Susurros Nocturnos - 19 de Enero, 2014

 

Jan | 19 | El olor fétido de la incontinencia

 
CAMBIA 
 
El olor fétido de la incontinencia

Habacuc 1:7
Son un pueblo temible y espantoso, que impone su propia justicia y grandeza. NVI 

El Aro Gigante o ‘Flor Cadáver’, con décadas de vieja y dos metros de alto, es una inflorescencia, es decir, es una planta que consta de cientos de flores pequeñas que florecen desde un tallo único y erguido cuyo olor fétido atrae a los insectos carroñeros y a las moscas hacia su “fiesta” de polinización. 

Puede ser que los anarquistas no tengan dignidad, sin embargo y a pesar de su nombre, sí tienen leyes; así es, tienen formas de medir los juicios, aunque sean muy básicas, para no consumirse a sí mismos por completo. 

Aquí, en nuestro versículo para esta noche, vemos que las mandíbulas voraces de este pueblo que iba a ser visitado con juicio, (y que primero se devoraría a los elegidos de Dios y luego a las otras naciones del mundo conocido de ese entonces), no solo tenía leyes sino que además tenía una reputación de excelencia en la aplicación de las leyes, conocida por todos, lo que a su vez les proporcionaba un sentimiento de dignidad engañoso de fuerte nacionalismo independiente. Sin embargo, este grupo de conquistadores tenía sus propios criterios en cuanto a todo y, como consecuencia de ello, todas sus leyes y esa dignidad y orgullo nacional que ellos poseían provenía solamente de ellos mismos. Esta clase de auto-criterio y de orgullo nacional y personal medido por ellos mismos es como la espina que rodea a la flor Cadáver cuyas raíces se hunden profundamente en la tierra de la soberbia y cuyo cantero está fertilizado por una arrogancia fétida que despide un hedor engreído y colectivo, parecido al de los baños públicos cretenses en una calurosa tarde de verano. Así están todas las naciones que ahora dan la espalda al Señor y a Sus leyes. Así está América; así está Gran Bretaña; y así está Europa. 

Ahora bien, en las naciones que han abandonado al Señor y Sus leyes, sí, en las naciones que hace mucho han sacado la Biblia de sus lechos y de todos los jardines de sus ahora impuras moradas, la ‘Necrophila Americana’ ha depositado sus larvas en los viejos y cancerosos pulmones de quienes han fumado hasta provocarse un daño que les impide respirar, mientras asesinan a sus propios bebés y arrojan bombas sobre aquellas otras madres que consideran ‘más malas que ellos’. ‘La soberbia precede a la caída’, y la presente exaltación del pecado en todas sus formas, simplemente llamará a las moscas carroñeras al banquete del cuerpo ahora doblegado de un país moribundo, consumido por sus propios criterios y su auto-indulgencia, que viste la pesada capa de la soberbia empapada en orina, tan pesada que dobla la espalda. ¿Puedes ver esto ahora? ¿Ves cómo está la nación que ha abandonado al Señor? 

Mientras te examinas a ti mismo en busca del olor fétido de la soberbia, asegúrate de lavarte a diario con la Palabra de Dios. El resto, déjalo. No permitas que su olor se deposite en tus ropas. ¡Deja eso y alístate! ¡El Señor ya viene! 

Reflexiona:- ¡Miren! ¡Ya viene el día del SEÑOR –día cruel, de furor y ardiente ira-; convertirá en desolación la tierra y exterminará de ella a los pecadores! Las estrellas y las constelaciones del cielo dejarán de irradiar su luz; se oscurecerá el sol al salir y no brillará más la luna. Castigaré por su maldad al mundo, y por su iniquidad a los malvados. Pondré fin a la soberbia de los arrogantes y humillaré el orgullo de los violentos. Voy a hacer que haya menos gente que oro fino, menos mortales que oro de Ofir. Por eso haré que tiemble el cielo y que la tierra se mueva de su sitio, por el furor del SEÑOR Todopoderoso en el día de su ardiente ira. Como gacela acosada, como rebaño sin pastor, cada uno se volverá a su propio pueblo, cada cual huirá a su propia tierra. Al que atrapen lo traspasarán; el que caiga preso morirá a filo de espada. Ante sus propios ojos estrellarán a sus pequeños, saquarán sus casas y violarán a sus mujeres. ¡Miren! Yo incito contra ellos a los medos, pueblo al que no le importa la plata ni se deleita en el oro. Con sus arcos traspasarán a los jóvenes; no se apiadarán del fruto del vientre ni tendrán compasión de los niños. Babilonia, la perla de los reinos, la gloria y el orgullo de los caldeos, quedará como Sodoma y Gomorra cuando Dios las destruyó. Isaías 13:9-19 NVI 

Ora: -  Padre, nos humillamos ante Ti. Hemos olvidado Tus leyes, hemos negado Tu gracia; hemos abusado de Tu bondad y abandonado Tus caminos. Ten misericordia de nosotros, Oh Señor, y que Tu misericordia triunfe sobre tu juicio. Amén y que así sea. 

 

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