Susurros Nocturnos - 2 de Julio, 2016

Jul 2 ¡Abono bendito!

REGOCÍJENSE

Salmos 119:11-14

En mi corazón atesoro tus dichos para no pecar contra ti. ¡Bendito seas, SEÑOR! ¡Enséñame tus decretos! Con mis labios he proclamado todos los juicios que has emitido. Me regocijo en el camino de tus estatutos más que en todas las riquezas.

¡Abono bendito!

Los sábados me encanta quedarme en cama holgazaneando y viendo al chef italiano Nick Stellino y sus ‘Recetas de Familia’. En una de esas mañanas, con su cara confusa, regordeta y llamativa, rebosante de placer por la comida y cocinando como cualquier buen chef, mientras batía y espolvoreaba algún manjar Nick dirigió su mirada a la cámara y dijo sonriendo: “Ningún ingrediente funciona a menos que sea feliz”. 

La alegría es una palabra tan mal entendida mis amigos, que por hoy, permítanme dejarla a un lado. La felicidad, por otra parte, es inconfundible e irrefutable, porque en su presentación sonriente es limpia como el cristal. Uno sabe cuando alguien está feliz, y eso resulta atractivo y contagioso. Louis Armstrong tenía razón al decir que: “Cuando sonríes, ¡el mundo entero sonríe contigo!” Así que sin ser crítico, excepto quizá de mí mismo, podría sugerir que la felicidad es el ingrediente que hace falta en nuestra vida cristiana, y luego, ir un poco más allá al seguir el ejemplo de Nick y decir que ningún otro ingrediente puede funcionar sin ella. 

Es verdad que la mayoría de nosotros no tenemos muchas razones para sentirnos felices: Hijos perdidos hace tiempo, pródigos libertinos aún a pesar de todas nuestras oraciones y ruegos; preocupaciones que parecen una comezón interior interminable que nos rascamos y de la que nos quejamos incluso en nuestros sueños; cónyuges que se alejan de Dios, facturas, píldoras y situaciones de todo tipo, sobre las que lloramos día tras día, durante todo el día. Es verdad que la vida es dura. ¡Eso no lo estoy minimizando! 

Pero también es cierto que Dios es más grande, mejor, superior, más fuerte y capaz de hacer mucho más de lo que podamos pedir o entender. Y a todo esto decimos ‘¡amén!’, pero... ese no es el problema. Creemos todo eso acerca de Dios, ¿no es verdad? ¡Por supuesto que sí! Sin embargo, lo que realmente no creemos, es que Él vaya a hacer todas estas cosas grandes y magníficas por nosotros, por mí, por ti, justo ahora, ¡hoy! 

Amigos, Dios obrará lo que es bueno para nosotros. Él quiere hacernos bien. Él quiere mostrarse fuerte a nuestro favor, y eso, amigos, es lo que nos cuesta creer verdaderamente, y entonces, por nuestra incredulidad, nos quedamos tiesos y erguidos, con los brazos a nuestro costado, haciendo pucheros y diciendo: “Bueno, que lo haga entonces. Si es verdad, que Él haga lo que es bueno para mí. Hmmmpph”; y cuando eso sucede, ninguno de los otros ingredientes de la vida va a incorporarse de manera fácil. ¡qué triste! 

¿No les gustaría estar tan familiarizados con la felicidad como lo están con la desdicha? ¿No les gustaría estar tan familiarizados con el éxito que les sonríe, como lo están con la decepción amarga? Entonces, pasen el azadón por el maíz, sacando toda la maleza de la incredulidad, la maleza de los pensamientos malsanos, de las acciones malsanas, de los aportes malsanos, de la falta de familiaridad con el Dios Feliz, y entonces comiencen también a fertilizar sus cultivos con la bendición, la verdadera felicidad del grandioso y muy bondadoso Dios; sí, fertilicen sus cosechas con todo lo que les pertenezca en Jesús. Si la felicidad fuera abono celestial, y tuviéramos que usarla en la tierra de nuestros corazones y de nuestras vidas, entonces tal vez podríamos llamarla “abono bendito”, y para ser francos, esta clase de abono, este abono bendito es algo de lo que necesitamos mucho más en nuestros cultivos porque, les digo mis amigos, no vamos a sacar personas jugosas, deliciosas y sabrosas, sin él. ¡No señor! Sin abono bendito ninguno de los ingredientes de nuestra vida se incorporará correctamente jamás. 

Tal vez no esté en un libro de teología, pero la felicidad es un atributo de Dios. Así que deja de atormentar tu alma y de desalentar tu espíritu; libérate de la desilusión y ¡celebra la fiesta, amigo! ¡Hoy escoge la vida! ¡Escoge la felicidad! ¡Escoge el ‘abono’ bendito! 

Reflexiona: 

Olvida tus problemas y sé feliz,
Mejor espanta todas tus preocupaciones. 
Canta aleluya, vamos, alégrate; 
Prepárate para el día del juicio. 
El sol brilla, vamos, alégrate. 
El Señor aguarda a tomar tu mano 
Grita aleluya, vamos, alégrate; 
Nos vamos a la tierra prometida. 
Vamos cruzando el río, 
Lava tus pecados en las olas, 
Todo es tan tranquilo al otro lado. 
Olvida tus problemas y sé feliz, 
Mejor espanta todas tus preocupaciones. 
Canta aleluya, vamos, alégrate; 
Prepárate para el día del juicio. 

“Get Happy”, letra y música de Harold Arlen & Ted Koehler 

Ora: Señor, por favor ven a fertilizar mis cultivos con el abono de Tu felicidad. Señor, ¡yo creo! Ayuda a mi incredulidad; tómala y quítala de mí; te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

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