Susurros Nocturnos - 2 de Noviembre, 2016

Nov 2 De campesinos y panqueques

MODERACIÓN

Mateo 25:34-35  

“Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: "Vengan ustedes, a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento...”

De campesinos y panqueques

¡La camarera dijo que en su país de origen ella era reverenciada por el simple hecho de que ella sabía hacer panqueques! Como los hacía con frecuencia, y muchos los habían probado, los jóvenes pensaban de ella como que era una persona increíble.

La pobreza y las oportunidades laborales la habían atraído a ella, como a tantos otros, hacia las brillantes luces de Norteamérica. Su único hijo se había quedado con su madre, mientras ella vivía en un motel de residencia prolongada en alguna parte, ahorrando, mientras hacía malabares con dos, posiblemente tres trabajos, tratando de juntar dinero para lentamente ascender la larga y alta escalera socio-económica. Les digo, esta historia se repite cientos de miles de veces en todo el mundo. Su única queja en todo esto, (y la verdad me sorprendí de que fuese solamente una), era el ser testigo del derroche diario de los preciados panqueques. “Uno de los lugares donde trabajo” dice, con tono de: ‘no vas a creer lo que te voy a decir’, “¡desecha más panqueques de los que sirve! ¡Sólo los desecha! ¡Conozco niños, niños hambrientos que sueñan con comer panqueques, y ellos los arrojan a la basura!”

En los restaurantes tipo buffet de esos de ‘Coma todo lo que pueda’, nos sentamos para consumir nuestro cuarto plato, rodeados por nuestros compañeros obesos, masticando y atiborrándonos de comida, siempre asegurándonos, por supuesto, de beber nuestras sodas de dieta, mientras soñamos con aparatos de cirugía que nos succionen la grasa y con la intervención de los cirujanos plásticos deslizando implantes de silicona que nos convertirán de cerditos a cisnes, ¡de la noche a la mañana! Luego, a la luz de la luna, por diversión y un poco de ejercicio, nosotros los enormes, nos dirigiremos contoneándonos hacia nuestros lagos de vino, bajo la larga sombra que proyectan las “montañas de mantequilla”, para voltear unos pocos panqueques y rozarlos por la brillante superficie de la sangría, mientras esperamos a nuestra larga y lujosa limosina para que nos lleve a dormir a nuestro hogar, a dos cuadras de distancia. De camino a nuestra cama tamaño king-size, (que para algunos de nosotros descansa en bloques de concreto), recordamos el refrigerador y, en las horas hambrientas de la medianoche, llamamos a nuestros socios en el crimen de la comida y cantamos en nuestros teléfonos celulares: “Éclair de la lune mon ami Pierrot” lo que traducido a grandes rasgos significa: Mi buen amigo Pierrot, el hambre me está enloqueciendo, por eso asegúrate de guardarme un pastelillo relleno esta noche. Y no te atrevas a lamer el chocolate de la cubierta “¡porque es mío!”

No es difícil para nosotros sentirnos culpables ante esta impresionante abundancia y, sin embargo (y hablo por mí), no me sorprende mi capacidad para, sin quererlo, olvidar a los pobres y a los hambrientos. Después de todo, yo no conozco a estos campesinos dignos de lástima, anhelantes de panqueques, ¿no es cierto? Sentir culpa es algo muy preocupante, y muy demandante y, ¡oh, muy agotador! Después de todo, no estoy encargado de la administración del desperdicio general, sólo de mi propio desperdicio, ¡y vaya que eso ya es bastante difícil! ¡No, estos campesinos sosos, ávidos de panqueques no son mi problema! Después de todo, mi gobierno no me hace responsable por ellos y, por tanto, tampoco debería mi Dios.

Esta noche, grandes cantidades de panes y postres serán arrojados a la basura. La economía no permitirá que alimentemos a los pobres. ¡Imaginen eso! La economía no permitirá que alimentemos a los pobres y a los hambrientos. El triste mantra de la política es “si no puede ganarse el sustento, deja que se extinga; si no podemos almacenarlo, entonces derramémoslo”. Y, bajo las líneas suplementarias de este tonto canto, pequeños niños, con grandes estómagos llenos de lombrices, morirán esta noche. Decenas de miles de ellos morirán esta misma noche al tiempo que arrojamos comida a la basura. ¿Saben? Nosotros podríamos hacer algo respecto, si lo deseamos. Y deberíamos hacerlo porque no son sólo miembros de la raza humana los que están hambrientos, sino miembros de nuestra propia familia del Reino.

Nosotros, en “el cuerpo”, no deberíamos engañarnos sobre que ninguno de los muertos de hambre serán nuestros hermanos cristianos, porque amigos, a diferencia de David del Antiguo Testamento, nosotros los bendecidos, tenemos la oportunidad de ver, en vivo y a todo color, a los justos mendigando por pan. No se asombren, ¡tan sólo abran sus ojos y vean a los justos mendigando por pan! ¡Hagan algo...hagamos algo!

Reflexiona: “...Y le contestarán los justos: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos como forastero y te dimos alojamiento, o necesitado de ropa y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te visitamos?" El Rey les responderá: "Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí." Mateo 25:37-40

Ora: Príncipe de la paz, haz que recordemos a los pobres cuando comamos nuestros panqueques; cuando nos pongamos nuestros grandes pantalones por sobre nuestra creciente circunferencia, y cuando se nos invite a súper-agrandar lo ya demasiado grande. Oh Dios, haz que recordemos Tus palabras de responsabilidad antes de irnos a dormir en esta noche. Amén.

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