Susurros Nocturnos - 2 de Marzo, 2016

Mar 2 El avivamiento verdadero y el cañón de chocolate del hombre en la luna

ORA

El avivamiento verdadero y el cañón de chocolate del hombre en la luna

Habacuc 3:2

SEÑOR, he sabido de tu fama; tus obras, SEÑOR, me dejan pasmado. Realízalas de nuevo en nuestros días, dalas a conocer en nuestro tiempo; en tu ira ten presente tu misericordia. NVI 

Este versículo constituye la esencia y el corazón de la oración del profeta, y por ello, toca la fibra sensible de todos los versículos de alabanza de guerra que le siguieron.

El ‘profeta’ me pidió públicamente y frente a alrededor de 200 pastores pasar al frente de la reunión y comenzó a proclamar las grandes cosas que Dios iba a hacer en mí y a través de mí. No lo esperaba. ¡Fue hermoso! Por supuesto, ¡tal reconocimiento público fue un honor! Finalmente, regresé a mi sitio en medio de gritos de ¡guau!, abrazos y palmadas en la espalda. Cuando la reunión de Pastores comenzó a tratar otros asuntos, un hombre barbudo en la fila de asientos frente a mí se volvió despacio con su Biblia abierta y señaló un versículo en particular diciendo: “Siento que el Señor también desea que tú sepas esto”. Creo que era Hechos 9:16, que decía así: “Porque yo le mostraré cuánto debe padecer por causa de mi nombre”. Entonces, al igual que las cortinas que llevan mucho tiempo colgadas en ventanas expuestas a la luz del sol, todo lo de color precedente a esto, rápidamente se destiñó, se empolvó y perdió tersura porque ¿qué es la paja comparada con el trigo? La Palabra más auténtica del Señor había llegado y había sido azotada con fuerza en mi puerta; así es, “Había escuchado Su mensaje y tenía miedo”. Parecía que ‘esta palabra’ era el resumen de todo el informe previo.

Habacuc se encontraba en un estado lamentable. Estaba lleno de asombro, esa mezcla perdida hace ya tanto de temor y temblor, temor reverente, maravilla y adoración con un corazón contrito, tan poco frecuente en la iglesia moderna. Su oración desde esta terrible posición en la que se encontraba estaba fundada aún en la misericordia de Dios, pues aunque él conocía el juicio bien merecido y terrible que se avecinaba, (así es, aun cuando lo había visto en horrendo tecnicolor), él se sometía a Dios y pudo así tener una visión más grande de la obra completa, siempre perfecta y grande de Dios, y desde este lugar comenzó a involucrarse en ella. Parecía hasta actuar como Abraham, cuando negoció e intercedió por su sobrino Lot, quien residía en Sodoma antes de que el fuego y el azufre fueran arrojados sobre ella. Así también, Habacuc en su súplica intenta sacar tres cosas buenas del fuego del juicio de Dios.

1) "¡Aviva, Oh SEÑOR, Tu obra en medio de los tiempos!” 2) En medio de los tiempos dala a conocer; 3) En la ira, acuérdate de la misericordia".

“¡Aviva, Oh SEÑOR, Tu obra en medio de los tiempos!” Así es Señor, en medio de la confusión, aviva Tu obra. No nuestras obras muertas que no han podido guiarnos para que nos alejemos de sobre el borde de este acantilado de desastre nacional, sino más bien Tu obra hace tanto ya inactiva, esa gran obra del Evangelio del Espíritu Santo que, al igual que los árboles invernales muertos hace mucho, está ahora fría, quebradiza, sin hojas y muerta en la tierra del hambriento leñador. ¡Revive eso Señor! En medio de esta era de corazones fríos y muertos, haz un milagro. Ajusta la atmósfera. Ordena las estrellas para nosotros. Haz de nosotros el pináculo de este planeta y, luego, inclina nuestro globo giratorio hacia el calor de Tus rayos dadores de vida. Derrite el hielo que hay en nosotros. ¡Despierta a los árboles! Convoca los brotes, las flores y la fruta. En medio del invierno, ¡que haya un avivamiento del arrepentido! sí, en tu ira, oh Señor, acuérdate por favor de la misericordia. 

Al momento de escribir este pensamiento bíblico en el año 2014, los EE.UU., como un sabio Judá, con espantoso temor observa la invasión del Israel de Dios desde el otro lado ‘del charco’, y sacude su cabeza ante el estado de la obra del Señor en estas islas. ‘Allá’ es decir, entre nosotros que estamos aquí, aun esa promesa tantas veces dada del advenimiento de un avivamiento ‘profetizado’ suena más bien como la esperanza de un hombre desquiciado que desde la luna dispara indiscriminadamente hacia la tierra con un cañón de chocolate. Como dijo un líder cristiano del Reino Unido: El avivamiento nos puede tocar aquí o allá, ¿quién sabe? Quizá mañana, o quizá en un jueves del 2025 en Escocia. Pero en algún momento, en algún lugar, el loco en la luna disparará el cañón de chocolate del avivamiento y cuando toque la tierra, todo estará bien, así es: ¡las cosas jamás serán iguales! La marea cambiará y todos nuestros problemas y persecuciones se volverán melaza. Amigos, esta es una esperanza vana, y les digo esto, no es la esperanza de Habacuc: “En la ira, acuérdate de tu misericordia”.

Únicamente una revolución de ‘regreso a la Biblia’ pondrá al pueblo de Dios bajo Su grandeza. Únicamente desde este lugar podremos percibir la más grande y más perfecta obra de Dios. Únicamente desde este lugar podremos orar verdaderamente y prepararnos para un avivamiento de misericordia en medio de la ira, para un calentamiento en el invierno, para que los árboles centrales del bosque sean tocados con la vida ¡mientras los exteriores son cortados y quemados en el fuego! Verán, es en medio de ‘todo’ esto que podemos y debemos orar por un avivamiento de la obra de Dios. Aun así, y no olviden esto, aun así Sodoma y Jerusalén, que se ha vuelto como Sodoma, serán puestas al fuego.

El que tenga oídos para oír que oiga. 

Reflexiona:- realizaste en sus días, en aquellos tiempos pasados: con tu mano echaste fuera a las naciones y en su lugar estableciste a nuestros padres; aplastaste a aquellos pueblos, y a nuestros padres los hiciste prosperar. Porque no fue su espada la que conquistó la tierra, ni fue su brazo el que les dio la victoria: fue tu brazo, tu mano derecha; fue la luz de tu rostro, porque tú los amabas. Sólo tú eres mi rey y mi Dios. ¡Decreta las victorias de Jacob! Salmos 44:1-4 NVI 

Ora: - Nosotros somos valiosos Oh Señor. Sin embargo, somos conscientes de que no somos indispensables. Por ello, Oh Gran Rey de todos los tiempos, en Tu ira acuérdate de la misericordia, y en medio de este desastre que va en aumento, ¡aviva Tu obra Oh Señor! Amén y que así sea. 

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