Susurros Nocturnos - 16 de Julio, 2016

Jul 16 Busca a los “herreros”

PELEA

1 Samuel 13:19-22

En todo el territorio de Israel no había un solo herrero, pues los filisteos no permitían que los hebreos se forjaran espadas y lanzas. Por tanto, todo Israel dependía de los filisteos para que les afilaran los arados, los azadones, las hachas y las hoces. Por un arado o un azadón cobraban ocho gramos de plata, y cuatro gramos por una horqueta o un hacha, o por arreglar las aguijadas. Así que ninguno de los soldados israelitas tenía espada o lanza, excepto Saúl y Jonatán. 

Busca a los “herreros”

Para culminar esta pequeña trilogía sobre la guerra, permítanme señalar un plan grandioso que tiene el enemigo: despojarnos de todas las armas, para que no podamos ni atacar, ni defender; y la mejor manera de conseguir esto es acabando con todos los herreros que existen. 

Un ministro del Altísimo, un Pastor, es en realidad un miembro vital para el apoyo y el suministro de tropas al ejército del Señor. Parte del trabajo del Pastor no es solamente pelear y defender el rebaño de Dios, sino también proporcionarle espadas cortantes de doble filo, de modo que no sean sólo dos personas las que lleguen suficientemente armadas y preparadas para la batalla, sino toda la banda, toda la nación, por así decirlo. “Cada hombre armado con una espada cortante de dos filos”. ¡Ese es un lema interesante para una iglesia, y me falta verlo en el estudio de algún Pastor! 

Nuestro enemigo ha hecho un muy buen trabajo al casi eliminar los herreros sobre la tierra. ¿Cuándo fue la última vez que pensaste en tu Pastor como la persona a quien podías recurrir para aprender a pelear, o como el armero “por excelencia” que te iba a proporcionar las armas más efectivas y apropiadas para la pelea, o como alguien capaz de tomar lo que tú ya tienes en las manos para afilarlo, volverlo a forjar o templar, o para hacerlo aún más fuerte? Hay demasiados pastores mucho más diestros en el arte de los estratagemas políticos, de los estudios sociales, de la ciencia demográfica, del tomar el té, de las conversaciones agradables, de los apretones de manos sudorosas, del esquivar diáconos, que en trabajar duro en las brasas de Dios para la provisión de servicios y la producción de armas de guerra, armas tanto para la defensa como para la destrucción de los batallones locales. El lema persistente de muchos Pastores ha sido: “Sé bueno. Sonríe. No ofendas. Y sobre todo: ¡protege tu espalda!”. No... me temo que los herreros de antaño desaparecieron hace mucho. 

A aquellos que están cansados de perder, les aconsejo que busquen un hombre que tenga un horno y sea reconocido por hacer soplar el viento del Espíritu Santo sobre sus brasas para encenderlas mucho más. Busquen un Pastor cuya casa esté llena del sonido de un viento poderoso, del sonido metálico de las armas y del calor del acero forjado. Busquen una verdadera herrería espiritual cuyo pasillo de entrada esté lleno de arneses y cabestros, petos y cascos, y no de abrigos de ancianas, bonitas cortinas y galerías rosadas y rellenas. Busquen hombres reales, ¡hombres que ardan por Dios! 

Reflexiona: “Mira, yo he creado al herrero que aviva las brasas del fuego y forja armas para sus propios fines.” Isaías 54:16

Ora: Señor, guíame hacia las herrerías y equípame para la guerra. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

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