Susurros Nocturnos - 15 de Abril, 2014

 

Apr | 15 | Insistiendo

 
CREE

Lucas 23:42-43 
Luego dijo a Jesús: Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.' 'Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso', le contestó Jesús. 

Insistiendo

El Reverendo John Harper, un caballero Escocés, se dirigía a los Estados Unidos con su hija Nina y con la Señorita Leitch. Él había dirigido su ministerio en las iglesias de Inglaterra y Escocia y era el recién designado Pastor de la Iglesia Moody en Chicago. El día de hoy, en 1912, fue su último día en la tierra. El barco en que viajaba pasó a la historia al hundirse en las heladas aguas de la costa de Halifax, Nueva Escocia. Al darse la orden de abandonar el barco, él le dio a su hija un beso de despedida y la puso a ella junto con la señorita Leitch en el bote salvavidas Nº 11 gritando para que "Las mujeres, los niños y los no salvos fueran admitidos en los botes salvavidas primero," se le vio cediendo su propio chaleco salvavidas.

Cuatro años después de que el Titanic se hundió, un joven escocés se levantó en una reunión en Hamilton, Canadá, y dijo: "Soy un sobreviviente del Titanic. Cuando yo iba a la deriva solo en un mástil aquella horrible noche, la marea trajo al Señor Harper, de Glasgow, también en un pedazo de madera del naufragio, cerca de mí. 'Hombre', me dijo, '¿eres salvo? 'No', respondí. 'No lo soy'. Él respondió, 'Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo." Las olas lo alejaron, pero por extraño que parezca lo trajeron de regreso un poco más tarde y me dijo: '¿Eres salvo ahora?' 'No', le dije 'no puedo decir honestamente que lo soy.' Él dijo de nuevo: ¡Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo' y poco después él se hundió y allí, solo en la noche y con dos kilómetros de agua debajo de mí, yo creí. Yo soy el último convertido de John Harper."

Reflexiona: “No hay diferencia entre judíos y gentiles, pues el mismo Señor es Señor de todos... porque todo el que invoque el nombre del Señor será salvo.” Romanos 10:12-13

Ora: Señor, con las aguas heladas de la muerte mordiéndome los talones, yo clamo por Ti hoy, "Señor, ten piedad de mí, un pecador," Amén y Amén.
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