su terrible y justo trabajo de matar. Temblemos siempre ante las horribles consecuencias que trae tal desenvainar de la espada de la guerra.

Reflexiona: “Entonces Eliseo oró: Señor, ábrele a Guiezi los ojos para que vea. El Señor así lo hizo, y el criado vio que la colina estaba llena de caballos y de carros de fuego alrededor de Eliseo. Como ya los sirios se acercaban a él, Eliseo volvió a orar: Señor, castiga a esta gente con ceguera. Y el Señor hizo lo que le pidió Eliseo. Luego Eliseo les dijo: Ésta no es la ciudad adonde iban; han tomado un camino equivocado. Síganme, que yo los llevaré adonde está el hombre que buscan. Pero los llevó a Samaria. Después de entrar en la ciudad, Eliseo dijo: Señor, ábreles los ojos, para que vean. El Señor así lo hizo, y ellos se dieron cuenta de que estaban dentro de Samaria. Cuando el rey de Israel los vio, le preguntó a Eliseo: —¿Los mato, mi señor? ¿Los mato? —No, no los mates —contestó Eliseo—. ¿Acaso los has capturado con tu espada y tu arco, para que los mates? Mejor sírveles comida y agua para que coman y beban, y que luego vuelvan a su rey. Así que el rey de Israel les dio un tremendo banquete. Cuando terminaron de comer, los despidió, y ellos regresaron a su rey. Y las bandas de sirios no volvieron a invadir el territorio de Israel.” 2 Reyes 6:17-23

Ora: Señor, enséñame cómo construir la ciudad de Dios en medio de mis enemigos: con comida en mi bolsillo, buena voluntad en mis labios, una espátula en mi mano izquierda y mi espada en la derecha. Oh, Señor, verdaderamente te ruego hoy por gracia, verdad, sabiduría y fortaleza, en el nombre de Jesús. Amén.

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