Susurros Nocturnos - 2 de Agosto, 2016

Aug 2 El agente inmobiliario y los bienes raíces

CREE

Génesis 13:17

 “¡Ve y recorre el país a lo largo y a lo ancho, porque a ti te lo daré!”

El agente inmobiliario y los bienes raíces

Entonces le digo – “Estoy buscando una nueva casa”. Él sonríe, me da la mano, me invita a sentarme y comienza con el “sondeo financiero”. El hombre tiene experiencia. Me doy cuenta de eso por el tiempo transcurrido desde el apretón de manos hasta el descubrimiento perfecto de cuánto puedo pagar. No quiere ofenderme pero “el tiempo es oro” para él y no quiere perder el tiempo mostrándome una propiedad que no pueda comprar. “Ah, tengo la casa perfecta para usted”, dice con aquella expresión de “no puedo creer esta coincidencia” en el rostro. Y añade – “No lo va a creer,” (y tiene razón) “pero hace muy poco que salió al mercado, y si nadie la compra pronto la voy a comprar para mi hija. Mire, aquí están las llaves, no queda muy lejos de aquí, tómese su tiempo. Camine por la casa, véala bien, y lleve a su esposa, a ella le encantará. Entonces, en cuanto se dé cuenta por qué esta casa es perfecta para usted, me trae las llaves y conversamos”. Y luego, muy entusiasmado exclama: “¡De veras! sólo quiero que vea esta casa antes que sigamos adelante porque estoy seguro ¡que le va a encantar! 

Dios no es un elegante y profesional agente inmobiliario, sin embargo, en nuestro versículo para hoy, me da la impresión que Él le dice a Abraham – “Tienes que ver este lugar muchacho, ¡te va a encantar!” Abraham tuvo que tomarse un tiempo para comprender la magnitud de la promesa. Las estrellas en el cielo, la arena en el suelo, el largo y ancho del territorio. Tuvo que mirar y tuvo que comprender y creer para luego traerle de vuelta las llaves al Señor Dios Todopoderoso. “Te digo”, dice Dios, “es enorme, es magnífica, tiene una ubicación hermosa, tiene habitaciones amplias para ti, para los niños, para los nietos, para toda la enorme familia; es tuya amigo… ¿y sabes qué? Te la estoy regalando muchacho. No te va a costar un centavo, no señor, es toda tuya, es un regalo mío, es una promesa, y mira Abraham, toma las llaves y ve a verla. Recórrela de un lado a otro, cruza los ríos, sube las montañas, siente el roce del pasto, el olor de las rosas, pues todo eso es tuyo. ¿Qué es lo que quiero?” Pregunta incrédulo el Señor. “¿Qué es lo que quiero? Quiero un anticipo querido Abrahamcito, quiero ver algo de expectación, quiero que haya alegría ante la promesa, quiero verte feliz, quiero que se te haga agua la boca, quiero que estés hambriento por creer, quiero ver un deseo profundo y vehemente, quiero verte deseando y creyendo. Entonces, cuando te des cuenta por qué esta casa es perfecta para ti, me traes las llaves y hablaremos. ¡De veras! sólo quiero que veas este lugar antes que sigamos adelante. ¡Te va a encantar! 

Amigos, necesitamos tomarnos un tiempo para recorrer la tierra de nuestra herencia. Necesitamos dedicar tiempo a meditar sobre las Escrituras, a pensar en Jesús y a permitir que la dimensión de nuestra divina herencia ejerza su impresión eterna en nosotros. Necesitamos recorrer el territorio. Yo les digo amigos, que si su fe expectante y su hambre insatisfecha no les causa ardor de estómago de este lado del cielo, en la larga y oscura noche de sus almas, entonces ustedes necesitan salir y comenzar a caminar. Comenzar a caminar y comenzar a observar, comenzar a beber, comenzar a explorar y a hablar acerca de las cosas reales, de las cosas que no se ven, de las cosas eternas. Ustedes tienen las llaves; así que ahora, quizás por primera vez en sus vidas, salgan y observen detenidamente. Esto es lo que Jesús les dice hoy: “¡De veras, amigos! sólo quiero que vean el lugar antes que sigamos adelante. ¡Les va a encantar!”.

Reflexiona: “Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad.” Hebreos 11:13-16

Ora: Señor, declaro que soy un forastero y un peregrino en tierras extranjeras. Por favor muéstrame hoy todo lo que poseo en ti, Señor Jesús. Amén.

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