Susurros Nocturnos - 13 de Julio, 2016

Jul 13 Entre la seda y el cianuro

ESPERANZA

Mateo 11:4-6 

“Les respondió Jesús: Vayan y cuéntenle a Juan lo que están viendo y oyendo: Los ciegos ven, los cojos andan, los que tienen lepra son sanados, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncian las buenas nuevas. Dichoso el que no tropieza por causa mía.” 

Entre la seda y el cianuro 

Leo Marks escribió el fascinante libro titulado, Between Silk and Cyanide: A Codemaker War, (Entre la seda y el cianuro: La guerra de un artífice de códigos) 1941-1945. Con tan sólo 22 años, Marks empezó a trabajar para la Dirección de Operaciones Especiales, creando códigos secretos para héroes que eran lanzados a la Europa ocupada. Marks escribió más de quinientos poemas para ser utilizados por aquellos agentes. Los que se quedaban atrás de las tropas enemigas, memorizaban el poema que se les entregaba y luego sencillamente lo retransmitían al centro de operaciones, el cual, con la simple reorganización de una palabra o palabras dentro del texto, entregaban entonces el mensaje deseado. Violette Szabo fue una de esas agentes poéticas. 

La película Carve Her Name With Pride (Graba su nombre con orgullo), cuenta la historia de Violette Szabo, esta mujer extraordinaria quien más tarde sería arrestada y ejecutada en el campo de concentración de Ravensbruck. La película representa “el poema en código para la Resistencia Francesa”, que personalmente le fue entregado a ella. Curiosamente, Violette tuvo un problema y es que, por la vida que había tenido, ¡no pudo memorizar correctamente el primer poema que recibiera para usar como su código! Entonces, aparentemente Marks le entregó este otro poema particular, muy apreciado por él porque estaba dedicado a su prometida, quien había muerto de manera trágica en un accidente aéreo. He aquí el poema:

La vida que tengo es todo lo que tengo
Y la vida que tengo es tuya.
El amor que tengo por la vida que tengo
Es tuya, y tuya, y tuya. 

Dormiré alguna vez
Descansaré alguna vez
Sin embargo la muerte no será más que una pausa
Porque la paz de mis años en la hierba siempre verde
Será tuya, y tuya, y tuya. 

Este poema conmovió el corazón de Violette, y no lo olvidó. 

Estoy convencido de que Dios nos habla hoy a través de “códigos” de comunicación, escondidos en las películas de Hollywood o incluso incrustados en libros seculares o en las palabras aparentemente necias que salen de las voces de los burros... de los cuales hay muchos. No obstante, Dios aún habla, enviando Sus poemas de amor a las almas de todos los hombres en todas partes, ¡utilizando cualquier medio posible! 

Un calabozo oscuro y una muerte brutal acechaban al más grande de los predicadores: Juan el Bautista. Con la esperanza diluyéndose, apresuradamente envió un mensaje desesperado al Salvador: “¿Eres tú el que debía venir o debemos esperar a otro?” Jesús, a su vez, le envió una respuesta amorosa, un código por decirlo así, que contenía no sólo la respuesta anhelada de Juan sino también todas las promesas y profecías del pasado que se referían a Jesús, ¡y toda esperanza certera del futuro referente a Juan! Me pregunto si cuando Juan el Bautista recibió las palabras de Jesús, no recibiría con ellas también un código personal dirigido sólo a él y nacido del corazón del Salvador, que le hablara claramente a su propia alma abatida, lastimada y temerosa. Me pregunto si ese código que recibió Juan no podría traducirse por: “Y recuerda, Juan, la paz de Mis años en la hierba siempre verde, será tuya, y tuya, y tuya”. 

Reflexiona: “En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté.” Juan 14:2-3

Ora: Lloro por tu tierno mensaje de esperanza. Mi Señor, mis ojos, mis ojos están llenos de lágrimas, porque el consolador restaurará mi vida, se acercará a mi alma, restaurará y prosperará a mis hijos y aplastará al enemigo cuando yo camine por entre estas colinas de seda y cianuro. Déjame conocer, oh Dios, la esperanza certera de Tu victoria hoy. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

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