Susurros Nocturnos - 19 de Julio, 2016

Jul 19 Comunicación y lugares dónde tomar café

ENSEÑEN

Mateo 9:37, 38

“La cosecha es abundante, pero son pocos los obreros —les dijo a sus discípulos—. Pídanle, por tanto, al Señor de la cosecha que envíe obreros a su campo.” 

Comunicación y lugares dónde tomar café

El dolor me hace retroceder. El dolor me hace aislarme, protegerme, esconderme, odiarme. Este es el estado antinatural en todos nosotros: Esconderse de Dios entre las palmeras de hojas largas, o tras el periódico de Wall Street mientras se bebe un café expreso helado. ¡Esa gente que sufre y que se esconde debe ser buscada! Y cuando la encontremos, de nuestros labios debe brotar una invitación a la purificación, la sanidad y la esperanza. Sin importar cuál sea la melodía, tenemos que cantarles nuestra nueva canción, y aunque lo que voy a decir puede tal vez sonar un poco “mojado”, déjenme decirles que, con seguridad, en esa onda portadora de la historia de su itinerario y de su gran Salvador, va a danzar incluso otro sonido, un mensaje escondido e implorante, que está lleno de una invitación: “Bajé al río a orar, meditando en esa vieja buena costumbre y en quién deberá portar la corona de estrellas. Oh Señor, muéstrame el camino. Oh hermanos, bajemos, bajemos, oh hermanos, bajemos al río a orar”. El conocido Starbucks y cualquier otro establecimiento para tomar café en una comunidad, es un buen lugar para buscar personas que puedan, en algún momento en el futuro, portar una corona de estrellas real. ¿Lo captan? 

En uno de estos establecimientos de café, tomando su cappuccino, ella amaba la vida. Su pequeño bebé tenía apenas dos meses. Lo consentía en su regazo y, bajo su amor, derramaba ahora enormes besos que hacían que la cara del bebé pareciera la de una anciana somnolienta y sin dientes. La madre recostaba a su niño y lo mecía en el pliegue de su codo. Luego sacó de su bolso el biberón y lo puso en esos labios hambrientos y ansiosos, y la gente que avanzaba en la fila para pedir su infusión de la mañana, contemplaba y sonreía ante la nueva vida. Siempre es igual, porque un nuevo nacimiento es hermoso y un nuevo niño siempre produce la envidia de los viejos. Después de todo, allí delante de ellos yace una inocencia y una pureza con la que ellos, en sus últimos años marcados y temerosos, verdaderamente sueñan y anhelan. Lo mismo que han perdido a lo largo del camino polvoriento de la vida, es lo que ahora gorjea, allí delante de ellos, plenamente presente y sonriente en un manojo de necesidades de casi 4 kilos. Un bebé, lleno de vida nueva y de posibilidades nuevas. ¡Qué maravilloso! ¡Qué no daríamos todos por unas manos limpias, por un corazón limpio, y por nuevas posibilidades! ¿No? ¡Qué no daríamos...! 

Nuestra sociedad está llena de “establecimientos para tomar café”. Lugares, por así decirlo, en donde la gente se reúne por diversión y para tener compañerismo. ‘Compañerismo’ es una palabra anticuada, lo sé pero, amigos, eso es lo que es. “Señor, ¿le importaría tomarnos una foto?”. Tres mujeres sonrientes y conversadoras interrumpieron mi escrito. “Seguro, ¿cuál es la ocasión?”, pregunté. “Oh, nada... sólo queremos recordar nuestros buenos tiempos juntas”. ¡Les dije! Compañerismo... ¿Lo ven? Compañerismo. Sólo “los buenos tiempos juntas”. Este trío, esta pandilla de mujeres grandes, habían reído durante la última hora con viejas historias y antiguos novios, y cuentos para la noche. Pero de cualquier manera era compañerismo lo que se sucedía ahí mismo en esa tienda de café, y es lo que pasa todos los días a nuestro alrededor. 

Ahora amigos, imaginen en las multitudes de estas muchas y variadas colecciones de comunidad, una persona que llega a Cristo y que nace de nuevo. Imaginen las miradas de envidia y de intriga de aquellos que anhelan amor, perdón, manos limpias y corazones limpios, que contemplan los ojos de ese nuevo bebé cristiano y que lo ven amamantarse de la nueva leche que brota de las manos del Padre. ¡Qué gran invitación a la felicidad y a las nuevas posibilidades podría traer a las comunidades sufrientes ese nuevo nacimiento! ¡Qué coronas de estrellas las que finalmente podrán colocarse en cabezas felices y redimidas! 

Tal vez pueda sugerir que nosotros los cristianos debemos encontrar tantos establecimientos de café como podamos, y que luego ¡debemos ir a hacer bebés! 

Reflexiona: “¿No dicen ustedes: Todavía faltan cuatro meses para la cosecha? Yo les digo: ¡Abran los ojos y miren los campos sembrados! Ya la cosecha está madura.” Juan 4:35

Ora: Señor, yo creo. Ayuda a mi incredulidad. Permíteme verte a Ti obrando, y que en donde Tú estés obrando, mi Señor, yo también esté. Amén, Señor, y por cierto, ¡para mí un frappuccino!

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