Susurros Nocturnos - 11 de Marzo, 2016

Mar 11 Por qué debe desaparecer la ‘i’

PADRE

Por qué debe desaparecer la ‘i

Mateo 6:26-34

Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas? ¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida? ¿Y por qué se preocupan por la ropa? Observen cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni hilan; sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos. Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe? Así que no se preocupen diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿Qué beberemos?” o “¿Con qué nos vestiremos?” Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas. NVI 

A principios de este siglo XXI, la iglesia de Jesucristo en Occidente se encuentra inundada de ‘papiteismo’. La impresión general que el ‘papiteismo’ nos deja sobre Dios es la de una Deidad extremadamente compasiva a quien le preocupa poco lo que hayamos hecho, y pasa por alto la forma en que hemos vivido, nuestra rebelión constante y nuestro egoísmo, y pone Sus manos sobre nosotros solo para amarnos y acercarnos hacia Él y decir: ‘Bueno, bueno, está bien’. A esto se le solía llamar indulgencia y, a mi parecer, siempre ha malcriado al niño. 

No quiero que Dios sea ese ‘Papá’ para mí. Ahora, esto puede sonar escandaloso para algunos de ustedes, pero lo que digo proviene de una revelación Bíblica y de mi experiencia. Si tomamos en cuenta mi experiencia, déjenme decirles que luego de caminar junto a Él durante más de 30 años, mi Padre celestial ha sido excepcionalmente bueno conmigo, pero jamás ha sido indulgente y, a decir verdad, la mayor parte del tiempo, ha sido duro y nunca se ha dejado influenciar o cambiar debido a mis gritos de protesta. Ha sido inamovible en cuanto a Su propósito para mi vida, constante en Su disciplina, y mesurado en Su provisión material. Tanto es esto así, que si comparo con las historias que he escuchado desde el púlpito sobre mi ‘Papi’ Dios he de concluir que, probablemente, yo no pertenezca a ese ‘Papi’ y, por lo tanto, probablemente yo no sea un creyente y, definitivamente, ¡no sea cristiano! Ahora, no me malentiendan: mi Padre Dios no es un Padre victoriano severo, con un sombrero de copa, y un bigote encerado haciendo una mueca y esperando para hablarme en la sala, blandiendo un cinturón y una pantufla, no, Él no es así, pero he de confesar que nunca fue un Papá indulgente para mí. Y ¿saben qué? tampoco quiero que lo sea. 

Dios es mi Padre, Él me ama. Dios es mi Padre, Él provee para mí y me protege. Dios es mi Padre, puedo acudir a Él para todo. Dios es mi Padre y en todos mis tratos con Él, Él me exige que crezca, que sea responsable y me convierta en el hombre que Él quiso crear y así poder yo ser también un Papá para otros. Dios es mi Padre y lo amo y lo respeto. Dios es mi Padre y lo obedezco. Dios es mi Papá. 

Ahora bien, de Padre a Papá hay una distancia. Hay una cercanía que se ha ganado, un conocimiento que ha crecido, un sentimiento cálido que sólo los años pueden traer. Cuando un hijo que está creciendo y madurando (y eso es importante) puede, desde su corazón, llamar a su Padre, Papá. He observado que las personas que sienten ese respeto por sus Padres solo lo llaman así en la intimidad y durante conversaciones privadas y también lo llaman así cuando están con otros miembros adultos de su familia. Pareciera haber un valor inapreciable y una cercanía muy estrecha entre ellos cada vez que usan la palabra Papá. Rara vez lo hacen públicamente o en presencia de extraños. 

También hay una distancia entre Papá y Papi pero esta es regresiva y requiere de una manta celeste y un dedillo gordo para chupar. Sí, hay una distancia entre Papá y Papi pero implica un retroceso y requiere hacer a un lado tanto el conocimiento como el respeto y, quizá peor aún, es también un indicativo de un rechazo a crecer y, por tanto, a obedecer desde el corazón con voluntad y alegría las instrucciones muchas veces difíciles de nuestro Padre. 

Confieso que podría ser un mejor hijo. Confieso que no he progresado ni he madurado tanto como debí haberlo hecho. Confieso que aún tengo mucho camino por recorrer. Pero les digo que sé que mi Padre es maravilloso y bueno, aunque a menudo Su manera de hacer las cosas está más allá de mi entendimiento. Finalmente, para aquéllos de ustedes que también Lo conocen, les digo: No importa lo que suceda, todo estará bien. ¡No se preocupen! Y ahora tú también puedes decir: “Sé que Él no me abandonará, sé que me protegerá y proveerá todo lo que necesito; sé que Él me trata de esta manera… ¡porque es mi Papá”! 
 
Reflexiona:- Él les dijo: -Cuando oren digan: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdónanos nuestros pecados, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del maligno...” Lucas 11:2-4 
 
Ora: - Padre, Papá, por favor, quiero conocerte mejor. Muéstrate a mí más y más. Oro esto como tu hijo que soy. En el nombre de Tu Hijo Jesús. Amén.
  • Editors' Picks

    Why the Church Must Start Talking about Domestic Violence
    Why the Church Must Start Talking about Domestic Violence
  • Don't Think of Church as Your Own Spiritual Power Bar
    Don't Think of Church as Your Own Spiritual Power Bar
  • So You Think Theology Is Impractical?
    So You Think Theology Is Impractical?